Definitivamente si había un premio a la peor persona del año la indiscutible ganadora era la morena, con todos los daños que había causado el verano pasado al único chico que quería. ¿Era una estúpida? Mucho y por ese mismo motivo se encontraba a las fueras de la casa de su ex pareja, un sábado a las tres de la mañana, pensando que quizá medio dormido el chico entraría en razón y le perdonaría por haber roto su corazón. El frío aire de la madrugada de enero le causó escalofríos y trajo consigo una oleada de inseguridades que le atacó por dentro. ¿Qué iba a hacer si Seth no la escuchaba? y ¿Sí nunca le perdonaba? Estaba completamente arrepentida de todo lo que había hecho en el pasado, necesitaba confesarle que lo amaba, necesitaba su perdón. Arielle meditó por última vez lo que estaba por hacer y sintiéndose fuerte tocó el timbre de aquella casa, murmurando las palabras que rondaban su mente desde hacía semanas. “Seth, por favor... necesito hablar contigo”