Pedido por sherlocked-whovian-1969: Un John x lectora en el que la lectora es mayor (la edad de los chicos más o menos) y trabaja en un Bar en el que los chicos suelen parar y Sam y Dean compiten por ella pero ella va directa a por John y sea un historia romántica con alguna cochinada. Si lo escribes, GRACIAS. ME ENCANTA TU BLOG.
Recuento de palabras: 2.032
Advertencias: Cochinadas implícitas.
English Verson: Cut Loose
“¿Sabes lo que necesitas?” tu compañera de cuarto, Jill, preguntó mientras te preparabas para ir al trabajo.
“¿Un millón de pavos? ¿Más perros? ¿Una mansión para que cada uno de mis perros puedan tener su propio cuarto? ¿Un viaje a Milán con todos los viajes pagados para ir de compras? ¿Un crucero con un buenorro francés que me dé de comer uvas y me lea poseía al atardecer? ¿O puede que tres pequ—“
“¡Una cita de verdad! Con un hombre honorable que te respete como mujer inteligente e independiente.” Te cortó Jill, exasperada. No sabías por qué le importaba tanto tu situación sentimental. O la falta de ella. Ni siquiera erais amigas. Solamente os habían puesto juntas en las habitaciones del campus.
Giraste los ojos y seguiste maquillándote. “No tengo tiempo para citas, Jill.”
“¿Pero tienes tiempo de sobra para liarte con babosos en el baño del bar?”
Jadeaste, haciéndote la ofendida. “¡Sólo las zorras se lían con gente en los baños de un bar!” Te reíste y volviste a tu maquillaje. “Todo el mundo sabe que tiene más clase esconderlos en la oficina de la parte de atrás.”
Jill suspiró y se sentó en la cama. Siempre andaba metiendo las narices dónde no le importaba y juzgándolo todo como si ella fuera Simon, el de American Idol. O Dios sentado en su nube. Un Dios mujer… tenías que recordar esa conversación para más adelante, cuando te pusiera de los nervios.
“No sé por qué sigues en ese trabajo. ¿Sirviendo copas en un bar mugriento? ¿Siempre llevando esa clase de ropa?”
“Me gusta servir copas. Ayudo a la gente con sus problemas. Y en cuanto a mi uniforme…” echaste un vistazo a tus shorts vaqueros y a tu ínfima camiseta tank que mostraba tus pechos. “Si vistes como una puta, te pagaran como a un puta. Y déjame decirte, mi joven, inocente y modesto Padawan… las putas hacen mucho dinero. Hay un autentico negocio ahí fuera. Sólo hay que saber jugar tus cartas bien.”
Murmuró algo que te sonó vagamente condescendiente y que preferiste ignorar. Puestos a hacer amigos, Jill no se llevaba bien con las otras chicas. Juzgar y tratar de avergonzarlas con su comportamiento desvergonzado era lo único que sabía hacer. Era una puritana que seguía los mandatos de la biblia y te metía a la fuerza por la garganta su religión y su moral, la cristiana. Lo mejor de tu día era meterle a ella por la garganta tu vida pecaminosa cada vez que tenías la ocasión. ¿Sexo antes del matrimonio? ¿En la parte de atrás de un bar mugroso y con desconocidos? ¿Y a veces incluso con otras chicas? ¡Era un billete de ida al fuego y el azufre!
Mientras aquellos con los que te liabas acabaran yendo al infierno contigo, no te importaba en absoluto. Podrías montarte una orgía. Definitivamente ella no aprobaría una orgía.
Agarraste tu bolso y le tiraste un beso según ibas hacia la puerta, inventándote rápidamente una pecado de tal nivel que la haría ponerse de rodillas rogando el perdón solamente por haberte escuchado. “No me esperes despierta. Me han invitado a una orgía después del trabajo en Kappa Sigma.”
Una mueca de disgusto cruzó su rostro y te reíste, dando un portazo al salir. Tu coche arrancó a la primera, estabas buena, y podrías apostar a que Jill estaba rezando por tu alma en ese mismo momento. Era ya una buena noche.
“Dan está a prueba durante el resto de la noche” Joe, tu jefe, te dijo a modo de saludo cuando entraste en la trastienda. “Ya ha vomitado en el mostrador.”
“Si no son ni las once. ¿Su chica ha vuelto a romper con él?” Dan era uno de los habituales y era capaz de avergonzar al resto de los alcohólicos. El hombre tenía un 85% de alcohol en sangre.
