Días donde la cama parecía demasiado grande, tan grande como el mar y su apartamento tan inmenso como el mismo universo. Ausente de ella misma, intentando encontrarse para traerse de vuelta y llegando a pensar si alguna vez fue alguien.
Las notificaciones sonaban e intentaban alertarla de que le buscaban y aquella tarde ella no estaba entera para fingir.
Escuchó el leve sonido de la puerta abrirse, y ni siquiera hizo movimiento alguno, muy cansada como para siquiera intentarlo.
El peso en su lado de la cama le alertó de la cercanía y sus brazos el abrigo que necesitaba. Yongguk tenía la costumbre de apretarla con fuerza, un abrazo que para la joven, intentaban retener los trozos de ella que amenazaban con desprenderse y desaparecer. Él siempre los acompañaba de besos analgésicos y susurros anestésicos, la combinación perfecta para mitigar el vacío, llenarlo con un poco de amor.
Giró su cuerpo sin poder evitarlo. Él no lo sabía, pero a veces la salvaba, llegaba en el momento justo y se convertía en la calma de su tormenta interna. Siempre prefería la soledad hasta que se encontraba con el brillo de su mirada. A veces, no necesitaba nada más.











