Aquí os dejo un pequeño drabble muy Fluffy basando en la canción My Girl de Dylan Scott (734 palabras) Canción 1 del Deluxe Edition.
John se echó hacia atrás en la silla que ya había reclamado como suya en el bar, siguiendo con la mirada cada movimiento que ella hacía. La caza había sido un éxito y, de alguna manera, T/N se las había apañado para convencer a Dean de que la sacara a la pista de baile para celebrarlo. John nunca había visto a su hijo acceder a bailar con nadie, pero ese era el efecto que T/N producía en la gente. Sabía que con un par de tragos más, él mismo estaría también allí. Ella desvió la mirada hacia John, su silencioso vigilante, y le guiñó un ojo mientras agarraba la mano de Dean y le hacía girar como una peonza. El vestido de verano que llevaba se abrió como una campana y parecía recién sacada de un sueño.
Tras ordenar otra copa, John decidió que no pasaría más de un par de minutos bebiendo coraje líquido antes de encontrarse a si mismo en la pista de baile. Su chica estaba allí, buscando la forma de celebrar la victoria y él tenía que estar con ella.
“Papá, estaba mirando en Internet y he encontrado otro –”
“Dale un respiro, hijo,” John le interrumpió antes de que pudiera anunciar otra caza. “Esta noche es para celebrar. Ya nos preocuparemos por el siguiente caso por la mañana.”
Se bebió de un trago el resto de la cerveza y caminó hacia la pista de baile. “¿Puedo interrumpir?”
“Por supuesto.” Su sonrisa detuvo el mundo entero, como solía pasar. “Dean estaba de hecho a punto de dirigirse hacia esa pelirroja de la esquina. Te lo digo en serio, tío,” ahora se estaba dirigiendo a Dean. “Si hubieras movido las caderas un poco más, hubiera venido corriendo hacia aquí y me hubiera dado un puñetazo para quedarse contigo. Será como arcilla en tus manos.”
Dean se rio y comenzó a caminar hacia atrás. “La noche es joven aún, T/N.”
Los dos miraron como Dean se alejaba con su característico modo altanero de caminar y las piernas arqueadas. Después John agarró la mano de T/N y la hizo girar en sus brazos. Ella le miró con ojos brillantes, mientras deslizaba las manos por su pecho y las juntaba por detrás de su nuca. “Hola.”
“Hola pequeña.” Su voz sonaba grave, y John supo que T/N no podía contenerse cuando se pudo de puntillas para darle un beso en los labios.
John no podía recordar como había comenzado a cazar con ellos. Había habido un par de cazas en las que se habían acabado encontrando y después, un día, simplemente se metió en el Impala con los Winchesters y eso había sido todo. Después de Mary, John nunca pensó que se volvería a enamorar de nuevo. Especialmente no de alguien que a penas era un par de meses mayor que sus propios hijos.
Pero T/N se había abierto camino hacia su corazón. Eran las pequeñas cosas. La vieja y sucia visera que se negaba a lavar porque era de su padre. Su talante cálido, que parecía volverse más cálido aún cuando se encontraban con algún bebé durante un caso. Su absoluta repulsión por el whiskey, y la forma en la que sonreía cuando Dean le gastaba bromas con ello. Cuando se quedaba dormida en el coche, murmurando tonterías. Lo había conquistado mediante conversaciones que escuchó a medias cuando hablaba con su madre y plegarias que le oía susurrar cada noche antes de quedarse dormida.
¿Una cazadora que creía en dios y mantenía una relación sana con su familia de no cazadores? Alguien así no tenía lugar con alguien como él. Intentó tratarla como trataba a Sam y Dean. Trató de apartar sus sentimientos.
Pero entonces, una noche, se emborrachó un poco en la habitación del hotel después de que Sam y Dean se fueran a pasar la noche en el bar, y antes de que John se diera cuenta, la tenía sentada en su regazo con los labios pegados a los suyos. Ya no pudo seguir negándolo.
Y por eso ahora John estaba en la pista de baile en un bar de en medio de la nada en Nebraska, abrazando a su chica.
