PATRIMOINE | Larressingle : le plus petit village fortifié de France ➽ https://bit.ly/3U87qjF C’est en Gascogne que se trouve la cité fortifiée de Larressingle, classée parmi les Plus Beaux Villages de France, et qu'on surnomme la « petite Carcassonne du Gers »
Le Tilleul - Bed and Breakfasts - INR 7000 - Hotels France Larressingle http://www.justigo.ca/hotels/france/larressingle/le-tilleul-larressingle_77403.html
Larressingle,
Condom, Gers, Midi-Pyrénées, France.
www.castlesandmanorhouses.com
Larressingle is the smallest surviving intact fortified town in France. Inside the walls are a Romanesque church (also fortified) and a chateau, largely in ruins, dominated by a massive keep (donjon). Larressingle, surrounded its 13th century walls was home to the medieval bishops of Condom. It is the most visited destination in the Gers, classified as one of the "Plus Beaux Villages de France", ie one of the 'most beautiful villages of France'.
Larressingle,
Gers, Languedoc-Roussillon-Midi-Pyrénées, France.
www.castlesandmanorhouses.com
13th Century fortified church and village. According to local legend this village stands on an ancient Gallo-Roman settlement It is classified as one of the «Plus Beaux villages de France».
Pero ese era el tiempo de que disponíamos. Tras unas 5 horas de viaje por carretera desde Barcelona, llegamos el viernes al atardecer a la que sería nuestra primera parada en la zona: la Ville de Cahors. Nos hospedamos en el Hôtel Jean XXII, situado en un antiguo palacio junto a esa espigada torre que es uno de los símbolos de la localidad. La torre y el palacio, construidos en el siglo XII, pertenecieron a Jacques Duèze, nacido en esta localidad y Papa de la iglesia católica entre el 1316 y 1334,durante el pontificado de Avignon. El lugar es tranquilo y tiene encanto, sobre todo las vistas al patio y la torre desde la habitación. Hoy ya llegamos cansados, así que tras una breve cena en el centro y un paseo de vuelta con el concierto de Yann Tiersen sonando a lo lejos, nos vamos a dormir con la intención de aprovechar el día siguiente.
El sábado por la mañana la localidad vive su día grande, ya que además de ser festivo hay mercado. Un hervidero de gentes de aquí y allá se dan cita en la plaza del mercado. Bajo sus toldos se despliegan toda clase de productos de la zona. Pero antes de zambullirnos en el tumulto, y dado que aun es bastante temprano, optamos por acercarnos a visitar el puente de Valentré, muy bien conservado a pesar de su antigüedad y que salva un impresionante meandro del río Lot (afluente del Garone) que rodea la ciudad. Existe una leyenda sobre su prolongada construcción, setenta años nada menos (desde 1308 hasta 1378) y la ayuda que el maestro de obras pidió al diablo para finalizarlo a cambio de, cómo no, su alma. Pero una vez terminado el puente aquel astuto maestro consiguió zafarse y no cumplió con el contrato. De modo que según dicen aun hoy el rencoroso diablo no ha olvidado la deuda de la villa y regresa cada noche para retirar alguna piedra de la torre central y así el puente permanece eternamente inacabado. Leyendas aparte, sus tres majestuosas torres fortificadas son precisamente su rasgo más característico, y encaramándonos a sus escaleras de acceso se puede disfrutar de una magnífica vista del río alejándose sinuoso entre los campos.
A mediodía vamos por fin a conocer su mercado, que consta por un lado de un pequeño laberinto de puestos de calle y por otro de una docena de establecimientos dentro del edificio del marché. Como decíamos, allí hay de todo, pero sobre todo panes, embutidos, quesos y vinos, todo con demasiada buena pinta como para no dejarse llevar por la tentación. El Cabecou en su versión más curada (sèc o seco) es uno de los quesos que nos llevamos, además de un par de botellas de Domaine de la Garde (Coteaux du Quercy 2007) y un buen pedazo de pan (Tourte de campagne a la levadura con sal de Guerande). Pero lo guardaremos para más adelante.
