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La figura no es el objeto
He escrito por lo menos dos ensayos sobre una forma de lectura a la que le he llamado "lectura de reacción". No abandonándome mis apreciaciones sobre este tipo de lectura (esos pensamientos nebulosos que rondan tu cabeza sin que desaparezcan del todo y de los que no te das cuenta ni tú mismo), el día de ayer me vino otra explicación, esta vez un poco más profunda que las otras que había escrito antes.
Comienzo primero con el escrito de Julio Cortázar que me saltó en los recuerdos sin razón aparente y del que surgió todo este periplo de explicación.
Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
El subrayado, para motivos de esta explicación, es mío.
Primero, hacer un recordatorio. Con eso de "lectura de reacción", me refiero a las imágenes que nos saltan en la mente tras de la lectura que hacemos de cualquier escrito, una lectura sin interpretaciones lógicas, filosóficas, etc. Leemos "es terrible cómo llueve" y vemos llover, así, sin más.
Ahora bien, gracias a nuestra capacidad de imaginación (que, por cierto, me acabo de enterar de que no es común a todo ser humano, desgraciadamente) podemos visualizar lo que he subrayado en el texto de Cortázar. Está prendida con todas las uñas... e imaginamos (es decir, vemos) a la gotita con las uñas por encima. Si recordamos la figura de esas gotas que quedan por unos instantes pegadas a los cristales, recordaremos que su panza cuelga hacia abajo, naturalmente, pero arriba hay no hay una figura definida, hay como unos dedos que apuntan hacia arriba. La imagen de la uña nos da una sensación de agarre (de hecho, esta palabra viene de "garra", precisamente), así que la imagen poética está completa. VEMOS a las gotitas desesperadas por mantenerse pegadas agarrándose con todas sus uñas, PERO NO VEMOS LAS UÑAS.
Y aquí es donde quería llegar. Gracias a poder de la expresión poética (por parte del autor, cualquier autor) y de nuestro poder de imaginación (ahora como lectores), visualizamos esas imágenes que tienen en cuenta más bien la función de lo que se nombra que del objeto en sí. Es decir, visualizamos el poder de las uñas, el de dientes, el insuflar de su barriga, pero no vemos la uña, los dientes, la barriga.
Con todo esto quiero destacar tanto la capacidad de los verdaderos o grandes autores de generar en nosotros las imágenes que desean que logremos en nuestra mente, en nuestros ánimos, tras esas lecturas de reacción que son muy válidas e indispensables para el goce de la lectura.
Por otro lado, quiero destacar la incapacidad de otros autores que denotan, con ello, su afición y no su dominio en la poesía. Por eso es que agregaremos...
Los otros atributos
Hasta aquí hemos analizado esta forma de lectura de poemas: la atribución entre objetos antes que la definición de las palabras. Pues bien, recientemente leí un poema de un poeta para mí desconocido (una disculpa) que me trajo la afirmación anterior, pero desde otro punto de vista, la asignación fallida de atributos. Otra forma de detectar poemas errados por reunir elementos sin su consideración debida. Citemos:
El equilibrista En la curiosidad de las ventanas que desgastan sus ojos en busca de sorpresas…
Basta con eso. Analicemos. Advertimos, rápidamente, que la función de atribución ha sido mal empleada de entrada puesto que vemos la ausencia de un objeto (sustantivo) suplantada directamente por un adverbio (curiosidad) y terminamos cayendo en un atributo falso: las ventanas no tienen curiosidad, las ventanas son y nada más. Claro que se me podrá decir que es una forma retórica y, por lo tanto, un recurso que puede ser empleado por cualquier poeta. Concedamos esta afirmación, pero lo que rechazamos es esa atribución falsa: las ventanas no pueden tener ninguna facultad humana.
Continuando con el siguiente verso, ¿notan lo ridículo que salta a la vista la asignación de ojos a una ventana? Si la ventana no tiene ojos, mucho menos va a sufrir agotamiento alguno, otra falla en el poema. Insisto, se me dirá que todos los poetas han asignado atributos de algunos elementos a objetos que no los tienen. Es cierto, pero los grandes poetas nos han hecho ver con naturalidad (hoy se le dice "de manera orgánica") que aquello que leemos es posible en el universo mismo del poema.
Habrá, no lo dudo, personas que sí logren hacer una lectura "correcta", la que el propio autor quiso dar al escribir el poema. Estos reajustes que hacen los lectores en realidad son una disculpa hacia lo que el autor no logró al escribir. No es infrecuente, entre el habla cotidiana, hacerse estos saltos cuando se está platicando en la calle o en la peluquería. No debemos tolerarlo entre escritores y poetas.
Creo pertinente hacer una corrección para incluir a algunos participantes que fueron omitidos en el poema original. Veamos.
El equilibrista Somos curiosos tras las ventanas a grado tal que desgastamos nuestros ojos en búsqueda de sorpresas…
Si bien con la presencia de nosotros hemos eliminado la posibilidad del uso de cualquier atribución, pero ya encontramos coherencia en el poema reescrito, como podemos verlo.
A pendulum reading please, are me and him going to get closer ? Have I met my husband yet and will I get the jobs that I want next year x thank you
yes, it cannot answer, yes
FELIZ DÍA DEL LIBRO LECTORES, TAL VEZ HAGA HOY UN MARATÓN DE IMÁGENES :3 *¬*
París era una fiesta.
“Te he visto, monada, ya eres mía, por más que esperes a quien quieras y aunque nunca vuelva a verte, pensé. Eres mía y todo París es mío y yo soy de este cuaderno y de este lápiz.”
El mejor libro del año según los lectores: ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’
La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, es una novela mentirosa. Sería, dicen, una novela que triunfa engañando a sus lectores: en contra de las leyes de la ficción criminal, se le dan al lector pistas falsas para resolver el asesinato sobre el que se construye la historia. “No debe someterse al lector a otros subterfugios y engaños que los que urde el criminal contra el investigador”, dictaba el clásico S. S. Van Dine, aunque ni él mismo respetaba su regla en las aventuras del detective Philo Vance. Pero enLa verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara) los personajes mienten o dicen lo que creen verdad y es mentira, porque las apariencias engañan. Y, si personajes que creíamos vivos están muertos, el narrador sabe lo mismo que sus lectores, nosotros. No ha querido embaucarnos. Como en toda novela de misterio, el criminal tiene la obligación de decir que no es un criminal, y el detective debe equivocarse muchas veces para no resolver el enigma hasta la última página, de modo que, para bien de sus lectores, la novela no se acabe al principio. Es lo que pide el público, entretenido, sobresaltado, desconcertado, mientras intenta descifrar la adivinanza, encantado por el juego de manos: ¿lo que parecía ser un héroe es un farsante? ¿El monstruo es un ángel, o es al revés? Supongo que esta novela sorprendería al propio Jöel Dicker según la iba escribiendo, según iba contando la historia de cómo un novelista, Markus Goldman, inventa la obra que creía no poder escribir.
vía : http://goo.gl/FY1v4N