Roja. #labicicletaroja
via Ciclosfera
seen from United States
seen from Colombia
seen from United States

seen from France

seen from United States

seen from Ukraine
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Canada
seen from Russia
seen from Japan
seen from United Kingdom

seen from United States

seen from Congo - Brazzaville

seen from Netherlands

seen from Malaysia
seen from United Kingdom

seen from United States
Roja. #labicicletaroja
via Ciclosfera
La bicicleta roja
6 mayo 2014
Miss Páez la noche anterior cuando se daba un paseo por Gíon y Pachenko, (barrio tradicional de casitas, restaurantes de bien y alguna tímida geisha en Kyoto), descubrió una hipster-tienda con modernos alquiladores de bici, así que al día siguiente allá que se dirigió.
Su nuevo hipster-friend le dio una maravillosa bicicleta roja, ella no daba crédito, uno de sus comic favoritos era La Bicicleta roja de Kim Dong-Hwa (1) en el que un cartero narra la historia de su pueblo y lo enlaza con el exterior llevando diferentes “misivas” de una manera encantadora, dicho cuento también le recordaba a su abuelo, Casimiro, “el cartero” que a ello había dedicado su vida, eso si su bicicleta en este caso era azul.
Así que allí estaba ella, en su bicicleta roja, pensando que era una cartera-samurai, y tenía que repartir grandes mensajes y haikus a lo largo de la ciudad. – Ya está Elenita discurriendo-dijo su padre al leer el tumblr.
Ese día el reparto consistía, en darle a primera hora un mensaje importante al emperador en el Palacio Imperial, los guardias no la dejaron pasar de la puerta, aún así ella le mando recuerdos e hizo pequeño almuerzo en sus jardines. Luego, rauda y veloz se fue Inadegawa Dori, callecita llena de templos budistas y sintoístas allí entrego sus paquetes respondientes y siguió su ruta. En principio iba hacia el Norte, hacía el Templo de Daitoku-ju, pero Kyoto era más grande de lo que pensaba y de pronto se encontró en otro templo y allí que entró muy bien sin saber donde se encontraba.
Aparco su bicicleta roja y de pronto al intentar entrar en un templo, un monje la regaño mucho, en japonés, claro. Ella no entendía nada (se había quitado los zapatos, lavado las manos, purificado con el incienso y tocado la campana, el ritual completo, vamos), jaja hasta que se dio cuenta de que se había colado, jajaja. Ahora sí, pago el ticket y volvió al templo, el señor budista debía estar muy arrepentido ya que de pronto no la soltaba, la llevo a una salita pequeña y escondida de donde saco de un cajón lo que era una especie de papel escrito en inglés fonético, y le conto algo del dragón y que sus ojos se movían contigo cuando paseabas por el templo (lo cual es verdad, doy fe), el monje, me hizo mirarlo desde cada esquina, luego me llevo a una especie de altar a que diera un par de palmadas. Clap-clap-decía. Miss Páez intento hacer todo lo que él le contaba y espera tener “kood lak, kood lak” por una temporada. Arigato, arigato, y grandes sonrisas de despedida. Al final, amigos de toda la vida.
Uhh, la tarde estaba cayendo y aún le quedaba ir a Daitoku, y darle al sogún Ashikaha Yohimitsu, un haiku de su amada, en el Pabellón Dorado, donde se encontraba tomando el té, ella se quedo asombrada del reflejo en sus aguas, de su entorno cuidado, realmente, la escena era definitivamente de mucha belleza.
(1).Ya sabemos que es Kim Dong-Hwa es coreano, pero Corea y Japón primos hermanos.