De momento como estamos ya hambrientos tras una mañana de ir y venir, nos acercamos a la 1.30 al restaurante L'O à la bouche para la primera tentativa gastronómica. Y lo cierto es que no defraudó. Como es habitual en este país, los restaurantes suelen proponer varios menús con precios que van desde los 20 hasta los 35-40 euros y también se puede pedir a la carta. Un menú de precio intermedio (25-30) ya se antoja consistente y apetecible de sobra. Buen producto, buena mano y una atractiva puesta en plato confirmaron a este L’O como una de las nuevas mesas más interesantes en Cahors, donde además poder degustar a precios asequibles.
Por la tarde hacemos una serie de paradas en pueblitos con encanto de camino a nuestro segundo destino, Moissac. Paramos en Mont Cuq, villa noble y con una historia paralela al desarrollo del Camino de Santiago francés. Como es normal en esta tierra plagada de castillos, de nuevo un torreón de piedra con forma de prisma vigila desde el la colina más alta del pueblo. Poco después nos detenemos en Lauzerte a disfrutar de unas bonitas vistas del valle desde su Jardin dels Pelerins. Seguimos en dirección a Moissac hasta que llegamos por fin al hotel donde nos alojamos esa noche. Hoy no entramos en Moissac, la cual se otea allá en el llano a escasos kilómetros. Descanso, una cena correcta con magret de canard y otros productos típicos de esta tierra, un paseo por el campo al anochecer y vuelta a la cama.
Al día siguiente bajamos a Moissac. Esta villa es famosa por la Abadía de San Pedro, con ese pórtico y también un claustro que son una maravilla. Además tiene unos canales verdaderamente encantadores tanto si es para navegar como para pasearlos.
Aunque es domingo, el lunes es festivo en toda Francia, de modo que también encontramos un mercado en su plaza central, con unos embutidos irresistibles. Y además es la fiesta de los marineros (de agua dulce) de la localidad. La celebran cada año por Pentecostés echándose a la calle con sus trajes de antiguos marineros, desfilando y animando al personal de las maneras más variopintas. Así que después de visitar el conjunto románico, comemos en una terraza otro de esos magníficos menús y después damos un paseo por los canales en medio de ese ambiente puramente festivo. Luego de caminar un buen rato dejamos atrás tan bucólico paisaje y nos fundimos en la aglomeración de la feria que han instalado a las afueras del pueblo. Tras una sesión de tiro al blanco en uno de sus puestos ponemos rumbo al siguiente destino en la comarca.
Condom (sí amigos, así se llamaba aquel pueblo) será punto y final al periplo, a donde llegamos el domingo por la tarde después de un paseo en coche a través de un evocador paisaje de campos domados por siglos de trabajo agrícola, la suavidad del terreno sólo interrumpida por el perfil de una central nuclear a nuestro paso por las cercanías de Golfech. A pesar de la radioactiva presencia, el paseo fue un apacible y revitalizante recorrido por una tierra en calma, de leves colinas moteadas por ruinas y torreones. Bello lugar, en definitiva.
Llegamos al Hotel Continental a las 7.30, tiempo justo para una ducha y bajar a cenar, ya que aquí a eso de las 8 es la hora. El restaurant está en un jardín interior precioso, un pequeño oasis dentro de un pueblo que no parece ofrecer demasiado, tal y como pudimos comprobar más tarde. Pero la cena sí que ofrece y mucho.
De nuevo buen producto y mimo en los fogones, con predominio de las carnes en general y del pato en particular, que aquí sin ninguna duda es el rey. Acabamos la cena tomando una copa de otro de los productos locales característicos, el Armagnac.
Al día siguiente desayunamos junto a la iglesia y damos un paseo por Condom, que no es ni mucho menos tan bonita ni interesante como Moissac. Por ello decidimos acercarnos a la localidad de Larressingle, a pocos kilómetros. Es ésta una minúscula aldea no en vano considerada como uno de los pueblos más bonitos de Francia debido al encanto de esa fortaleza medieval casi de juguete que rodea el pueblo, foso y puente incluidos, y que da abrigo a un encantador conjunto de poco más de 10 casas y una mini iglesia. Un adorable lugar para visitar y despedirnos de estas tierras entre el Tarn y el Garonne.