Joe te lanzó un trapo y tu limpiaste la mesa donde él y los otros chicos iban a jugar al poker ahora que tu estabas ya allí para llevar la barra. “No. Creo que le dejó para siempre la semana pasada. Por lo que yo sé, ha empezado a salir con ese camionero y ha descubierto que el tipo tiene a alguien en cada ciudad un poco grande en la I-80. Le ha roto el corazón.”
“El hígado sin embargo lo tiene fuerte.” Levantaste el puño y Joe hizo lo mismo. Era vuestro gesto para Corazón roto, hígado fuerte. Era cuando más dinero ganabas.
“Ah, y creo que hay una despedida de soltero allí. Deberías empezar ya a trabajar.”
“¡Bien!” ¿Un grupo de estudiantes borrachos? Podrías pagar lo que te quedaba del préstamo de ese curso después de esta noche. Agarrando un delantal, te dirigiste hacia delante antes de detenerte y mirar de nuevo a Joe con una ceja levantada. “Oh, he dejado lo más jugoso para el final para que te apuntes el tanto. Mal vale que reciba un jugoso bono esta Navidad.”
Riéndose, Joe gesticuló con la mano para que te fueras.
Durante la primera hora, te abriste camino entre las carteras de los estudiantes borrachos, guardándote todo el dinero extra que te deslizaban. Sobre la medianoche, un trio de hombres entraron y aquello te llamó la atención.
Y ¡Joder! Eran familia porque no había forma de que tres hombres pudieran ser tan sexy sin compartir genes. El más alto tenía un pelo increíble y después apareció el de las piernas arqueadas, llevando una chaqueta de cuero y había ya escaneado a los clientes del bar en busca de la conquista de la noche.
Pero el hombre detrás de ellos fue el que hizo que se te secara la boca. Mayor, y definitivamente con más experiencia. Había sido un soldado. Tenía ese aire de controlarlo todo a su alrededor. La rigidez de sus hombros. Era diferente a cualquiera que hubiera venido por aquí.
Tú le querías.
“Me pido la primera pausa de esta noche.” Le susurraste a Natalie, la otra camarera. “Tengo asuntos paternos que resolver.”
Siguió la direcion de tu mirada y emitió un gruñido de aprobación. “Apuesto a que sabe lo que se hace.”
“Ya te contaré.” Le guiñaste un ojo y te deslizaste por debajo de la barra para atender a los habituales. El trio se acercó a la barra y Natalie hábilmente evitó servirles para que tu pudieras hacer tu movimiento.
“Te lo he dicho, en Chicago están las mejores camareras.” Decía el hijo mayor al más alto. Te hizo un guiño, un flash de color verde. Si no hubiera venido con su padre buenorro, te hubieras ido con él sin pensártelo.
“¿Has estado alguna vez en Las Vegas? Allí tampoco están nada mal,” respondiste, inclinándote sobre el mostrador. Sus ojos cayeron de inmediato sobre tu escote. Demasiado fácil. Al más alto le estaba costando concentrarse en tu cara también.
El padre sin embargo… parecía duro de roer.
“Las Vegas no es nada comparado contigo, cielo.” Mr. Mandíbula levantó la mirada hacia la tuya y sonreíste.
“¿Qué os traigo, chicos?” te enderezaste y diste un paso hacia atrás. Les viste a los dos revelarse contra el insulto sobre su edad. Al fin y al cabo tenían tu misma edad. Después de un par de minutos más de flirteo te las apañaste para librarte de los hijos, enviándoles con la multitud antes de que se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo.
“Tienes pinta de necesitar algo más fuerte,” le dijiste al hombre que se había quedado.
Avanzó sin prisa hacía la barra, apoyándose sobre un hombro. “Tienes razón muñeca. Ha sido un día largo.”
“Sé cómo te sientes,” asentiste. Te habías levantado a las cinco de la mañana, habías ido a correr antes de ponerte a estudiar como loca para los finales que tenías en una semana. ¿Pensabas que estudiar un módulo de medicina era duro? Tío, estabas tan equivocada. La carrera te estaba pateando el culo.
Preparándole la bebida, le deslizaste el vaso y cruzaste los brazos sobre la barra, inclinándote hacia delante. “Sienta bien soltarse tras un día duro, ¿verdad?”
