Un día, llegaron los otros días.
Y la máquina de escribir funcionó de nuevo
y las torres se levantaron otra vez
y el Sol decidió salir
y ya no había nada que incendiar más que a sí mismo
y decidió, mejor, bailar.
-¿A poco no? -dijo barrieramente Nohaytos.
-¿A poco no? -respondí.












