El cernícalo es el símbolo del karwarasu. “Vuela brillando, relampagueando sobre los sembrados, por la estancias de ganado, y luego se hunde en la nieve”...José María Arguedas, los ríos profundos

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El cernícalo es el símbolo del karwarasu. “Vuela brillando, relampagueando sobre los sembrados, por la estancias de ganado, y luego se hunde en la nieve”...José María Arguedas, los ríos profundos
"Es mi orgullo ser yo mismo y despreciar a quien no puede amarme por lo que yo soy."
- José María Arguedas
Temblar - José María Arguedas
Temblar – José María Arguedas
Fotografía Charlotte May Dicen que tiembla la sombra de mi pueblo;está temblando porque ha tocado la triste sombra del corazónde las mujeres.¡No tiembles, dolor, dolor!¡La sombra de los cóndores se acerca!–¿A qué viene la sombra?¿Viene en nombre de las montañas sagradaso a nombre de la sangre de Jesús?–No tiembles; no estés temblando;no es sangre; no son montañas;es el resplandor del Sol que…
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Domingueando #josemariaarguedas (en PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU) https://www.instagram.com/p/Bx8uy57hqBXmjLx3Tmg7KwKnG16TY6863ud7MY0/?igshid=1p37wpxr2anuh
Ahora, ¡lámanse el uno al otro!
José María Arguedas, El sueño del pongo
Antes de la presentación de "El Sexto" #JoseMariaArguedas #TUSM #Lampa (en Teatro Universitario de San Marcos - CCSM)
¡Qué debil es la palabra cuando el ánimo anda mal! Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de todos nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y cómo vibra!
José María Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, Losada.
…Cierta vez llegamos a un pueblo cuyos vecinos principales odian a los forasteros. El pueblo es grande y con pocos indios. La falda de los cerros esta cubierta por extensos campos de linaza. Todo el valle parece sembrado de lagunas. La flor azul de la linaza tiene el color de las aguas de altura. El tallo de esta planta es delgado y alto, y cualquier viento lo sacude. Los campos de linaza parecen lagunas agitadas; y, según el poder del viento, las ondas son menudas o extensas.
Cerca del pueblo, todos los caminos están orillados de árboles capulí. Grandes huertas rodean al pueblo. El capulí estaba maduro; eran unos árboles frondosos, altos, de tronco luminoso, los únicos árboles frutales del valle. Los pájaros de pico duro, la tuya, el viuda-psik’o, el chihuaco, rondaban las huertas. Todos los niños del pueblo se lanzaban sobre los árboles, en la tarde y al mediodía. Nadie que los haya visto podrá olvidar la lucha de los niños de ese pueblo contra los pájaros. En los pueblos trigueros, se arma a los niños con hondas y latas vacías; los niños caminan por las sendas que cruzan los trigales; hacen sonar sus hondas, cantan y agitan el badajo de latas. Ruegan a los pájaros en sus canciones, les avisan: “¡Esta envenenado el trigo! ¡Idos, idos! ¡Volad, volad! Es del señor cura ¡salid!, ¡buscar otros campos!” En el pueblo del que hablo todos los niños estaban armados con hondas de jebe, y cazaban a los pájaros como a enemigos de guerra; reunían sus cadáveres a la orilla de las huertas, en el camino, y los contaban: veinte tuyas, cuarenta chihuacos, diez viuda-pisk’os….
José María Arguedas, “Los ríos profundos”.