“¿Qué te parece si nos vamos de aquí? ¿Nos llevamos mi camioneta y pasamos el fin de semana lejos de los chicos?”
Puso los labios en su cuello, volviéndole loco. “Ya sabes que iré a donde sea contigo, John.”
Cut Loose – Un extraño, guapo y algo mayor que tú, y tú misma acabáis en la oficina de atrás del bar en el que trabajas después de que hubieras rechazado a sus dos hijos
She’s A Beauty, Such A Cutie – Sírvete tú mismo un drabble basado en la canción Can´t Take Her Anywhere by Dylan Scott
Celebrando La Victoria -- Aquí os dejo un pequeño drabble muy Fluffy basando en la canción My Girl de Dylan Scott
Sírvete tú mismo un drabble basado en la canción Can´t Take Her Anywhere by Dylan Scott (377 palabras) Canción 10 del disco Deluxe Edition
¿Alguna vez habéis visto a alguien de quien no sabéis nada, excepto que la razón más importante de su existencia es traer un rayo de sol a un mundo que se oscurece cada vez más?
Esa es mi chica. T/N.
Nunca has visto a nadie tan preciosa y divertida y condenadamente perfecta como lo es ella.
Puede que pienses que no estoy siendo objetivo. Supongo que no lo soy. Estoy perdidamente enamorado de ella, después de todo. Así que eso me hace perder un poco de objetividad. Pero también es un hecho que no me lo estoy inventando. No soy la única persona que la ve así.
Allá donde vaya, ella es el centro de atención. No lo hace a propósito. Ella ni siquiera se da cuenta. Pero en cuanto vamos a algún sitio, la gente se siente atraída por ella. Quieren conocerla. Ven su sonrisa y se convierten en adictos al instante. Si alguna vez la dejo sola en un bar, aunque sea para ir a por otra bebida, cuando vuelvo hay algún tío probando suerte y esperando obtener su numero de teléfono.
Así que, ya veis, no me lo estoy inventando. Ella es especial. Todo el mundo se da cuenta.
Y yo soy el afortunado con el que se va a casa cada noche. Es en mi regazo en el que se sienta después de destrozarle el corazón a algún bastardo en el bar. Es mi mano la que encaja perfectamente en la suya cuando caminamos por el paseo marítimo. Y son mis labios los afortunados que conocen cada centímetro de su cuerpo.
Así que no puedo culpar a nadie que trate de colarse en su vida. Qué demonios, yo he sido uno de ellos. Yo he sido el alma atrapada en el bar, cegada por sus focos. Y ahora no puedo ir con ella a ningún sitio sin que todos nos miren. No me molesta. A lo mejor si ella me demostrara de alguna forma que no me quiere, me importarían los tíos que la miran el culo cuando se aleja. Pero ella es mía y no tengo ninguna duda de ello.
Así que deja que los tíos en el bar hinchen el pecho y hagan relucir sus caros relojes. Déjales flirtear y tratar de captar su atención. Déjales intentarlo.
Porque al final del día, es micama la que su brillante sonrisa calienta.
Pedido por sherlocked-whovian-1969: Un John x lectora en el que la lectora es mayor (la edad de los chicos más o menos) y trabaja en un Bar en el que los chicos suelen parar y Sam y Dean compiten por ella pero ella va directa a por John y sea un historia romántica con alguna cochinada. Si lo escribes, GRACIAS. ME ENCANTA TU BLOG.
Recuento de palabras: 2.032
Advertencias: Cochinadas implícitas.
English Verson: Cut Loose
“¿Sabes lo que necesitas?” tu compañera de cuarto, Jill, preguntó mientras te preparabas para ir al trabajo.
“¿Un millón de pavos? ¿Más perros? ¿Una mansión para que cada uno de mis perros puedan tener su propio cuarto? ¿Un viaje a Milán con todos los viajes pagados para ir de compras? ¿Un crucero con un buenorro francés que me dé de comer uvas y me lea poseía al atardecer? ¿O puede que tres pequ—“
“¡Una cita de verdad! Con un hombre honorable que te respete como mujer inteligente e independiente.” Te cortó Jill, exasperada. No sabías por qué le importaba tanto tu situación sentimental. O la falta de ella. Ni siquiera erais amigas. Solamente os habían puesto juntas en las habitaciones del campus.
