Restos
Yo quería, amor, que la vida fuera para nosotros tan fácil como pasearnos en un auto fino, o andar por esas calles limpias, llenas de árboles con casas hermosas de jardines amplios, como la de tu amiga Helen. Es decir, que fuera un trayecto lleno de semáforos en verde. Pero ya ves, todo fue distinto; y, Princesa, todavía nos quedan miles de kilómetros de viaje por sitios oscuros y lluviosos, donde lo más cercano al afecto es un café frío, servido sobre la mesa de un restaurante barato. Y mi mano. Si todavía quieres tomarla. —Julio Prado










