Educación española: ¿fracaso o indiferencia?
En el día 3 de Diciembre del año 2007 el periódico “El País” publicaba un artículo en el cual se informaba del estancamiento del alumnado español en un nivel mediocre de conocimientos y capacidades; resultados del Informe PISA de ese año. el cual analizaba a los jóvenes dentro de una franja de edad en 57 países diferentes, todos pertenecientes a la OCDE.
Pese a los años que han transcurrido desde su edición este no deja de ser un asunto realmente ligado a la actualidad ya que, desgraciadamente, el panorama formativo no ha evolucionado mucho.
Por un lado nadie es capaz de quitar valor, desestimar, o cerrar los ojos frente a una realidad tan desoladora como esta. España es uno de los países europeos con peores calificaciones en los Informes PISA, y parece estar acomodándose en esta posición.
Cuando se buscan soluciones a este aparente estado de apatía educativa, lo primero a lo que se recurre, obviamente, es al más que desastroso sistema que nos rige. Ese que solo parece ir a peor pese al descontento general.
Está claro que la enseñanza española es muy mejorable, pese a la cantidad de dinero público que se invierte cada año en ella, y del cual es mejor no pedir explicaciones porque simplemente parece evaporarse, muchas veces empleado en aparatos materiales que portan una importancia secundaria cuando es la propia formación del docente la que flaquea.
Y, antes de que me acribillen, me gustaría explicarme: ¿de qué nos sirven dos ordenadores por clase y una pizarra electrónica si es el propio profesor el que desconoce su uso?
El dinero que es empleado en tan enorme demostración de ostentosidad podría recortarse y ser usado para impartir unos cursos formativos, para los docentes, mejores que los actuales. Estos, en ocasiones, solo duran una semana y, bien es sabido que, para cualquiera que tenga un conocimiento nulo en el mundo informático, este tiempo solo da para un pequeño ápice de todo lo que deberían saber.
Pero, si nos ponemos incluso más exigentes (y en esta ocasión nos lo permitiremos) miremos todos hacia aquellos profesores que, día a día, se enfrentan a una clase llena de alumnos. En las cuales, a veces, una pequeña porción de ella sufre algún tipo de trastorno del cual, el docente, apenas conoce el nombre. Y no, no hablo de Down (sin ningún tipo de menosprecio hacia esta enfermedad), sino que me refiero a trastornos que, la gran mayoría, no se notan a simple vista, como el TDAH, el síndrome de Asperger, el autismo, el síndrome de Tourette o la dislexia.
Así, creo que es algo hipócrita exigir a alguien, o a un colectivo en este caso, que aprenda cuando son los propios profesores los que no saben cómo enseñar.
Quizá no es culpa de los profesores, quizá no es culpa del sistema, quizá sólo es culpa de todos esos políticos que se preocupan más de ganar votos que de formar a sus futuros votantes (pues eso en parte los beneficia). Pero, entonces, señalar con el dedo a esa emergente generación, tachándolos de ignorantes, está de más.
Busquemos a los verdaderos culpables antes de martirizar a los que tan solo son víctimas.
Para mamá y Álex; todos estamos juntos en esta lucha.