Clavó sus ojos marones claro en los tuyos y tu temperatura corporal se disparó de repente. “Qué hacéis por aquí para soltaros?”
“¿Qué hago yo para liberarme?” Los hombres como él no necesitaban tonteo. No necesitaban preliminares. Y esta noche tú no querías jugar. Tú lo querías rápido, duro y sucio. Así que te acercaste, y te mordiste el labio y le echaste una de tus mejores miradas de vamos a la cama. “Esta noche tú eres lo único que quiero hacer.”
“¿Oh, de verdad?” sus ojos brillaron mientras te echaba un vistazo. No lo había previsto, pero estaba totalmente pillado.
Desafortunadamente, tú aún tenías que trabajar un rato más antes de tu pausa. Le diste un golpecito al borde de su vaso. “La primera es por cuenta de la casa.”
Contoneándote al alejarte, sentiste su mirada quemándote mientras te miraba el culo y las piernas. Al pasar al lado de Natalie, sonreíste. “Punto para mi.”
“Bien,” replicó antes de continuar prestando atención al grupo de novatos cachondos que la estaban adorando y aún no habían aprendido como manejar su dinero.
Tras unos minutos, el hijo más alto se acercó y pidió otra bebida.“¿Estudias en esta universidad?”
“No, yo voy a Pritzker.”
Habías llamado su atención. Ese no era la clase de chico que se desalentaba al encontrar chicas con tetas y un cerebro. Más bien lo contrario. “¿De verdad? ¿Medicina? ¿Cómo demonios tienes tiempo para trabajar?”
“Me encanta la universidad y me encanta mi trabajo. Eso lo hace todo mucho mas fácil.”
“Preciosa e inteligente. Tío, yo estudiaba Derecho en Stanford y no tenía tiempo para nada.” Ah. El acercamiento al tema común. Si tu sexy hombre mayor no hubiera aparecido, este chico definitivamente hubiera tenido una oportunidad contigo.
Tal y como estaban las cosas, te costó solo un minuto alejarte de él. Justo cuando te estabas preparando para volver y jugar un poco más con tu objetivo de esa noche, el hijo mayor se acercó a ti. Lo intentó usando contigo todo el sex-appeal que rezumaba, pero te lo quitaste de encima fácilmente, manteniendo la vista en su padre por el rabillo del ojo.
Finalmente te quitaste a los dos chicos de encima y llegó tu pausa. Te quitaste el mandil y rodeaste la barra. Al pasar a su lado, le acariciaste la espalda y te inclinaste hasta posar tus labios en su oído. “¿Quieres un pase VIP?”
Se puso en pie, sobrepasándote en altura y sonrió. Sus dedos se clavaron en tu cintura extendiendo calor desde tu estomago, dónde su piel tocaba la tuya. “¿No creo que sepas dónde te estas metiendo, muñeca?”
“Enséñamelo, entonces.” Una sonrisa y tu ceja arqueada fue todo el reto que necesitó. Tiraste de el pasando por delante de sus hijos que se quedaron con la boca abierta y saliste por la puerta. Para cuando llegasteis a la puerta estabais ya pegados por los labios, tironeando de la ropa. Jadeos enfebrecidos escapaban de tus labios mientras el mordía y chupaba un caminito por tu cuello.
Cerraste de un portazo y te empotró contra la puerta. Tus dedos hábiles desabrocharon su camisa antes de empujarle para quitarte tu camiseta tank. Sus manos ásperas te recorrían por todas partes y no pasó mucho tiempo antes de que el resto de vuestros vestidos acabaran en una pila sobre el suelo y la habitación se llenara con jadeos y gemidos.
*****
“Supongo que no tengo que preguntar como ha ido,” bromeó Natalie, arreglándote un poco el pelo que te habías olvidado colocar en la prisa por volver al trabajo. Echaste un vistazo por el bar justo a tiempo de ver al hombre guiñarte un ojo antes de reunirse con sus hijos en la mesa en la que estaban.
“Voy a ir a la habitación de su hotel cuando termine aquí.” Replicaste, aún tratando de recuperar el aliento.
Natalie sonrió y te le miró. “Si esto es lo que quince minutos con él te hace, mejor me pones en marcación rápida y me quedó esperándote con el desfibrilador en unas horas.”
“Lo voy a necesitar,” sonreíste, apretándole la mano antes de girarte para prestar atención a los clientes ansiosos.