Sócrates contesta que con la muerte él espera llegar no solo con los mejores hombres, sino también junto a otros dioses, y de que existe algo para los muertos, y que este algo es mejor para los buenos que para los malos. Los verdaderos filósofos se preparan constantemente para la muerte, y para ninguna otra cosa. Esto merece una aclaración sobre lo que es la muerte: es un desprenderse el alma del cuerpo. El filósofo lleva una vida que no está dedicada ni a los placeres, ni a las comidas y bebidas, ni al sexo. No consideran importante la elegancia de la ropa y todo lo relativo al cuerpo. Y esto es para la gente como un estar muerto. El cuerpo es un impedimento para alcanzar la sabiduría, puesto que el oído y la vista son engañosos. El verdadero filósofo se aleja del testimonio de los sentidos, y razona mejor cuando los ignora. El alma del filósofo desestima al cuerpo y busca quedarse sola en sí misma. El acceso a lo que verdaderamente es, las Formas, es solamente racional y no podemos captar lo Bello en sí, o lo Grande en sí con los sentidos. Quien se aparte lo más posible del cuerpo es quien captará mejor lo real. El cuerpo es una contaminación, nos llena de distracciones y nos sumerge en la faena cotidiana de su cuidado. La plenitud de la sabiduría nos llegará solamente al morir. Las virtudes y la filosofía son como ritos purificadores que nos preparan para la muerte.
Fedón o sobre el alma. Diálogo platónico de Sócrates. Platón impone sus ideas a través de éste. He aquí el pensamiento filosófico de la muerte.






