Soy un romántico irremediable, lo asumo, lo digo y grito a los cuatro vientos. El ser un romántico de primera me ha hecho en gran medida lo que soy, siempre lo he sido desde que tengo memoria, y ello me ha metido en muchos problemas. Más de los que hubiera esperado, más de los que quisiera aceptar. Pero bueno, al menos siempre me comprometo al cien por ciento con lo que hago, llámese relación, trabajo o incluso un pasatiempo personal.
A lo largo de los años he conocido personas que jamás se han comprometido con nada, o con alguien, mi caso es lo opuesto totalmente, puedo tener el peor trabajo del mundo, y soy incapaz de faltar un día solo por el hecho de no querer ir a trabajar, no puedo dejar de lado las responsabilidades, simplemente no puedo. Algo similar me pasa con las relaciones, me comprometo, entro en ellas con los dos pies, uñas, manos y demás conjunto, asumo mi responsabilidad, me entrego en todo, tiempo, mente, espíritu, y en este momento es cuando empiezan a sentir pánico las personas del sexo opuesto, lo se, es atemorizante, tengo que vivir conmigo todos los días.
El problema es que en los últimos años, de manera intermitente, he estado en relaciones en las que tengo un pie dentro y otro fuera, y eso me da más miedo aún, ya que en mis grandes relaciones personales, aquellas que me han definido en muchos sentidos, en las que he estado comprometido en cuerpo y alma, no he salido tan bien parado. A partir de esos tropiezos, mi ausencia de compromiso se vuelve más escalofriante, no encuentro, y al parecer no quiero encontrar, ese pretexto para entrar en una relación bajo la cual me entregue por completo. Es miedo a que me destrocen el músculo ese que late de nuevo, o simplemente es tanto el temor de volver a sentir ese devastador sentimiento después de aquellas rupturas, tan presente, tan vívido, que prefiero estar solo en lugar de tener que pasar por ello de nuevo. No lo se. Simplemente no lo se, y eso es más aterrador aún.
Se que en cuanto encuentre a la persona indicada, todas estas palabras pasarán a segundo plano, o eso quiero creer. Solo espero tener la sensatez de poder entender lo que está pasando en el momento adecuado. Dentro de mi ridículo romanticismo tengo, mi poesía favorita, creo que define mi sentimiento hacía ese ente extraño conocido como amor de una manera tan delicado y elegante que es simplemente abrumador, en todos los sentidos.
Sin más, los dejo en compañía de la que es, para mi, la mejor poesía de amor jamás escrita:
Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
Now this is an english translation I found here, and make some minimal changes, hope you enjoy it, if is there some mistake, please tell me.
The sunsets and generations.
The days and none was the first.
The coolness of water in Adam's
throat. Orderly Paradise.
The eye deciphering the dark.
The love of wolves at dawn.
The word. The hexameter. The mirror.
The Tower of Babel and the pride.
The moon that Chaldeans gazed at.
The innumerable sands of the Ganges.
Chuang-Tzu and the butterfly that dreams him.
The golden apples on the islands.
The steps in the wandering labyrinth.
Penelope's infinite tapestry.
The Stoics' circular time.
The coin in the dead man's mouth.
The weight of the sword on the scale.
Each drop of water in the clepsydra.
The eagles, the auspicious days, the legions.
Caesar on the morning of Pharsalia.
The shadow of the crosses over the earth.
The chess and algebra of the Persian.
The footprints of long migrations.
The conquest of kingdoms by the sword.
The relentless compass. The open sea.
The clock's echo in memory.
The king beheaded by the ax.
The incalculable dust which was armies.
The nightingale's voice in Denmark.
The calligrapher's meticulous line.
The face of the suicidal in the mirror.
The gambler's card. The Greedy gold.
The shapes of a cloud in the desert.
Every arabesque in the kaleidoscope.
Each regret and each tear.
All those things were necessary