Hace poquito mataron a un amigo, lo mató un cabro de 16 años porque quería robarle su celular y mi amigo dijo que no. Mi amigo era una buena persona, en serio, era simpático, risueño, tenía aires de nigga y era terrible blanquito. Me remeció que lo mataran así tan abruptamente por un celular culiao, entenderán que no significa nada, que un celular no tiene genes, no es casi tu hermano, no tiene sangre del mismo color corriendo por venas que se parecen (si es que no son iguales) a las tuyas. No dejo de pensar en lo que pasó, no dejo de pensar que somos un país super cagado, que estamos enfermos de verdad, de adentro. Vivimos en el frío mismo del cemento exportado, y conchetumare me lleno de rabia y de pena. Hoy es 11 de septiembre y no tengo a quién más echarle la culpa que a la dictadura. Odio ver los comentarios de la gente diciendo ‘‘que salgan los militares a la calle’’, ‘‘que vuelva la pena de muerte’’, es como tapar el sol con un dedo, una solución chanta de una política chanta de un país chanta. No digo que no debe existir la justicia, por supuesto que el pendejo debería ir a la cárcel, como es natural si mataste a una persona, el problema es que la realidad aquí en Chile es que mandarlo a la cárcel no soluciona nada, los cabros salen hasta sabiendo como robar y/o matar mejor y entran en el peor círculo de todos: el de la delincuencia, que es el de estar en cana, salir de ella, meterse en grupos culiaos para volver a insertarse en la sociedad y volver a reincidir en lo mismo. El problema no se soluciona, a ese cabro nadie le interesa, el sistema no alcanza, no está capacitado para remediar el gran error que se mandaron; porque sí, el error es del sistema, el error es sociocultural, el error se convirtió en abismo interminable con la dictadura porque se criaron estas ideas del flaite culiao, de la educación de cartón. Como dijo Gabriel Salazar, Chile es un país mestizo, no tenemos cultura, somos una wea andante con retazos de todos los países grandes, porque si tuviéramos cultura entenderíamos que la delincuencia no se arregla creando más cárceles, sino educando, sabríamos que lo material no importa y no mataríamos por él; tendríamos claro que la vida es mucho más importante que esa wea fría. Y cuando hablo de educar no me refiero a meter al cabro pobre al colegio, eso se hace y no arregla ninguna mierda porque estamos mal enfocados, me refiero a educar en serio, enseñar a amar, aprender que el desconocido es una persona, y es una persona más importante que nuestras propias ideas. Me lleno de rabia y de pena, porque la dictadura no se ha ido y Chile es un país que se muere.