Las paradas del metro son muchas, pero cuando llegué a la mía estaba extraña, era el número, pero la apariencia, esa no. Al inicio fue interesante pensé que quizás la habían remodelado, pero entre más me adentraba en busca de una salida,sentí cómo mi vida se iba consumiendo. Era curioso, pero cada paso que daba era mas lento y más agobiante, sino tenía cuidado pisaba suelo resbaloso.
En esos días de exploración, tropecé y creí haber aprendido algo, en realidad, no. Cada paso era minucioso, pero entre más avanzaba los peligros eran mayores hasta que la salida se comenzó a volver un sueño porque no aparecía, cuando intentaba volver se me castigó.
Supongo que, solo volver a la luz no esta permitido, pero ¿Y sí hay menos dónde pisar?¿Cómo avanzo?
No hay nadie más, sólo estoy yo y ese pasillo infinito con pruebas constantes estoy cansada, tengo sed. Hace 60 días que estoy acá, tengo hambre, pero no muero, tengo cansancio, pero no puedo dormir.
¿Es así cómo debo vivir?¿Y sí esto sólo esta en mi mente? Quiero creer que es así, que este es un mal sueño y que al contar a tres todo desaparecera.
Soy una asesina del amor, no porque no ame o no sepa querer, quiero tanto que me llevó al límite. Nunca me ha importado sacrificarme, porque para mí tiene un sentido amar, aunque a veces duela, aunque a veces me sienta en el aire, aunque me sienta drenada, porque cuidar es sinónimo de amar.
Doy mi amor hasta quedar sin nada, sola y drenada. Siempre he creído que existo para curar corazones, llego a construir, a mostrar que existen nuevos caminos... y ahí, en ese valle de oportunidades, sueltan mi mano. Nunca me esperan, nunca dejan que me recupere y que juntos avancemos...
Así que me voy por dignidad, orgullo quizás. A veces desearía que alguien insistiera, porque al sentirme así, tan sola, creo que no tengo un lugar, tan desencajada, que solo puedo pensar en lo difícil que quizás es quererme, en lo complicado que puede ser tomar mi mano.
Conozco cada discurso, el que se sorprende porque me voy, hasta el que en esa despedida me reclama no haber sido suficiente. ¿Cuánto más habrían querido tomar? Lo di todo, y aun así no fue suficiente.
Soy una asesina del amor, porque la mayoría de las personas a mi alrededor son parásitos, no saben querer, no saben amar y menos valorar el amor que les doy.
No necesito que me adoren, la realidad es que, aunque me sea difícil aceptarlo, soy consciente de lo compleja que puedo ser. Sé que soy más que un rostro bonito, y que hago que la vida suene fácil. Finjo modestia, pero tengo un ego grande, de esos... que siempre opaca al mediocre.
Soy una asesina del amor, porque estoy cansada de falsas promesas, que en medio de todo termino eligiéndome, y cuando lo hago... los dejo, ahí, sin mí. Con su mierda, con su falta de amor.
Los dejo con ellos, entonces, desde mi trono en el que creo y destruyo, los veo querer volver a someter mi corazón, pero lo que descubren es que todo ese tiempo fui yo quien dio el permiso para que lo habitaran, pero también, quien quitó esa gracia.
Soy una asesina del amor, porque nadie me ha querido como yo quiero, porque nadie parece hablar mi idioma, porque pareciera que por más obvio que haga mis intenciones, jamás son suficientemente claras. Quizás, sólo quizás, no sé decir lo que ocupo, pero tampoco nadie pregunta, tampoco nadie ha intentado conocer mis fantasmas.
Conozco cada sombra, cada gusto, cada mueca, cada alergia, cada forma de pensar... pero ¿alguien alguna vez ha sabido algo de mí? No. No importa cuán elocuente, cuán franca o clara sea, nunca escuchan. Nunca me eligen.
Soy una asesina del amor, porque me cansé de que me doliera, me cansé de sentirme vacía, me cansé de alimentar hordas de basura, me cansé de esa falta de amor, me cansé de sacrificarme como un cordero, me cansé de querer salvarles de su mierda, me cansé de tener el control, me cansé de su victimismo, me cansé de escuchar las mismas dos palabras, tan vacías y sin sentido; no sé cómo tienen el coraje de ahuecar las palabras más hermosas del mundo.
Me volvieron una asesina del amor, porque no me amaron, sino que amaban cómo yo les hice sentir, cómo yo los llevé al reino y cómo siempre estuve, a pesar de que nunca estuvieron.
