Conciertos en lugares especiales
Hace un par de días me preguntaron en una entrevista qué opinaba sobre el florecimiento de música en directo en lugares en los que, hasta ahora, casi nunca se habían programado conciertos.
La cosa es que me quedé pensando y, recordando los últimos directos que hemos hecho, me doy cuenta de que prácticamente todos han sido en lugares especiales: un jardín privado en Jerez de la Frontera (live on the moon), el Salón del vino de la Guía Peñín, una casa en el centro de Madrid y una galería-espacio cultural también en la capital. También hubo un concierto precioso en la Sala Berlín de Zamora (una sala de conciertos, sí, pero con un público familiar y muy agradable.)
Me doy cuenta del buen ambiente que se suele crear en estos espacios, sobre todo la cercanía con el público, las charlas entre canciones, el respeto mutuo. Sin embargo, no siempre siempre es fácil, a veces no tener un micro delante que te permita jugar con las distancias es complicado, hablar con la gente sin la presencia extra que añade una tarima, sea ésta más baja o más alta, hace que la interacción con la gente sea más directa, y una no tiene tantas tablas, señores, y a veces se mete en unos ajrdines de los que no sabe cómo salir.
En otras ocasiones, ésas en las que tocas como parte de un evento cuyo público está centrado en otros temas, debes aceptar que la gente no ha venido a verte a ti. Así que tocas, cantas, y lo haces lo mejor posible, como siempre. Al final siempre hay alguien que se acerca a decirte que le ha gustado tu música.
Con coffee&wine tenemos la gran suerte de poder adaptarnos a lugares variopintos, pero ojo, que aún hay salas que se esfuerzan por programar buena música, que invierten dinero en equipo y acondicionamiento acústico para que ésta suene bien y, sí, algunas hasta te ofrecen buenas condiciones económicas (en serio, las hay.)
Resumiendo, no sé a qué quería llegar con este texto. Así que un brindis por ellas y por toda la gente que programa música, así en general, vaya.