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Hoy me crucé a éste
📸 LALI y Joaquín Levinton de Turf en la reversión juntos del clásico 'Loco un Poco'.
Turf estrenó nuevo disco en La Trastienda - “¿Qué mejor lugar para poder hacerlo?”
Faltando solo dos semanas para subirse por primera vez al escenario del Gran Rex, los Turf llegaron a Montevideo para presentar su último disco, Renacimiento.
Por: Ginny Lupin Fotos: Gino Bomba
Con el histrionismo de Joaquín Levinton a la cabeza, el sexteto argentino volvió a Uruguay para presentar nuevas y viejas canciones frente a una Trastienda llena.
Renacimiento, el nuevo álbum de Turf, es una colección de canciones compuestas en un período de más de cuatro años. El primer single, “¿Cuál?”, fue lanzado en 2019, pero la pandemia retrasó el disco y las ideas fueron mutando. Finalmente, Renacimiento vio la luz en marzo de éste año, siendo el octavo disco de estudio de la banda y el segundo luego de su separación en 2007 y posterior regreso consolidado en 2015.
Montevideo
Sobre las 21.30hs y frente a una Trastienda abarrotada de variado público, los Turf tomaron el escenario, abriendo el show con “Gatitas y ratones”, seguido por el clásico “No se llama amor”. Ya lo adelantaba el tecladista Nicolás Ottavianelli durante su entrevista con Diego González para el programa de TV Ciudad “La Aldea” en la antesala del show :
“El rock es impacto también, el impacto físico. La banda suena muy bien, muy fuerte y eso está buenísimo.”
Y si bien mucho se ha comentado sobre un virar sonoro hacia los teclados en sus últimas producciones (alejándose cada vez más del canon rockero de guitarras protagonistas) o el aparente deterioro en la voz de Joaquín, la banda suena y suena fuerte. De hecho, su presencia sobre el escenario es tan arrolladora que para el tercer tema (Disconocidos) los bailes de Joaquín terminan tirando abajo uno de los monitores de retorno. Era de esperarse, el cantante pasa más tiempo parado sobre la valla que lo separa del público que recorriendo el escenario. Los músicos restantes, uniformados de gafas negras, parecen acostumbrados a dejar en sus manos la parte interactiva del show. Sólo Leandro Lopatín interviene de a ratos; por fuera de esas breves acotaciones el micrófono está reservado exclusivamente al frontman.
El viernes se cumplían 23 años de su primer show en Uruguay, dijeron. 23 de 28 años en la historia de la banda han sido compartidos con este lado del Río, con un público local que los recibe como absolutos rockstars. Antes de llegar a La Trastienda, Joaquín, Nicolás y Fernando (batería) pasaron el jueves entre radios y programas de televisión en una mini-gira de prensa, encabezada por el carismático vocalista. La noche los encontró en Sala Camacuá para la transmisión (en vivo y con público) de “La Aldea”, pero no terminaría allí, como el propio Joaquín confiesa durante el show:
"Anoche la noche se nos hizo de día.¿Es más corta la noche acá en Montevideo?”
Promediando la mitad del set, “Loco un poco” cumple su rol de hit poniendo bailar a la sala completa. Ya sea por su condición de clásico, los vientos o el mensaje positivo de la letra, los primeros acordes desatan una euforia festiva en el público que recuerda a un carnaval Carioca de casamiento. Falta el cotillón, pero podría haberse armado un trencito para la segunda estrofa.
Al rato, después de presentar “Kurt Cobain” (en su momento el single que marcó el regreso de la banda), Joaquín se acerca al costado del escenario y pide un whisky. En minutos el vaso se suma a la colección de bebidas que va acumulando en la tarima sobre la que se ubican batería, teclado y guitarra y que incluye: tres botellas de agua (dos son lanzadas al público durante el show), un vaso con un líquido rosa, una lata de cerveza sin abrir y dos tazas de té; combustible necesario para la hora y pico de recital.
Ya hidratado el cantante, la banda continúa su presentación con un set estreno donde suenan por primera vez en vivo “Todo x nada”, “Decímelo de una”, “Malas decisiones” y “Ahí voy”.
“¿Qué mejor lugar para poder hacerlo?” pregunta Joaquín al público, mientras recuerda sus visitas de la infancia a Uruguay haciendo converger sobre el escenario la nostalgia y la novedad.
Levinton redirige la atención del público a un cartel que lo saluda desde las primeras filas. Es el pescado Raúl, inmortalizado en un dibujo casi infantil que recuerda a la participación del cantante en la última edición de Masterchef Celebrity Argentina. Allí, Joaquín destacó no tanto por sus dotes culinarios sino por su veta humorística, con la que supo convertir los platillos en personajes, conquistando al público y al jurado. Con el cartel se hace notoria una tendencia dentro de los asistentes de la noche de viernes, que se dividen en tres bloques claros: rockeros que no iban a dejar pasar la oportunidad de ver en vivo a una de las bandas mas importantes del género en argentina, las “nenas de Joaquin” (si, tal cual las de Sandro) y quienes conocieron al excéntrico personaje a través de su participación en el reality de Telefé. Tiene sentido, refleja un poco las tres caras de un músico que conserva su estatus de sex symbol (acaba de cumplir 48, no se nota) y recientemente devino en parte de la farándula. Al final el propósito de la audiencia es común y cuando Joaquín dice que salten, hacen temblar La Trastienda.
“Charly mandó saludos” dice Lopatín, encargado de la guitarra. Juntos grabaron “Esa luz” para el segundo álbum de la banda y entre otras coincidencias popularmente se empezó a conocer a Charly como el padrino de los Turf. También hubo mención a Rada y los Fatorusso, ídolos rioplatenses unidos en una celebración de rock.
Sobre el cierre hay tiempo para jugar con las luces de los celulares mientras, guitarra acústica en mano, Joaquín entona “Magia Blanca”. También se corean temas fundacionales, los que pusieron a rodar a la banda con los primeros discos y son hoy himnos para los entendidos.
Se despiden con “Pasos al costado”, el que suena en las radios pero también en la cancha de River, con la letra adaptada para alentar al millonario; pero el público exige bis y los Turf cumplen por partida doble. Con Levinton haciendo equilibrio una vez más sobre la valla, la banda regresa para interpretar su versión de “Lamento Boliviano” de los Enanitos Verdes, con un swing mucho más electrónico y bailable que la original. Organizados por el cantante, los asistentes arman ronda de pogo y el agite sigue en su punto alto para ahora si decir adiós en el ritmo de “No me quiero casar”.
Volverán, de eso no hay dudas. En 23 años el público uruguayo ha sido testigo de muchos renacimientos de Turf y sólo queda esperar que el próximo no tarde demasiado.
Pasar la noche entera era la ley primera
Turf - No se llama amor
Me das la vuelta el mundo en solo dos segundos
Turf - No se llama amor