Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloro mis lagrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
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Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloro mis lagrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
A pedido de una persona, y porque tengo poca dignidad he decidido mostrarles este horrendo fanfic que tengo guardado desde hace mucho en una caja fuerte porque ahora me da vergüenza siquiera admitir que hice esto.
de nuevo, este fanfic no se hizo cuando estaba en mis cinco sentidos, estaba bien dormida y no pienso bien asi que por eso tal vez sea horrible y se note mi poca habilidad para escribir.
TW TW TW TW TW TW TW TW
este fanfic tiene dos personajes haciendo el amor en un cementerio, es lo más cercano al canon que se me ocurrió no le digan a mi familia porque voy a perder la herencia (cual bruh)
Cuando alguien como Herneval se te llega a acercar, la reacción más válida de todas es asustarte. Es lo más razonable: Un hombre, bueno, un ser con apariencia de búho y humanoide a la vez sería una vista algo perturbadora para cualquiera que fuera decente.
Después de todo, no es algo a lo que el humano está acostumbrado. Solo en los libros ocurría tal cosa, y en su mayoría terminaba mal. Solía terminar en alguien muerto y en horror puro, un odio inmenso hacia el monstruo es a lo que uno se acostumbra.
Pero para Francisca Imelda esta era una situación algo diferente.
Ella y Herneval habían empezado a verse en el cementerio, justo en frente de la tumba de su abuela. Se veían casi que todos los días, pues siempre se aseguro de ir a aquel lugar para traerle sus cuentos diarios (aunque el susto no tenía problema con escabullirse a su casa para leerlos, pero Francisca sabía que si algún hermano lo veía este ya no iba a volver al reino de los sustos nunca). Era un buen lugar para verse, más en especial porque era algo discreto y nunca los llegaron a cachar mientras ella le leía.
De vez en cuando, llegaron a agarrarse de la mano. Bueno, no agarrarse, más bien un roce de dedos de forma cariñosa. Pero incluso con ese pequeño roce, ambos podían ponerse completamente avergonzados. Herneval se ponía nervioso, como si le hubiese visto cambiándose. Francisca se ponía roja, algo avergonzada por tener ese tipo de contacto con él (que era fuera de lo formal, según ella). Ambos se disculpaban por tal actitud contra el otro y volvía a la normalidad.
Con el tiempo de conocerse, algo dentro de la joven escritora cambió. Su actitud empezó a ser un poco más atrevida y sin pena. Posiblemente debido a que su abuela ya no se encontraba algo dentro alrededor de ella como para regañarle por decir atrocidad tras atrocidad (que para ese tiempo serían solo comentarios algo leves en contra del mal aroma de sus hermanos cuando remendaban calcetines). A Herneval no le molestaba, en realidad, le fascinaba ver su verdadera actitud. Tal manera de actuar hizo que empezara a ampliar su vocabulario (el cual ya era extenso, conociendo palabras que ni siquiera el pesadillero real conocería).
Un día, mientras platicaban de su nuevo escrito, la joven notó que el susto actuaba algo raro.
— ¿Por qué tan tímido, Herneval? — Preguntó, aunque se podía notar la burla en su voz. Era extraño (y adorable) verlo de esta manera. Como si le quisiera decir algo, pero él mismo sabía que sacarlo de la lengua sería la cosa más inapropiada del mundo.
— N-no es nada, Francisca, solo pensando en los deberes reales. — Comentó, aunque su boca tropezaba con cada palabra. Estaba reprimido por algo, y ella tenía que saber de qué se trataba. — Sígueme contando del poema que andas haciendo. — Intentó cambiar el tema, aunque ya había despertado por completo la curiosidad de la pecosa.
— ¡Claro que no! ¿Qué te sucede? — Insistió, cambiando su posición para voltear hacía él completamente. Cerró su libro y lo alejó de ambos, asegurándose de que él no intentaría esconderse tras este. Al no ver respuesta alguna, la mejor idea que tuvo fue seguir y seguir. — Herneval, por favor. — Se acercó, abrazando su cuello y poniéndose en su regazo sin notarlo para intentar hacer los ojos de perrito para que le contara.
