“No suelo serlo. Ojalá mi respuesta no te decepcione.” Después de todo, no miente. La verdad es que debe aguantarse un par de risas traicioneras para cuando habla— si tan solo la verdad saliera a flote en ese instante... Theodore no sabría decir con exactitud qué podría resultar de una situación tan complicada como ese simple pensamiento. Las palabras ajenas, sin embargo, le ayudan a no pensar más en ese escenario— en cambio crean uno más en su mente que no estaba previsto. Inevitablemente, aparta su mirada de manera esquiva, es una fortuna que ahora esté bajo la influencia de la mezcla atroz de bebidas que ha hecho momentos atrás, porque no sabe qué sería de él estando sobrio. “La próxima vez me iré por la segunda opción,” afirma, aunque no sepa siquiera si habrá una próxima. Solo se le ha ocurrido que se siente bien seguirle el juego, aunque la parte trasera de su consciencia salga de vez en cuando a recordarle que no tiene derecho alguno a jugar con fuego. Claramente, el Theo de esta noche ha decidido ignorar su propio sentido común. Una de su manos en cambio, se aventura hasta la cintura ajena, atrayéndola más hasta él mientras su cuerpo parece volverse uno con la música que rebasa por todo el recinto. “Usualmente no soy egoísta con la información,” comienza, de nuevo aprovechándose de la cercanía entre ambos para susurrarle con cierto aire de complicidad. “Pero creo que es apenas justo que me lo reserve si aún no puedo obtener el tuyo, a no ser que sientas la suficiente misericordia como para dármelo ahora.” Cuando termina, no puede evitar perderse en su oscura mirada. Hay algo de ella que le resulta hipnotizante— peligroso, incluso. “¿Hacemos un trato o debo prepararme para más juegos mentales?”