Yo nunca fui Ricotero, fui Ricoteado
La experiencia de Patricio Rey, en primera persona, desde la segunda nación ricotera en el mundo: Uruguay
Por Juanmitz
Yo nunca fui Ricotero, fui Ricoteado.
Si bien teníamos otros puntos musicales en común, porque al menos en esa época ningún adolescente podía realmente ser amigo de otro si no compartían gustos musicales, mis amigos de toda la vida eran todos básicamente ricoteros y yo no. Me creía demasiado cool para eso.
Obviamente era lo único que sonaba en una época después de cierta hora, en cualquier juntada, cualquier asado, así que fui forzado a conocer la discografía de pe a pa, cada letra repetida hasta el cansancio con actings exagerados mientras sonaban las canciones al mismo volumen que varios humanos cantando enardecidos.
De cualquier manera, eso no fue suficiente para convertirme. No fue hasta el 2001, cuando vinieron al Estadio Centenario, ya sobre el final de su carrera, plagados de problemas y un peso histórico que ni ellos podían soportar, que los vi por primera vez. Ahí viví el ser Ricotero en primera persona y realmente logré amigarme con la gran obra de una de las mejores bandas del rock en español.
Además de lo musical y de la locura que fue ir a ese show en sí, pensarlo hoy me da una cosa agridulce de haber finalmente compartido con mis amigos una experiencia definitoria para esa amistad, pero saber que mi anecdotario Ricotero podría ser mucho más nutrido de lo que es. Por eso, cuando hoy temprano me enteré del fallecimiento del Indio, lo primero que hice fue escribir en el grupo de Whatsapp que tengo con ellos hasta hoy y pedirles prestado un poco de ese diario de ruta ricotero tan rico que ellos generaron siguiendo a la banda misa tras misa durante años.
Yo ya escuche algunas de estas historias miles de veces, pero creo que los que son cogeneración se van a sentir muy identificados, y los más chicos van a entender un poco más lo que significó Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota
Una cosa difícil de explicar si no lo viviste es que ir a ver a los Redondos, no es “pagué una entrada y voy a ver un show”. Es casi un peregrinaje, un ritual de iniciación que SIEMPRE te cobra derecho de piso.
El bautismo
“La primera experiencia fue cuando tenía 16 años, fuimos a Mar del Plata en ómnibus y viajé con permiso de menor. Viajamos toda la noche y cuando nos bajamos del bondi, tremenda batalla campal. Vinieron los milicos y nos subimos corriendo a otro bondi hasta que se calmó la cosa” - Gera
“Le tuve que pedir a mis padres que me firmaran un permiso de menor para ir a Mar del Plata en una época donde el celular no existía. Ese show fue el siguiente después de que la policía mató a Bulacio en un vagón de tren y el ambiente estaba re caldeado. El show fue increíble. Ese fue el primer show grande que vi en otro país. A todo esto, mis padres y los padres de los chiquilines, estaban mirando Cronica TV sobre la muerte de un tipo y batallas campales” - Hoja
“Mi primer recital fue a los 20 años en River. Entramos 20 minutos antes de arrancar el show, una locura. Entramos con la policía persiguiéndonos atrás, inconscientes totales. Ese primer encuentro, ese primer momento en River, ese primer encuentro con todo el público ricotero, que fue para mí, sumamente impactante.” Nacho
Yo pensé que en Uruguay iba a ser diferente. Tocaban a 20 cuadras de casa y acá somos mucho más tranquilos. ¡Minga!
Pasé a buscar a mis amigos que estaban sin dormir porque ya habían ido a la fecha anterior. Inmediatamente me di cuenta que yo no estaba en el mood adecuado. Yo estaba tranqui, yendo a un show y ellos eran animales salvajes. Caminamos las 5-6 cuadras que quedaban y me di cuenta por qué. Solo llegar hasta el control exterior nos llevó 3 intentos entre corridas policiales, avalanchas y demás desmanes. En el segundo intento nos corren 2 motos de policía que venían atropellando y pegándole a la gente y logramos escabullirnos hacia una de las canchas de baby fútbol que rodean el estadio centenario. Cuando paramos y miramos atrás vemos que una moto entra a un tumulto. Bardo. Casco de policía volando. Acto seguido viene un porteño desencajado diciendo “Lo maté, lo maté. Me van a venir a buscar”.
