“La broma”, de Milan Kundera
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“La broma”, de Milan Kundera
"Tuvo que soportar demasiada carga sobre sus frágiles espaldas. Hubiera necesitado a alguien que la ayudase, pero no hubo nadie que supiera. La ayuda que ofrece la religión, Lucie, es sencilla: entrégate. Entrégate tú misma y entrega la carga bajo la que te tambalea. Es un gran alivio vivir entregado. Ya sé que no tenías a quién entregarte, porque tenías miedo de la gente. Pero aquí está Dios. Entrégatele. Te sentirás más ligera. Entregarse significa dejar a un lado la vida pasada. Quitársela del alma. Confesarse".
(La broma,1968, Milan Kundera)
En aquella época no era capaz de sentir por él más que odio, y el odio produce una luz demasiado fuerte, en la que se pierde la plasticidad de los objetos. Veía en el comandante simplemente a una rata vengativa y traicionera, hoy lo veo ante todo como a un hombre que era joven y actuaba. No es culpa de los jóvenes el que actúen; no están hechos del todo, pero se encuentran en un mundo que ya está hecho y tienen que actuar como hechos. Por eso utilizan rápidamente las formas, los modelos y los guiones que más les gustan, que se llevan, que les sientan bien -y actúan. [...] Pero ¿acaso era la primera vez que me encontraba con uno de estos actores juveniles? [...] La juventud es terrible: es un escenario por el cual, calzados con altos coturnos y vistiendo los más diversos disfraces, los niños andan y pronuncian palabras aprendidas que comprenden solo a medias pero a las que se entregan con fanatismo. Y la historia es terrible porque con frecuencia se convierte en un escenario para inmaduros; un escenario para el jovencito Nerón, un escenario para el jovencito Napoleón, un escenario para masas fanatizadas de niños cuyas pasiones copiadas y cuyos papeles primitivos se convierten de repente en una realidad catastróficamente real.
La broma
Nathalie Poza y Eduard Fernández ('La broma'): "Hemos intentado adaptarla a hoy en día para que siga vigente Chicho"
Nathalie Poza y Eduard Fernández ('La broma'): "Hemos intentado adaptarla a hoy en día para que siga vigente Chicho"
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"Con una extraña insatisfacción salí del local; lo único que sabía era que no sabía nada y que es una gran grosería perder la seguridad sobre la identidad de una cara a la que una vez se amó tanto".
La broma de Milan Kundera
Pero no solo perdí a Alexej y perdí la irrecuperable posibilidad de salvar a un hombre; tal como lo veo hoy a la distancia, perdí también en aquel momento el cálido sentimiento de solidaridad hacia mis negros compañeros y con ello también la última posibilidad de reavivar plenamente mi entumecida confianza en la gente. Comencé a dudar del valor de nuestra solidaridad, cuyos únicos motivos eran la presión de las circunstancias y el instinto de supervivencia, que nos convertía en un grupo compacto. Y comencé a darme cuenta de que nuestro grupo negro era capaz de perseguir a una persona (de mandarla al destierro y a la muerte), exactamente igual que aquel otro grupo de gente en la sala de entonces y, probablemente, igual que cualquier otro grupo de gente.
La broma
Me contestó en broma que él no es un hombre sino sólo un científico, pero se puso triste al decirlo ¡se puso triste!
Milan Kundera, La broma, 1967