No era ni medianamente posible que su madre la estuviera tratando de la manera en la que la estaba tratando. Los había llamado, a su familia, porque había conseguido el tiempo para hacerlo. Entre las habitaciones por arreglar y los clientes que atender se había perdido incluso de la primera planta del hotel y ahora que tenía el espacio para atender un poco a su familia, le daban la espalda. No lo comprendía ¿Tan mal estaba que ella quisiera hacer algo con su vida aparte de mantener una pequeña granja y a familia? Claro, porque la responsabilidad mágicamente había caído sobre ella por el tema de su padre, no en su madre.
Estaba molesta, impotente y con muchísimas ganas de llorar. Quería gritar y romper cosas, pero necesitaba el trabajo y no quería salir a la calle o llegar a su casa y destrozar lo poco que tenía, así que, cansada y sin soportarlo más, simplemente se quitó el delantal blanco que le hacían usar y se tiró al piso, juntando las rodillas a su pecho . Así, por lo menos, se haría pasar por una clienta más y no la regañarían o le bajarían el sueldo. Escuchó pasos, por lo que se escondió aún más en sus rodillas, esperando que la ignoraran como siempre hacían.