Giraste los ojos y seguiste maquillándote. “No tengo tiempo para citas, Jill.”
“¿Pero tienes tiempo de sobra para liarte con babosos en el baño del bar?”
Jadeaste, haciéndote la ofendida. “¡Sólo las zorras se lían con gente en los baños de un bar!” Te reíste y volviste a tu maquillaje. “Todo el mundo sabe que tiene más clase esconderlos en la oficina de la parte de atrás.”
Jill suspiró y se sentó en la cama. Siempre andaba metiendo las narices dónde no le importaba y juzgándolo todo como si ella fuera Simon, el de American Idol. O Dios sentado en su nube. Un Dios mujer… tenías que recordar esa conversación para más adelante, cuando te pusiera de los nervios.
“No sé por qué sigues en ese trabajo. ¿Sirviendo copas en un bar mugriento? ¿Siempre llevando esa clase de ropa?”
“Me gusta servir copas. Ayudo a la gente con sus problemas. Y en cuanto a mi uniforme…” echaste un vistazo a tus shorts vaqueros y a tu ínfima camiseta tank que mostraba tus pechos. “Si vistes como una puta, te pagaran como a un puta. Y déjame decirte, mi joven, inocente y modesto Padawan… las putas hacen mucho dinero. Hay un autentico negocio ahí fuera. Sólo hay que saber jugar tus cartas bien.”
Murmuró algo que te sonó vagamente condescendiente y que preferiste ignorar. Puestos a hacer amigos, Jill no se llevaba bien con las otras chicas. Juzgar y tratar de avergonzarlas con su comportamiento desvergonzado era lo único que sabía hacer. Era una puritana que seguía los mandatos de la biblia y te metía a la fuerza por la garganta su religión y su moral, la cristiana. Lo mejor de tu día era meterle a ella por la garganta tu vida pecaminosa cada vez que tenías la ocasión. ¿Sexo antes del matrimonio? ¿En la parte de atrás de un bar mugroso y con desconocidos? ¿Y a veces incluso con otras chicas? ¡Era un billete de ida al fuego y el azufre!
Mientras aquellos con los que te liabas acabaran yendo al infierno contigo, no te importaba en absoluto. Podrías montarte una orgía. Definitivamente ella no aprobaría una orgía.
Agarraste tu bolso y le tiraste un beso según ibas hacia la puerta, inventándote rápidamente una pecado de tal nivel que la haría ponerse de rodillas rogando el perdón solamente por haberte escuchado. “No me esperes despierta. Me han invitado a una orgía después del trabajo en Kappa Sigma.”
Una mueca de disgusto cruzó su rostro y te reíste, dando un portazo al salir. Tu coche arrancó a la primera, estabas buena, y podrías apostar a que Jill estaba rezando por tu alma en ese mismo momento. Era ya una buena noche.
“Dan está a prueba durante el resto de la noche” Joe, tu jefe, te dijo a modo de saludo cuando entraste en la trastienda. “Ya ha vomitado en el mostrador.”
“Si no son ni las once. ¿Su chica ha vuelto a romper con él?” Dan era uno de los habituales y era capaz de avergonzar al resto de los alcohólicos. El hombre tenía un 85% de alcohol en sangre.
Joe te lanzó un trapo y tu limpiaste la mesa donde él y los otros chicos iban a jugar al poker ahora que tu estabas ya allí para llevar la barra. “No. Creo que le dejó para siempre la semana pasada. Por lo que yo sé, ha empezado a salir con ese camionero y ha descubierto que el tipo tiene a alguien en cada ciudad un poco grande en la I-80. Le ha roto el corazón.”
“El hígado sin embargo lo tiene fuerte.” Levantaste el puño y Joe hizo lo mismo. Era vuestro gesto para Corazón roto, hígado fuerte. Era cuando más dinero ganabas.
