Tiene poco interés en ocultar la natural curiosidad que siente al encontrarse en el espacio privado del Ventrue, aunque una parte de sí no deja de preguntarse qué tan personal puede resultar para él, o si al contrario, puede ser un poco como su propio departamento lo es: un simple escondite que, eventualmente, tendrá que vender cuando necesite dinero, que no se preocupaba por adornar más allá de lo necesario porque sabía que, más pronto que tarde, tendría que dejarlo. Pasos calculados lo llevan por el lugar ordenado, minimalista, aparentando con facilidad indiferencia, a pesar de que su atención se encuentra, como suele ocurrir, en la presencia del más joven. "¿Qué? ¿No me vas a mostrar las ocho habitaciones de este lugar, o a contar una historia sobre cómo alguien quería comprar este sitio antes que tú?" exagera al volver hacia el contrario, curvatura sobre carmines denotando intención que carece de seriedad, burlándose de aquellos gestos superficiales de quienes ven una propiedad como un logro. "No estás siendo un buen anfitrión~" acusa al fruncir ligeramente los labios, llevando diestra a sujetar la prenda superior del francés en un puño y tirando de él hacia sí, su rostro cercano al suyo. "¿O es que tenías otros planes al traerme aquí?"