Poco sabía que esto causó reacción física del búho, haciendo que se le esponjen las plumas de la completa vergüenza que sentía en aquel momento. Solo podía pedirle a Dios que no notará para nada lo que sucedía dentro de sus pantalones. Obviamente, Francisca sintió algo tocando su falda. Tardó unos diez segundos en darse cuenta de lo que había causado, alejándose completamente de él para darle su espacio. Se quedó callada, con su rostro más rojo que en cualquier otra situación rara entre ellos. — No me había dado cuenta. — Comentó nerviosa, intentando tapar lo que había hecho.
Herneval solo disimuló la situación, intentando parecer despreocupado de lo que acababa de suceder. — No pasa nada, no te preocupes. — Le dijo, cubriendo su erección con la pierna. Toda esa actitud que podía tener sin pena, era algo de admirar. Si eso le llegara a pasar a Francisca (si es que hay algún universo en el que es hombre), se quedaría encerrada en su cuarto para que la vergüenza (y el hambre) la matara.
Toda esa tarde fue incómoda, ninguno se pudo ver a los ojos. Parecía que tomaban turnos para esconderse tras el libro de la joven. No pudieron sentir más humillación en toda su vida que en ese mero momento.
Una semana después de lo ocurrido, Francisca estaba en la calle, pensó en qué hacer para compensarle lo sucedido (el tema se le había devuelto a la mente gracias a que vio unas plumas rojas en el suelo). Tal vez lo mejor sería traerle comida, tal vez algún accesorio o un cuento lo suficientemente largo como para que lo leyera en dos semanas.
¡Listo!
Hacerle unos pastes dulces. Ya de por si a él le gustaban mucho, sería una buena idea. Se fue corriendo para su casa, una casona algo aislada de los demás debido que a su padre le gustaba estar aislado de la gente. No entendía bien el por qué, solo sabía que nadie le quería hablar ni a él ni a sus hijos, tal vez era su forma de contribuir al hecho de que nadie quería a los Straffon.
Al terminar de hacer la docena las puso todas en una canasta, llevó su libro, y se fue rumbo al panteón.
Herneval se encontraba ahí, lo que llevó a un suspiro de alivio. Lo saludó y se sentó junto a él mientras se quitaba su sombrero y lo ponía al lado de la canasta, la cual ya se encontraba en el suelo entre los dos.
— Quería pedir perdón por lo del otro día. — Mencionó, mientras sacaba un paste con sus manos y se lo daba a Herneval. — Hice estos. — Se podía notar, pues tenía un poco de harina en el vestido. A pesar de ya tener buen manejo de los ingredientes, no podía evitar soñar despierta, distraerse, y que hiciera un desastre en el lugar y, muchas veces, en su ropa.
Herneval contestó con una risa, se veía más confiado que esa vez. — Ya te lo dije, Francisca, no te preocupes. — Comentó aún con su risa dulce, lo cual hizo que Francisca se sonrojara, dejó el paste dentro de la canasta para verla bien. Al escuchar aquella risilla nerviosa de la joven, fue hasta ella para rozar su mano. Aunque seguía siendo un toque nuevo para ambos, ya no se sentía tan atrevido como cuando apenas se conocieron.
De pronto, era más un agarre a la mano que un roce. Las manos tenían mentes propias en ese momento, dejándose acariciar por la otra, mientras sentían la diferencia de tamaño entre ambas. Después, se acercaron un poquito más. Lo suficiente como para que pudieran sentir la respiración del otro. El aire era más espeso que hace cinco segundos, había una tensión fuerte, se miraban a los ojos y ninguno quería alejar la vista del otro. Herneval admiraba los ojos de Francisca, aquellos ojos color avellana que lo miraban tan fijamente. Mostraban algo más que un simple cariño, mostraban deseo.
— No me mires con esos ojos. — Murmuró el príncipe, acariciando la mano de la humana. — Que me deslumbras, Francisca. — Terminó de hablar para volver a aquel silencio que nunca fue incómodo, era su manera de analizar al otro sin discreción.
Francisca seguía con la duda de si dejarse llevar o si de aguantarse para mantener la dignidad. Después de todo, se encontraban frente a la tumba de su propia abuela. ¿No sería mejor aguantarse un poco? Pero Herneval era muy reservado, y estas oportunidades no llegaban siempre que uno lo pidiera.
Al diablo, ni me caía bien la mujer. — Pensó, para lanzarse encima de él y juntar labios. El beso era algo torpe, pero era uno cariñoso y eso era lo que contaba.