En el tercer intento logramos pasar el control, pero el peligro no había acabado. Al pasar ese vallado, que en realidad era una pared alta como de 2-3 metros, tenías que correr 50 metros mas esquivando botellas que entraban volando desde afuera de la gente que se estaba poniendo impaciente por entrar.
Una vez adentro, la adrenalina dio paso a la emoción y pude finalmente entender la otra parte. Porque si bien jamás volví a vivir otra experiencia así en un recital, esas experiencias son efímeras, pero lo que nos acompaña mientras crecemos y van pasando los años son las canciones.
Música para vivirla
“Yo de chico andaba loco con los Redondos. Todo el día con Los Redondos. Mi vieja llegaba de laburar y me decía. “Me tenés cansada, llego de trabajar, Los Redondos, me voy a dormir, Los Redondos” - Hoja
“Un día conocí a un amigo en el liceo (el Hoja) y me presentó a su grupo de amigos. Me invitaron al apartamento de uno de ellos que vivía en Maldonado y Bulevar, y me acuerdo que pusieron “Un Angel Para tu Soledad” y todo el mundo cantaba el tema con un vigor… yo ni conocía los Redondos. Y me sumè. Me sumé a tratar de tararearla, después me fui aprendiendo las letras y poco a poco me fui metiendo en el mundo de los Redondos y me encantó, y se convirtieron en mi banda favorita y para mi la mejor banda de rock en español, por lejos.” - Garay
“La música, y haber visto conciertos de rock n roll me cambiaron la psiquis y como persona, mi integridad, para siempre, y sin duda alguna Los Redondos me cambiaron más que ninguna otra banda o artista… Me parece interesante con el transcurso del tiempo como la interpretación de la poesía va cambiando. Como uno cambia lo que significa, o lo que cree que significa esa lírica. Como uno cambia su perspectiva cuando va cambiando su idiosincrasia.” - Marce
"Un par de años después, uno de los chiquilines estaba trabajando de recepcionista en el Hotel Odeon en el centro y nos llama una noche: 'Están Skay y la Negra Poli en el hotel, vengansé que les voy a pedir para tomar un café'. Bajó Skay y nos atendió con tremenda onda, se sacó fotos, nos dio unas púas y tuvimos una charla re entretenida. Al rato baja la Negra Poli, habían venido a Montevideo a pasear, ver teatro y cosas así que en Buenos Aires se les complicaba. Nos preguntaron qué podían ir a ver y afuera tocaba una banda medio percusionista. Al año o dos, cuando vinieron a tocar y los obligaron a poner un telonero local (ellos nunca tenían teloneros), pusieron a estos tipos"
- Hoja
“Me han dado alegrías enormes, momentos de celebración, de unión, de festejo, de fraternidad absoluta con amigos que son hermanos. La sensación colectiva de respirar arte. Cuando algo te llega y te toca.” - Marce
“Cada uno de esos viajes son recuerdos hermosos, excusas para poder compartir con amigos. Poder encontrarte con gente desconocida y poder compartir con gente desconocida, un momento, un pogo, una cantada afuera antes de entrar a un recital. Me quedo muy triste porque para mi el indio y Los Redondos representaban eso, poder compartir una pasión con miles de desconocidos que cuando te encontrabas éramos todo ricoteros.” - Nacho
Para mi los Redondos fueron inevitables. A mi los Redondos, si bien no me dieron a mis amigos, hicieron de mis amigos un grupo unido, inquebrantable, y nos dieron vivencias comunes sobre las que forjamos una amistad que ya lleva más de 30 años en algunos casos, así que aunque fuera solo por eso, gracias.
Vivir solo cuesta vida dijo el Indio alguna vez, y creo que de eso se trata. No se puede ser ricotero encerrado en tu cuarto, ser Ricotero es si o si, una experiencia grupal y por sobre todo vivencial.

