Acepté ser una asesina del amor, porque en mi complejo de salvadora, les di lo que pidieron: la amiga, la novia, la amante, la romántica, la sanadora, la rebelde, la dependiente, la autosuficiente, la esposa, la puta y la perra, que se fue cuando ya no soportó estar.
Soy la asesina del amor, porque me cansé de amar, me cansé de querer y sentirme sola.
Soy la asesina del amor, porque ahora mi corazón está escondido en un cofre como David Jones.
Me llaman la asesina del amor, porque quiero, pero no tanto. Me llaman así, porque pasar de página nunca había sido tan fácil.
Dulces notas llenan mi mente, hacen que mi cuerpo se mueva al ritmo de aquella melodía en donde el piano y la guitarra son inexistentes, pero suena magistral.
El viento que entra por el balcón y hace que mi cabello baile a su favor mientras la sed de mi alma va siendo calmada, después de todo Jud tenía razón, la música realmente puede calmar hasta la bestia más fiera.
No puedo sostenerme más, pero mis pies no paran, el bit de la música hace que siga con el fouetté, una y otra vez. Entonces me alcé al ritmo de los corazones solitarios, esa maestría en huir me hace entender que no es momento para un grand jeté, sino para mantenerme en pilé.
Los recitales son el sueño de muchas, pero algunos más nos hemos vuelto guardianes eternos en donde cuidamos que ellos no caigan, siendo nosotros quienes les amortiguamos. Hay sueños que se deben quedar sobre la almohada y permitir que Degas retrate ese perfecto battement.
El croisé devant, no es la especialidad de Potocki, pero sí la realidad humana desde una paleta cromática perfectamente oscura llena de cinismo y dolor.
Por L.J.Grey
Nota: este escrito se utilizó en un perfil RPG que me pertenece.
Han pasado años, cuatro historias amor, un engaño, ni un solo cigarro en la cuenta y cinco botellas de sake sobre la mesita de café.
Tres salidas, ninguna fiesta, aun, y sigo esperando nuestra eterna canción.
En la radio aun suena All Of You y Suffer, resuenan en mi auto, y aun no regresas.
Besos sobre el aire, anhelos sin destinatario y sueños vacíos sobre el buro.
Desde la cima, en el monte de Sion veo a los mortales, te busco, pero mis ojos no llegan más allá de la N Seoul Tower en donde nació esto, y en donde todo murió.
Me había dispuesto a olvidarte, en realidad, a enterarte a mil pies bajo tierra.
No porque quisiera seguir con mi camino, y olvidarte, sino porque deje de saborear esa gloria que en los labios de mi amado ya se hacia. Pero...dime ¿Por qué? ¿Por qué vuelves vestido con tu pajarita azul y ese delicioso roma a aramis mezclado con la menta de esos cigarros tuyos?
Sólo quiero que me dejes ir, para vivir mi osada libertad junto al que amo, junto al caballero de armadura negra.
¿Por qué osas en retarme? Tan sólo quiero morir en sus labios, perderme en sus caricias y fundirme en su piel como si fueramos una sola carne, en una misma sintonía.
Sólo déjame perderme en mis fantasías más perversas en las que no cabes tú, pero sí mi amado, mi tesoro, mi dulce amor.
Te lo dije antes, en mi vida no existes más; tan sólo eres un acompañante de mi inconsciente y el amante de mis pensamientos. ¿Lo has pensado? Ya no hay espacio para ti.
Al despertar, una vez más te encontré, el aroma de La Lune 18 de Dolce and Gabbana invadió mi cuarto. Me recordó a mi cuando estaba contigo, me recordó a ti cuando estabas conmigo, me recordó a nosotros cuando aún había vida.
Recuerdo tu aroma a fresco y cítrico, tan bien combinado a ti.
Sin duda la Light Blue era un perfume que encapsulaba tu esencia, algunas notas dulces, frescas y juveniles, acompañadas de ese contraste ácido y feroz.
Como te digo, al despertar te encontré, en mi mente, en mi desorden, en mis sábanas.
No sé, quizás desee tanto verte, sentirte una vez más que mi mente me la jugó.
Al despertar me encontré con lo obvio, el tiempo siguió, pero aquel perfume que tanto te gustaba regalarme se quedó justo donde lo dejaste la última vez que te vi. El tiempo pasó, pero todo lo que concierne a ti, sigue aquí, conmigo, sin ti.
Tal vez me acostumbre a extrañarte, o quizás sigo pensando que estás allá fuera.
Quizás, solo quizás deseo despertar y encontrarme contigo.