La noción de intermediariedad
La protección que requiere el habitar humano debe ser entendida como la necesidad de atenuar, mitigar o graduar ambientes atmosférica, social y espacialmente distintos. Transitar de un ambiente a otro ambiente es una experiencia que puede provocar un impacto sobre el individuo, que va desde el más básico (como, por ejemplo, los leves cambios en las condiciones lumínicas) hasta los más complejos (como, por ejemplo, las alteraciones en la salud).
El cuerpo y la mente requieren un determinado tiempo para adaptarse a los cambios que se producen en el medio que se habita, como también para adaptarse a los cambios entre los diversos medios por los cuales transitan.
Sí la velocidad de los cambios del medio supera la velocidad de adaptación de los individuos, o sí la diferencia entre las condiciones de los medios por los cuales transita, es
de una magnitud tal que impide la adaptación de los individuos, se produce un malestar cuyo rango puede variar entre la mera percepción hasta trastornos físicos, fisiológicos y psicológicos importantes. Estos cambios pueden producirse por la acción de una o más de una de entre las siguientes condiciones:
Condiciones atmosféricas: iluminación, temperatura, humedad, ventilación, condiciones acústicas, presión, niveles de particulado en el aire, toxicidad de los materiales, emanaciones diversas. Condiciones sociales: niveles de seguridad, de privacidad, de visibilidad, de identificación, etc.
Condiciones espaciales: aperturas, cerramientos, permeabilidad, tensiones, orientaciones, formas, texturas, medidas, distancias, etc.
Intermediar es, entonces, atenuar la amplitud de los cambios en las condiciones de habitabilidad del medio respecto de la capacidad de adaptación de los individuos, de manera de permitir la adecuación del individuo a esos cambios. Cuando la mamá le dice a su hijo “abrígate, antes de salir a jugar”, o cuando la esposa le dice al esposo “es hora de encender la estufa porque va a comenzar a hacer frío”, o cuando el marido le dice a la esposa “esta es la última vez que compramos leña para la chimenea este año”, la sabiduría popular está reconociendo, respectivamente, la existencia de un desbalance térmico entre interior y exterior; el reconocimiento de la oscilación térmica diaria y la constatación de la variación térmica estacional.
Cuando es la Arquitectura la que se hace cargo de estos tres fenómenos, entre muchos otros, para permitir la adaptación del individuo a las condiciones atmosféricas, sociales y espaciales del medio, entonces está mediando entre la vulnerabilidad del ser humano y la agresividad del medio. La Arquitectura es entonces intermediariedad porque la intermediación es la razón de ser de la Arquitectura.
Es en ese sentido que la intermediariedad en Arquitectura se refiere a la manera en que se disponen y relacionan los espacios, materiales y elementos, con la finalidad de graduar, mitigar o atenuar las relaciones entre los usuarios y el medio.