“Ah, y creo que hay una despedida de soltero allí. Deberías empezar ya a trabajar.”
“¡Bien!” ¿Un grupo de estudiantes borrachos? Podrías pagar lo que te quedaba del préstamo de ese curso después de esta noche. Agarrando un delantal, te dirigiste hacia delante antes de detenerte y mirar de nuevo a Joe con una ceja levantada. “Oh, he dejado lo más jugoso para el final para que te apuntes el tanto. Mal vale que reciba un jugoso bono esta Navidad.”
Riéndose, Joe gesticuló con la mano para que te fueras.
Durante la primera hora, te abriste camino entre las carteras de los estudiantes borrachos, guardándote todo el dinero extra que te deslizaban. Sobre la medianoche, un trio de hombres entraron y aquello te llamó la atención.
Y ¡Joder! Eran familia porque no había forma de que tres hombres pudieran ser tan sexy sin compartir genes. El más alto tenía un pelo increíble y después apareció el de las piernas arqueadas, llevando una chaqueta de cuero y había ya escaneado a los clientes del bar en busca de la conquista de la noche.
Pero el hombre detrás de ellos fue el que hizo que se te secara la boca. Mayor, y definitivamente con más experiencia. Había sido un soldado. Tenía ese aire de controlarlo todo a su alrededor. La rigidez de sus hombros. Era diferente a cualquiera que hubiera venido por aquí.
Tú le querías.
“Me pido la primera pausa de esta noche.” Le susurraste a Natalie, la otra camarera. “Tengo asuntos paternos que resolver.”
Siguió la direcion de tu mirada y emitió un gruñido de aprobación. “Apuesto a que sabe lo que se hace.”
“Ya te contaré.” Le guiñaste un ojo y te deslizaste por debajo de la barra para atender a los habituales. El trio se acercó a la barra y Natalie hábilmente evitó servirles para que tu pudieras hacer tu movimiento.
“Te lo he dicho, en Chicago están las mejores camareras.” Decía el hijo mayor al más alto. Te hizo un guiño, un flash de color verde. Si no hubiera venido con su padre buenorro, te hubieras ido con él sin pensártelo.
“¿Has estado alguna vez en Las Vegas? Allí tampoco están nada mal,” respondiste, inclinándote sobre el mostrador. Sus ojos cayeron de inmediato sobre tu escote. Demasiado fácil. Al más alto le estaba costando concentrarse en tu cara también.
El padre sin embargo… parecía duro de roer.
“Las Vegas no es nada comparado contigo, cielo.” Mr. Mandíbula levantó la mirada hacia la tuya y sonreíste.
“¿Qué os traigo, chicos?” te enderezaste y diste un paso hacia atrás. Les viste a los dos revelarse contra el insulto sobre su edad. Al fin y al cabo tenían tu misma edad. Después de un par de minutos más de flirteo te las apañaste para librarte de los hijos, enviándoles con la multitud antes de que se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo.
“Tienes pinta de necesitar algo más fuerte,” le dijiste al hombre que se había quedado.
Avanzó sin prisa hacía la barra, apoyándose sobre un hombro. “Tienes razón muñeca. Ha sido un día largo.”
“Sé cómo te sientes,” asentiste. Te habías levantado a las cinco de la mañana, habías ido a correr antes de ponerte a estudiar como loca para los finales que tenías en una semana. ¿Pensabas que estudiar un módulo de medicina era duro? Tío, estabas tan equivocada. La carrera te estaba pateando el culo.
Preparándole la bebida, le deslizaste el vaso y cruzaste los brazos sobre la barra, inclinándote hacia delante. “Sienta bien soltarse tras un día duro, ¿verdad?”
Clavó sus ojos marones claro en los tuyos y tu temperatura corporal se disparó de repente. “Qué hacéis por aquí para soltaros?”
“¿Qué hago yo para liberarme?” Los hombres como él no necesitaban tonteo. No necesitaban preliminares. Y esta noche tú no querías jugar. Tú lo querías rápido, duro y sucio. Así que te acercaste, y te mordiste el labio y le echaste una de tus mejores miradas de vamos a la cama. “Esta noche tú eres lo único que quiero hacer.”