Al principio, el susto no reaccionó, solo dejaba abiertos los ojos para ver si lo que sucedía era real o un sueño. Pero en cuestión de segundos se dio cuenta de que, efectivamente, esto sí estaba sucediendo y puso las manos encima de la cintura de Francisca. Al cuerpo de la mujer le dieron escalofríos, nunca había intercambiado este tipo de toques con alguien. Por lo que el siquiera pensar en tocarlo era algo que la podía dejar despierta toda la noche.
Se separaron en cuanto se les fue la respiración, Francisca se levantó para quedar sentada encima de Herneval. Su pecho subía y bajaba mientras intentaba recuperar el aire. El búho sólo admiró como era la imagen perfecta de la escritora: La mujer estaba roja, con jadeos que buscaban obtener oxígeno, su cabello adornando su cara y encima suyo. Era la mujer más hermosa que había conocido en toda su vida, y era la que más amaba.
Sin esperar mucho, volvieron al beso. Habían empezado a agarrarle ritmo a la situación, y en cuestión de segundos ya se encontraban besándose desesperadamente. Herneval acarició las piernas de Francisca por encima de la falda, piernas las cuales al estar encima de su torso lo obligaba a quedarse en el suelo, mientras que el beso de profundizaba cada vez más. Ya no era solo un beso, era un baile entre las lenguas de ambos, era una manera de demostrar lo mucho que disfrutaban el momento.
Se acomodó para quedar sentado, separándose del beso y dejando un hilo de saliva como lo único que los unía, para luego empezar a jugar con el cabello de la pecosa. Ella puso las manos sobre su pecho emplumado, moviéndolas para acariciar y sentir las plumas. — ¿Te gustan mucho, Fran? — Preguntó de manera genuina. Ella solo asintió, mientras que alejaba sus manos y empezaba a quitarse la blusa de manga larga que traía puesta. Mostró su corsé blanco, para luego agarrar las manos de Herneval para ayudarle a desabrocharlo.
Ahora solo quedaba la ropa interior que usaba debajo del corsé, la cual se quitó con facilidad. Eso no lo hizo sin antes quitarse las faldas, las medias y las botas que traía. Mostrándose desnuda ante el príncipe. Herneval solo pudo esponjarse, mientras sus manos temblaban. — ¿Puedo? — preguntó, acercando sus manos con timidez y ternura.
— Por favor.
Eso era todo lo que necesitaba para confirmar, sus manos empezaron a viajar por encima de su piel morena. Llegó a sus senos, los cuales acarició con sumo cuidado. Acercó su boca para lamer sus pezones, los cuales se encontraban erectos y buscaban su atención. Francisca jadeó, intentando no hacer ruido como para que los cacharan, pero no pudo evitar gemir alto cuando mordió suavemente uno de estos. Su espalda se arqueó y su cabeza se fue para atrás, intentando manejar todo el placer que sentía en aquel punto.
Lentamente, Herneval también fue quitándose la ropa. Inició con su chaleco, luego con su camisa y su paliacate, y al final se quitó los pantalones. Puso su chaleco en la superficie antes de que pusiera a Francisca encima de la prenda de ropa, pues no quería que el pasto la incomodara. Puso las piernas de la escritora sobre cada hombro. Al poder ver su vulva, se lamió dos dedos de la mano e insertó uno lentamente. Francisca se mordió el labio como forma de mantenerse callada. Pero su rostro lo decía todo, era una “sigue, por favor” muy sutil.
Se movía en círculos cuidadosamente, Herneval volteó a verla. Sonreía al ver que lo disfrutaba. Francisca solo podía pensar y perderse en la cabeza con cada idea que se hacía como reacción al placer.
— Si así son los dedos, ¿cómo será el…? — Se vió interrumpida en cuanto entró el segundo dedo. Daba embestidas suaves, pero sus dedos eran tan hábiles que solo golpeaba el punto g. Herneval encontró el clítoris de la joven en poco tiempo, rozándolo con su pulgar para causar que sus piernas temblaran. — ¡Sigue, por favor! — Rogó, mientras sus gemidos nublaban su mente. Herneval seguía moviendo los dedos, pero se había encargado de lidiar con otras zonas dejando marcas en la piel del cuello. Francisca lo abrazó del cuello, para no dejarlo alejarse.
