Diana e Isay también trabajan en La 68. Él es proyectista de cine documental, mesero y además maestro de capoeira en la casa. Diana es cajera, encargada de la tienda de artesanías, mesera y asistente para la gestión de la liberación de derechos para proyectar documentales en la casa cultural. Y son novios. Vivían en Cancún cuando Isay supo que una pareja convirtió una casa vieja de la calle número 68 en el centro de Mérida en una sala de proyección de cine documental internacional, restaurante, bar, tienda de artesanías, espacio para talleres de teatro, pintura y literatura. Y se sorprendió cuando supo que también había talleres de ciencia, botánica y producción artesanal de jabones. Así que cuando se mudó a Mérida para estudiar antropología social pidió trabajo en La 68 “de lo que fuera” y Paula Haro, directora de la casa lo contrató de lo que fuera. Paula es hija de la escritora Elena Poniatowska a quien le gustan las pizzas de arúgula. Ya instalado en Mérida, Diana siguió a su hombre: pidió cambio en su trabajo y la cadena restaurantera la colocó en la ciudad de la profecía apocalíptica maya sobre el fin del mundo. Fue cuestión de tiempo para que Paula invitara a Diana a trabajar. Fue también, cuestión de tiempo, para que Diana dejara su trabajo en el restaurante y se sumara a la familia de La 68. A los dos, que no rebasan los 25 años de edad, les parece muy raro que la casa no sea visitada por gente de su generación. Una casa que va contracorriente al cine tradicional porque mantiene en cartelera las filmaciones por más tiempo, da trato justo a los realizadores, cobra poco a los visitantes, ofrece cine internacional en el barrio y además evoca la matanza de estudiantes en la ciudad de México el DOS DE OCTUBRE DE MIL NOVECIENTOS SESENTA Y OCHO por el régimen del PRI, no parece ser un polo con suficiente atractivo entre jóvenes ni universitarios: “Pocas veces vienen jóvenes. Apenas a partir de este año comenzaron a venir algunos. De los compañeros de universidad, sólo dos han venido. Es algo muy raro, porque el precio es módico” dice Isay que se ajusta el pantalón deportivo antes de iniciar la clase de capoeira. Ella asiente y explica que el mercado que visita la casa es más grande, son señores. Concluyen en que a los dos les gustaría que los visitaran más jóvenes. Como ellos.