A la vuelta
Hace años que la izquierda lo escribió en piedra y ahora se había dado cuenta que tenía razón, al menos estar con alguien que sabe lo que quiere da cierta certeza. Pero el sistema sólo aparenta saber lo que quiere, o quizá lo que quiere es no comprometerse con nada sino solamente consigo en un monstruoso culto a sí mismo.
Tocaron el timbre, a la puerta llegó otro camión cargado con más paquetes dentro de cajas manufacturadas en algún lugar del mundo donde se permitía la contaminación absurda y la explotación de infancias. Recibí el paquete y antes de terminar de ingresarlo en la biblioteca, otro camión se había reportado en el timbre de la puerta y de su interior una fila de personas bajaban con más paquetes. Apenas estaba a la mitad de esa introducción anormal de objetos secretos dentro de cajas selladas cuando otro camión con paquetes llegó. Muros de cajas se hicieron alrededor y generaron una muralla, luego un castillo, luego una ciudad, luego un país y al final un planeta y un sistema planetario. Dejó de cargar las cajas al interior de la biblioteca, ahora la biblioteca estaba dentro de la ciudad de paquetes, dentro de un universo de paquetes, dentro de los multiversos de paquetes. Entonces entendí. No se trataba de que el sistema llenara un espacio vacío que ni todos los libros de un mundo podrían ocupar, sino de generar un sistema de universos afuera del sistema, que lo guardara, que lo protegiera o que lo encerrara para algún fin que ni el sistema conocía.
Se rindió, ¿será mejor decir que me rendí?, quizá sí sea más preciso. Ya no intentaba saber por qué el sistema había permitido pedir tantos paquetes, ya no intentaba saber qué había en esos paquetes y ya no intentaba siquiera acomodar los paquetes, clasificarlos, separar las cajas de los contenidos, apilar las cajas en una montaña. Pero tampoco estaba convencido de habitar un castillo de paquetes o una ciudad o un planeta o un universo o un multiverso de paquetes. Y regresé a la cuenta de que estaba esperando algo en este camino de la serpiente. Sabía perfectamente lo que esperaba y estar con un sistema que no sabía ni quería saber ni quería hacerse responsable de los multiversos creados con paquetes, llenaba mi vacío mientras aquello que esperaba llegaba.
Luego abrí la puerta y disfruté de la ciudad de los paquetes. Quizá podría construir una nave espacial con cajas y una lanzadera de cohetes y una estación espacial para ¿huir?, no; para explorar otros planetas de paquetes, otros multiversos en los cuáles mantener la esperanza de que lo que buscaba podría estar.









