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LA REINA MAYA ESTÁ EN LA CASA
El primer día que Daniela Ramírez entró a La 68 fue para conseguir lo que buscaba: un contrato con Discovery Channel para actuar en uno de sus documentales. La actriz de teatro había escuchado que en la casa de cultura había casting para un rodaje sobre el fin del mundo así que después de las pruebas le informaron que sería la Reina Maya en la historia titulada Apocalipsis 2012. Los productores de Discovery Channel tenían como referencia clave en Mérida a La 68, casa de cultura Elena Poniatowska para hacerse de los colaboradores que formarían parte de la narrativa apocalíptica maya. ”Con el tiempo, le ofrecí a Paula Haro, directora de la casa que abriéramos un taller de teatro y le interesó”, dice Daniela después de terminar su clase de martes por la noche. Hoy la Reina Maya es una de las talleristas que con su vocación agrega originalidad a la naturaleza de la casa: proyección a bajo costo de documentales internacionales. “La diferencia de este modelo es que no pone trabas para hacer las cosas. No son burocráticos y son muy abiertos a las propuestas”.
CASA A LA CAZA DE JÓVENES
Diana e Isay también trabajan en La 68. Él es proyectista de cine documental, mesero y además maestro de capoeira en la casa. Diana es cajera, encargada de la tienda de artesanías, mesera y asistente para la gestión de la liberación de derechos para proyectar documentales en la casa cultural. Y son novios. Vivían en Cancún cuando Isay supo que una pareja convirtió una casa vieja de la calle número 68 en el centro de Mérida en una sala de proyección de cine documental internacional, restaurante, bar, tienda de artesanías, espacio para talleres de teatro, pintura y literatura. Y se sorprendió cuando supo que también había talleres de ciencia, botánica y producción artesanal de jabones. Así que cuando se mudó a Mérida para estudiar antropología social pidió trabajo en La 68 “de lo que fuera” y Paula Haro, directora de la casa lo contrató de lo que fuera. Paula es hija de la escritora Elena Poniatowska a quien le gustan las pizzas de arúgula. Ya instalado en Mérida, Diana siguió a su hombre: pidió cambio en su trabajo y la cadena restaurantera la colocó en la ciudad de la profecía apocalíptica maya sobre el fin del mundo. Fue cuestión de tiempo para que Paula invitara a Diana a trabajar. Fue también, cuestión de tiempo, para que Diana dejara su trabajo en el restaurante y se sumara a la familia de La 68. A los dos, que no rebasan los 25 años de edad, les parece muy raro que la casa no sea visitada por gente de su generación. Una casa que va contracorriente al cine tradicional porque mantiene en cartelera las filmaciones por más tiempo, da trato justo a los realizadores, cobra poco a los visitantes, ofrece cine internacional en el barrio y además evoca la matanza de estudiantes en la ciudad de México el DOS DE OCTUBRE DE MIL NOVECIENTOS SESENTA Y OCHO por el régimen del PRI, no parece ser un polo con suficiente atractivo entre jóvenes ni universitarios: “Pocas veces vienen jóvenes. Apenas a partir de este año comenzaron a venir algunos. De los compañeros de universidad, sólo dos han venido. Es algo muy raro, porque el precio es módico” dice Isay que se ajusta el pantalón deportivo antes de iniciar la clase de capoeira. Ella asiente y explica que el mercado que visita la casa es más grande, son señores. Concluyen en que a los dos les gustaría que los visitaran más jóvenes. Como ellos.
A ELENA PONIATOWSKA LE GUSTA LA PIZZA DE ARÚGULA
La última vez que la maya Adriana Tuyub habló con la escritora Elena Poniatowska, fue para preguntarle qué le apetecía comer.
“Tráigame por favor una pizza de arúgula”, ordenó afable la cronista, y la cocinera de 22 años se regresó a la cocina de La 68, aquella tarde de enero pasado, un mes cargado de lluvia en Mérida, Yucatán.
“Es una señora muy amable. Siempre que viene la atiendo con mucho gusto, no es exigente y le gusta platicar”, dice Adriana, hoy sentada en el recibidor de la La 68, casa de cultura Elena Poniatowska.
Adriana, estudiante de preparatoria, es una de las seis empleadas de La 68 que siente que su trabajo no es trabajo ni sus clientes son clientes porque todo ahí es convivencia. Son una gran familia. “Sí, una gran familia, siento yo. Comemos juntos, hablamos. Hay mucha relación”.
¿Cuántos locos tiene Tijuana?
Y la historia de La Maguana, por Diez4
Me agrada la impostura.
A veces tienen marcados los párpados, las axilas, el hueco de la ingle, las nalgas, el pene y hasta la planta de los pies. Los signos eran bárbaros, llenos de sentido como los signos más bárbaros: pensamientos, arcos, corazones atravesados chorreando sangre, rostros unos sobre otros, estrellas, cuernos de luna, trazos, flechas, golondrinas, serpientes, barcos, puñales triangulares e inscripciones, lemas, advertencias, toda una literatura profética y terrible. De Nuestra señora de las flores. 1951.