Las personas, cuando se enamoran, arden en llamas
Jude y Noah, Te daría el sol.
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Las personas, cuando se enamoran, arden en llamas
Jude y Noah, Te daría el sol.
Por el dia de los hermanos
A los mellizos que me hicieron el mejor verano con estas escenas de el libro "Te daría el mundo". Jandy Nelson, te amo. - Eres tú? -grita Jude desde su dormitorio-. Ven, por favor. Entro a su cuarto y la encuentro leyendo la biblia de la abuela en la cama. Está buscando alguna pavada que traiga de vuelta a nuestro padre. Me tiende una soga. - Toma -dice-. Átame al poste de la cama. - Qué? - No hay más remedio. Necesito una ayudita para no caer en la tentación de entrar a la cocina. No voy a darle a mamá la satisfacción de probar ni un bocado. Qué le pasa, ahora que se fue papá se convirtió en Julia Child? Y tú tampoco deberías probar nada de lo que prepare. Sé que ayer te pegaste un atracon de empanada de pollo después de ir a visitar a papá. Te vi. -me reprende con la mirada-. Ni un bocado. Me lo prometes?- asiento, pero ni en sueños pienso perder lo que sea que inundó la casa de ese aroma divino-. Lo digo en serio, Noah. -Está bien - accedo. -Solo una muñeca, para que pueda pasar las páginas - mientras le ato la muñeca al poste de la cama, sigue hablando-. Huele a pastel de pera, o de manzana, o quizá a empanaditas, o a crocante. Dios, me encanta el crocante. No hay derecho. Quién iba a imaginar que sabia si quiera hacer pasteles? - pasa una página de la biblia de la abuela-. Sé fuerte- me ordena mientras me encamino a la puerta. Le saludo al estilo militar. -Sí, capitán. [....] Jude tiene razón. Esta mañana, un dorado pastel relleno de manzana y una bandeja de empanaditas de fruta se enfrían en la mesada de la cocina. Mi madre, con la cara manchada de harina amasa en la superficie de mármol. -Ay, qué bien -dice-. Ráscame la nariz, quieres? Me estaba volviendo loca. Me acerco y le rasco la nariz[...] -Es un gesto mucho más sentimental de lo que parece - prosigo. Ella me sonríe y una cálida brisa de verano invade la cocina. -Estás contenta -le suelto y, aunque solo pretendia ser un comentario, mi nueva voz de trombón lo ha convertido en una acusación. Supongo que en el fondo lo es. No solo se la ve feliz desde que papá se marchó sino que está presente cuando está presente. Regreso de la Vía Láctea. El otro día incluso bailó bajo la lluvia con jude y conmigo. Deja de amasar. -Y por qué nunca cocinabas cuando papá vivía aquí? - le pregunto en lugar de lo que quiero saber: Y por qué no lo extrañas? Y por qué tuvo que marcharse para que volvieras a ser la de antes? Suspira. -No lo sé. Dibuja un trazo con el dedo en un montoncito de harina, empieza a escribir su nombre. El vacío asoma a su expresión. -Huele de maravilla - Observo para que recupere la alegría, algo que necesito y detesto al mismo tiempo. Ella esboza una sombra de sonrisa. -Come un trozo de pastel y una empanadita. No se lo diré a tu hermana. [...] Me encamino a la mesa con el plato lleno, a punto de hacer la vertical de lo bien que huele. [...] El gesto de exasperación, ojos en blanco incluidos, es un 10,5 en la escala Richter. El gran temblor. California ha desaparecido del mapa. Pone los brazos en jarra, indignada. -Qué estas haciendo Noah? -Pero, cómo te desataste? - le pregunto con la boca llena de empanadita. -Desataste? - pregunta mi madre. - La até para que no cayera en tentación de venir a desayunar. Mi madre se ríe. -Jude ya sé que estas furiosa conmigo, pero eso no impide que te puedas comer unos pastelitos para desayunar. -No!- cruza la cocina, agarra una caja de cereales y vierte un puñado en un triste cuenco. -Me parece que no queda leche- informa mi madre. -No importa!- exclama Jude en un tono enojado. Se sienta a mi lado y empieza a martirizarse con una cucharada tras otra de cereales secos, con los ojos pegados a mi plato. Cuando mi madre está de espaldas, lo empujo en su dirección con el cuchillo y se embute cuanto pastel le cabe en la boca antes de devolvérmelo.