Bajo las llamas de Magmel (Parte III)
El fuego apenas chisporroteaba, reduciendo la habitación improvisada a un círculo de luz cálida y sombras danzantes.
Zero, después de limpiar un poco la zona, se acomodó en una manta al costado del campamento y, con un suspiro, cerró los ojos. Su respiración profunda marcaba que finalmente había cedido al cansancio, sumergiéndose en un sueño tranquilo y reparador.
Inyō se recostó, apoyando la espalda contra un tronco cercano, y extendió la mano hacia Tn. Sin mediar palabra, ella la tomó, sintiendo la calidez de su piel y la seguridad de su contacto. La selva podía ser impredecible, las criaturas podían aparecer de repente, pero ahí, en ese instante, no había nada más que ellos dos y la quietud del fuego.
—Es raro —dijo Tn, rompiendo el silencio con voz baja—. Nunca me había sentido tan tranquila en Magmel.
Inyō ladeó la cabeza y la observó, sus ojos brillando con esa mezcla de calma y travesura que siempre parecía desconcertarla.—¿Tranquila? Eso suena peligroso. Sueles estar en tensión constante.
—Lo sé —admitió ella, mordiendo suavemente el labio—. Pero contigo… siento que puedo respirar. Él sonrió apenas, un gesto mínimo pero suficiente para que Tn sintiera que sus palabras habían llegado al lugar correcto.—No quiero que confíes solo porque estás conmigo.
—Hizo una pausa, buscando las palabras correctas—. Quiero que confíes en ti misma, en tu poder… y que sepas que yo estaré ahí si algo falla.
Tn bajó la mirada, jugueteando con sus dedos entrelazados. La idea de su Lakter descontrolado todavía la asustaba, pero escucharlo así, con esa seguridad serena, la hacía sentir menos sola.
—A veces siento que voy a perder el control… y lastimarte a ti o a Zero.
—Entonces no lo harás —replicó Inyō sin dudar—. No porque tengas que controlarlo a la perfección, sino porque yo te enseñaré cómo. No te dejaré sola.Sus palabras, tan firmes y tranquilas, resonaron dentro de Tn con fuerza inesperada. Por un instante, todo el ruido de la selva, todo el miedo que había sentido antes, desapareció.
—Gracias —susurró ella, apoyando la cabeza en su hombro.Inyō ladeó un poco la cabeza para mirar hacia donde Zero dormía, con la libreta cerrada sobre su pecho. Luego volvió su atención a Tn, con una sonrisa tranquila.
—No tienes que agradecerme. Es lo que hago.Tn soltó una risa ligera, casi un suspiro de alivio.—Eres imposible.
—Lo sé —dijo él, apoyando suavemente su frente contra la de ella—. Pero si eso te hace sentir segura, entonces vale la pena. El fuego crepitó, enviando pequeñas chispas hacia el cielo nocturno. Tn cerró los ojos, dejando que el calor de la fogata y la cercanía de Inyō la envolvieran. La noche era silenciosa, pero no por completo; los sonidos de la selva seguían presentes, recordándoles que estaban en medio de Magmel. Aun así, no había miedo, solo confianza.
—¿Sabes lo que más me gusta de estas noches? —preguntó ella, suavemente.—¿Qué? —respondió él, con una sonrisa ladeada.—Que puedo hablar contigo… sin tener que preocuparme por monstruos, misiones o perder el control —dijo Tn, mirando hacia las llamas—. Solo… nosotros.Inyō suspiró, acomodando una mano detrás de su cabeza mientras la otra seguía sosteniendo la de ella.
—Sí… es agradable. Aunque esto me recuerda que tendré que enseñarte a usar tu Lakter en situaciones así, por si algo aparece de repente.
—Ni siquiera lo digas —murmuró ella, entre risas—. Solo quiero disfrutar el momento.Él se inclinó un poco más, apenas rozando su mejilla contra la de Tn.
—Entonces disfruta. —Su voz bajó a un susurro cálido—. Yo me encargaré del resto. Por unos minutos, el mundo exterior desapareció. La selva, los monstruos, la misión… todo quedó en pausa mientras Tn se recostaba contra él, sintiendo que por primera vez podía confiar completamente en alguien.
De repente, un crujido entre los arbustos cercanos interrumpió la tranquilidad. Los dos se tensaron un instante; Inyō se levantó de inmediato, con los reflejos de siempre.
—¿Qué fue eso? —susurró Tn.—Probablemente un bicho pequeño —respondió él con calma—. Pero no te preocupes, yo lo reviso.
Inyō desapareció entre la vegetación, mientras Tn lo miraba, preocupada pero también con una curiosidad mezcla de admiración y cariño. Después de unos segundos, regresó con un pequeño animal extraño que parecía más asustado que peligroso.
—Nada que temer —dijo, dejándolo al borde de la fogata—. Solo un visitante nocturno.Tn rió suavemente, aliviada.
—Eres increíble… ¿siempre estás así de tranquilo incluso cuando hay bichos desconocidos alrededor?
—Sí, siempre —contestó él, volviendo a acomodarse junto a ella—. Alguien tiene que mantener la calma. Y además… así puedo ver que tú también aprendes a mantener la tuya.
Ella lo miró, sonriendo con cierta picardía.—Entonces, ¿estas noches en la fogata también son parte de tu entrenamiento secreto?
—Por supuesto —dijo él, con un guiño—. Pero tranquilo, es un entrenamiento agradable.Tn rió, apoyándose más cerca, mientras el calor de la fogata los abrazaba y la selva seguía su sinfonía nocturna. No necesitaban palabras grandilocuentes; el simple hecho de estar juntos, de confiar uno en el otro, era suficiente.
La noche avanzó, y Zero continuaba dormida en silencio, ajena al pequeño mundo íntimo que se había formado junto al fuego. Inyō y Tn compartían risas suaves, miradas y toques tímidos, disfrutando de esa calma que era tan rara en Magmel.
Cuando la bruma de la madrugada comenzó a aparecer, Inyō sacó una manta y la cubrió cuidadosamente sobre Tn, asegurándose de que estuviera cómoda.
—Duerme un poco —susurró—. La noche aún es larga, pero mientras estemos juntos, no hay nada que temer.
Tn cerró los ojos, respirando profundamente. La seguridad que sentía con él era abrumadora. Por primera vez en mucho tiempo, podía dejar de pensar en el peligro y simplemente existir, abrazada a alguien que la cuidaba de verdad.
Inyō, observando las estrellas entre las ramas, dejó escapar un suspiro tranquilo. La selva podía ser salvaje, Magmel podía ser mortal, pero mientras esos momentos existieran, mientras Tn confiara en él… todo valía la pena.La fogata crepitaba suavemente, y en el aire flotaba la promesa silenciosa de que, pase lo que pase, estarían juntos para enfrentarlo.














