De la misma manera que la vida evoluciona por la supervivencia diferencial de los genes, la cultura evoluciona mediante la supervivencia diferencial de replicadores culturales, o “memes'', unidades mínimas de información y replicación cultural, que se someten también a un proceso de selección.
El neologismo “memes'' fue creado por Dawkins por su semejanza fonética al termino “genes'' (introducido en 1909 por Wilhelm Johannsen para designar las unidades mínimas de transmisión de herencia biológica) y, por otra parte, para señalar la similitud de su raíz con memoria y mímesis. Según Dawkins, nuestra naturaleza biológica se constituye a partir de la información genética articulada en genes, y nuestra cultura se constituye por la información acumulada en nuestra memoria y captada generalmente por imitación; en un sentido profundo, toda producción o contenido cultural es un meme. Su estatus ontológico no está en duda. Pertenecen al ámbito de lo real, su estatus epistemológico ha sido cuestionado, sin embargo, provocan una organización cognitiva en las mentes tanto en su creación, como en su lectura. Generan significados dinámicos. Se mueven en la intertextualidad; el fenómeno implica la actividad y la pasividad de los usuarios, la cooptación y la resistencia, se explica por la digitalización, por la convergencia mediática, transmite la cultura, pero también la reconfigura. Hay diversos agentes que participan del meme: las compañías transnacionales, el fan, el interferidor cultural, el bloguero, el troll, el usuario común. Los memes involucran a varias subculturas, políticamente generan un sentido de pertenencia, pueden estar al servicio de instituciones, pero también pueden ser formas de resistencia. La cultura participativa denota una pugna entre quienes controlan la comunicación de forma corporativa y quienes desde la web participan de ella. La propagabilidad puede reconfigurar los límites de las instituciones políticas, culturales y centrales.













