La jaqueca que consumía la cabeza de Aries en ese momento era un peso que no le dejaba ni siquiera abrir los ojos, y tampoco es que quisiera hacerlo, no sabía donde su trasero estaba y eso si que era un problema. No tenía la noción del tiempo ni de su posición, haciendo que su pecho participara en una leve desesperación. Tenía recuerdos vagos, algo de lo cual siempre le habían advertido. Y también (con el tiempo que llevaba acostada en ese lugar que para sus ojos era oscuro) había conseguido ejecutar dos teorías. La primera (que le parecía la más emocionante); consistía en que había muerto y que estaba vagando por lo que se debería llamar el más allá. La segundo (un poco más realista y más cercana a tener los pies en el suelo) era solamente que estaba en un muy mal estado y alguien cuidaba de ella. No le parecía muy justo o algo honroso ser cuidada por alguien; ella podía estar bien sola, como siempre. Así que, juntando fuerza, abrió los ojos. Tuvo que entrecerrarlos al instante para no cegarse con la luz de la habitación. Techo blanco, paredes blancas. Parecía ser un hospital, hasta que vió imagenes de artistas que podía reconocer como a the beattles o también elvis presley, vió cuadros familiares, sintió un aroma a varón, sentía el colchón bajo su cuerpo. A salvo. Se sentía a salvo. Y junto más fuerzas para voltear su cabeza, y vió la imagen de un muchacho castaño, dormido, apoyado a la mesita de noche que estaba próxima a la cama. ¿Quien era él y porqué lo sentía tan cálido? Recordaba a penas como ella había caído vergonzosamente en sus brazos después de recibir una herida, había sentido por primera vez lo que era ver las imagenes de las personas que más amaba delante de sus ojos. Estaba agradecida. Se recostó de nuevo, permitiéndose descansar a penas. Aún seguía preocupada por sus compañeros que al igual que ella, estaban luchando en las calles por terminar con el aprisionamiento de su pueblo. Mierda. Debía salir e ir ayudarlos. Pero sentía el dolor en su costilla derecha. Se enderezó e inspeccionó las bendas que la rodeaban, tuvieron que ver su abdomen desnudo para hacerlo. Ahora estaba enojada. ¿cómo es que ese joven se había dado el derecho de ver su cuerpo? No señor, no guardaría silencio. Se sentó en la cama con dificultad y arreglo su garganta. —disculpa ¿podrías dejar de dormir y decirme como mierda hiciste para bendarme? Él nisiquiera parecía estar vivo. —Te estoy hablando y cuando una mujer habla se le mira a los ojos. Nada, ningúna respuesta. — ¡¿es que no puedes dejar de dormir por un minuto?! –que voz tan chillona para despertar a alguien. —por fin despiertas. Me puedes explicar ¿cómo me bendaste? —quien diría que hasta enferma puedes roncar. —no hablo de eso en este momento–contésto seca. —yo tampoco. Ahora, si me disculpas, preguntaré por tu salud ya que como me exigiste antes de desmayarte, debo sacarte viva de este lugar. ¿su majestad esta bien? –no soy ninguna reina para que me trates de ese modo, solo soy Aries y sí, estoy perfectamente ¡coff coff! –toció Aries, interrumpiéndose. —excelente, excelente –celebró sarcástico Libra. —tendrás que reposar y depender de los cuidados de este amoroso hombre. —en tus sueños. Aries puso los ojos en blanco y se recosto por la continua toz. Esto se haría una laarga travesía.