VEGA-12 (montura Pentacon Six) + Canon EOS 6D
Otro objetivo más que pasa por mi Canon EOS 6D, tras recibir el necesario adaptador de marca K&F Concept para acoplar lentes con montura Pentacon Six a cámaras EOS de Canon (unos 15€). Lo primero que he de decir es que el adaptador tiene muy buena calidad, con buenos materiales y su correspondiente peso, seguro que se nota en su duración.
El objetivo probado, en esta ocasión, es otro de mis rusos, solo que este ocupa un lugar especial, ya que se trata del que tiene montado mi cámara de formato medio KIEV-6C. Es una cámara que hace fotografías 6x6, por tanto, de formato cuadrado, y que destaca por su peso. Tiene visores intercambiables, yo poseo dos: el de pentaprisma con lectura de la luz TTL (el que lleva montado en las fotos), y el de cintura con su lupa de enfoque crítico. Lo curioso de esta cámara es que, a diferencia de la mayoría de cámaras de formato medio, tiene un funcionamiento similar al de cualquier réflex de 35mm.
Paso ya al objetivo. Se trata de un Vega-12, con una distancia focal de 90mm y una apertura f/2.8. Era el kit-lens estándar (en 35mm equivale aproximadamente a un 50mm) que venía con la Kiev-6, Kiev-6C y Kiev-60. Como otros que tengo, fue producido en la factoría de Arsenal, en Kiev (de ahí el nombre de la cámara). Acompañó a estas cámaras desde 1984 hasta el año 1989, cuando fue sustituido por el mejor valorado Volna-3. En la web allphotolenses, comentan que tiene mucha nitidez y contraste desde f/4 en adelante, aún así, todas las fotos que he realizado han sido a su máxima apertura, f/2.8 (sobretodo por no tener que exprimir más el ISO de la 6D, ya que las fotos oscilan ya entre 4000 y 10.000 ISO). El Vega-12 está equipado con 6 palas de diafragma, que cierra hasta f/22, y su diseño óptico consta de 5 elementos en 3 grupos y vidrio óptico de alta calidad con una sola capa de revestimiento (nada de multicoatings). En dicha web, los usuarios le ponen una nota de 3,74 sobre 5, no demasiado alta pero sin llegar a ser un pisapapeles ni mucho menos.
Hasta aquí la parte histórica y técnica. En cuanto a su uso, lo primero que noté es que es un objetivo al que se le nota una buena construcción, grande y pesado. Muy sencillo de manejar, con unos anillos de enfoque y diafragma muy suaves. Lo malo es eso, su peso. Montado sobre la 6D no es como con otras lentes con montura m42 que tengo probadas (ni desde luego los de rosca m39), ya que hace un conjunto bastante luminoso. Nada a lo que los usuarios de lo digital no estemos acostumbrados. El enfoque, dado sobretodo su distancia focal, se hace bastante sencillo, mejor con la Kiev-6C que con la Canon 6d, obviamente. Ópticamente, noto un desenfoque bastante suave, sin llegar al nivel de ópticas como su hermano de 35mm el Helios-44-2 que ya he probado. Eso sí, prácticamente ni una sola aberración cromática ni de otro tipo. El que tenga uno de estos “trastos rusos”, tiene un tesoro para las digitales y a un muy buen precio (en eBay puede verse por unos 50€ muchas veces), ya que en nuestras cámaras full frame 35mm sigue siendo un 90mm bastante luminoso, perfecto para retratos, y además ¡¡¡con una distancia mínima de enfoque de 60cm!!!. El que tenga una cámara APS-C, tendrá aproximadamente 144mm a una apertura de f/2.8, interesante ¿verdad?. Aún usándolo a su máxima apertura y unas condiciones de luz tan lamentables para hacer una prueba (de noche y en casa), veo mucha nitidez y contraste, bastante equiparable a otros antiguos objetivos mucho mejor valorados.
Bueno, y aquí dejo ya la parrafada de hoy. Ahí están las fotos y vosotros podréis juzgarlas mucho mejor que yo seguramente. Aunque yo las he visto a su máximo tamaño jeje. Recordar que en ningún momento pretendo hacer una análisis serio ni científico, sólo de un fotógrafo muy aficionado a lo antiguo. Un saludo y ojalá a alguien le parezca interesante mi artículo.