“¿Oh, de verdad?” sus ojos brillaron mientras te echaba un vistazo. No lo había previsto, pero estaba totalmente pillado.
Desafortunadamente, tú aún tenías que trabajar un rato más antes de tu pausa. Le diste un golpecito al borde de su vaso. “La primera es por cuenta de la casa.”
Contoneándote al alejarte, sentiste su mirada quemándote mientras te miraba el culo y las piernas. Al pasar al lado de Natalie, sonreíste. “Punto para mi.”
“Bien,” replicó antes de continuar prestando atención al grupo de novatos cachondos que la estaban adorando y aún no habían aprendido como manejar su dinero.
Tras unos minutos, el hijo más alto se acercó y pidió otra bebida.“¿Estudias en esta universidad?”
“No, yo voy a Pritzker.”
Habías llamado su atención. Ese no era la clase de chico que se desalentaba al encontrar chicas con tetas y un cerebro. Más bien lo contrario. “¿De verdad? ¿Medicina? ¿Cómo demonios tienes tiempo para trabajar?”
“Me encanta la universidad y me encanta mi trabajo. Eso lo hace todo mucho mas fácil.”
“Preciosa e inteligente. Tío, yo estudiaba Derecho en Stanford y no tenía tiempo para nada.” Ah. El acercamiento al tema común. Si tu sexy hombre mayor no hubiera aparecido, este chico definitivamente hubiera tenido una oportunidad contigo.
Tal y como estaban las cosas, te costó solo un minuto alejarte de él. Justo cuando te estabas preparando para volver y jugar un poco más con tu objetivo de esa noche, el hijo mayor se acercó a ti. Lo intentó usando contigo todo el sex-appeal que rezumaba, pero te lo quitaste de encima fácilmente, manteniendo la vista en su padre por el rabillo del ojo.
Finalmente te quitaste a los dos chicos de encima y llegó tu pausa. Te quitaste el mandil y rodeaste la barra. Al pasar a su lado, le acariciaste la espalda y te inclinaste hasta posar tus labios en su oído. “¿Quieres un pase VIP?”
Se puso en pie, sobrepasándote en altura y sonrió. Sus dedos se clavaron en tu cintura extendiendo calor desde tu estomago, dónde su piel tocaba la tuya. “¿No creo que sepas dónde te estas metiendo, muñeca?”
“Enséñamelo, entonces.” Una sonrisa y tu ceja arqueada fue todo el reto que necesitó. Tiraste de el pasando por delante de sus hijos que se quedaron con la boca abierta y saliste por la puerta. Para cuando llegasteis a la puerta estabais ya pegados por los labios, tironeando de la ropa. Jadeos enfebrecidos escapaban de tus labios mientras el mordía y chupaba un caminito por tu cuello.
Cerraste de un portazo y te empotró contra la puerta. Tus dedos hábiles desabrocharon su camisa antes de empujarle para quitarte tu camiseta tank. Sus manos ásperas te recorrían por todas partes y no pasó mucho tiempo antes de que el resto de vuestros vestidos acabaran en una pila sobre el suelo y la habitación se llenara con jadeos y gemidos.
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“Supongo que no tengo que preguntar como ha ido,” bromeó Natalie, arreglándote un poco el pelo que te habías olvidado colocar en la prisa por volver al trabajo. Echaste un vistazo por el bar justo a tiempo de ver al hombre guiñarte un ojo antes de reunirse con sus hijos en la mesa en la que estaban.
“Voy a ir a la habitación de su hotel cuando termine aquí.” Replicaste, aún tratando de recuperar el aliento.
Natalie sonrió y te le miró. “Si esto es lo que quince minutos con él te hace, mejor me pones en marcación rápida y me quedó esperándote con el desfibrilador en unas horas.”
“Lo voy a necesitar,” sonreíste, apretándole la mano antes de girarte para prestar atención a los clientes ansiosos.