Después de unos diez minutos, Herneval habló. — ¿Tus piernas se sienten bien? — preguntó mientras sacaba sus dedos. Francisca contestó con mover sus piernas, ahora abrazaban el torso del joven, lo cual causó una risita de parte de él.
Su punta del pene se ponía frente a la entrada de la joven, rozando sus labios inferiores. Francisca solo podía ver la escena con desesperación, necesidad y deseo puro. Sus piernas abrazaron a Herneval en cuanto entró, ni siquiera supo cómo cupo dentro. Se quedó quieto por unos segundos, esperando a que ella se acostumbrara un poco a la posición.
Francisca movió sus caderas, haciendo que él empezara a moverse lentamente, para dejarlo dar embestidas profundas. Empezó a morderse el labio más fuerte, aguantando hacer ruido, nunca pensó que harían el amor en un cementerio. Intentaba formular alguna palabra, pero por primera vez no se le salía nada de la lengua que no fueran jadeos.
Lentamente fue acelerando, aunque le dolían las muñecas de apoyarse tanto en el suelo. El sonido de la piel morena de Francisca chocando con su cuerpo lleno de plumas le prendía más de lo que le gustaría, le frustraba un poco pero bien sabía que él le había seguido el rollo a la joven. Con su mano izquierda le quitó el rizo que cubría el rostro de Francisca, para acercarse a su rostro y darle un beso. Seguían siendo algo torpes, pero había tensión en el beso. Cuando se separaron, solo un hilo de saliva los conectaba al otro. El aire era completamente espeso, incluso algo caliente y asfixiante.
Se fue directo al cuello, dejando aún más marcas. Estas eran más chupones que mordidas, pero seguían siendo bastante visibles y no serían fáciles de ocultar. Sintió la necesidad de Francisca cuando agarró sus mejillas para besarlo nuevamente. Herneval seguía el mismo ritmo dentro de ella, mientras Francisca se aseguraba de que ambas lenguas se acompañaran en lo que ahora era un baile lleno de pasión. Siguieron hasta que se les acabó el aire, jadeando mientras sus pechos iban de arriba para abajo al buscar recuperar la respiración.
Francisca abrazó a Herneval del cuello, viendo su reacción con cada embestida que daba. Estudiaba las plumas esponjadas del príncipe, plumas rojas y hermosas que resaltan entre el pueblo de tonos cafés. Sus ojos ámbar, los cuales la miraban con cariño, ahora parecían algo cansados por toda la acción del momento. Ella también se encontraba sudada y cansada del movimiento, pero no quería parar.
— Francisca. — La llamó en un sutil susurro. Lo que la hizo estremecerse bajo él. — Estoy b-bastante cerca. — Le hizo saber con un poco de alivio.
— Lo quiero adentro. — Contestó, algo nublada por el placer.
— ¿Segura? — Se le quedó viendo, queriendo asegurarse de que esta fuera una decisión que hizo dentro de sí misma. Ella solo pudo asentir.
Le cumplió el capricho, sintió la semilla salir de su cuerpo y entrar directamente en el de ella. Francisca no se había dado cuenta de que ella también había llegado al orgasmo, debido a que no hubo mucha señal a parte de la tensión de los muslos y su rostro completamente rojo. Ambos al mismo tiempo, vaya que eso sí es química en el amor.
Se quedaron quietos en la misma posición por un rato. Francisca estaba tensa, por no decir que confundida con la situación en cuanto salió del momento de placer. Herneval se encontraba sorprendido de haberlo hecho siquiera, salió de ella con cuidado intentando evitarle un dolor.
— Eso fue… ¡asombroso! — Opinó la joven, mientras se lanzó para abrazarlo y darle un beso en la frente. Herneval la cubrió con sus alas, para que cualquiera que entrara al cementerio se pegara un susto tremendo pero no la viera desnuda. — ¿Así se reproducen los otros sustos o solo es tu caso? ¿Cómo se reproducen siquiera? ¿Cómo funciona la genética con ellos? — Empezó a preguntar, lo que causó una sonrisa de Herneval.
— Puedo responder todo eso, excepto la segunda. — Murmuró lo último, con un escalofrío. — Pero primero vistámonos. — Se levantó con ella en brazos y le ayudó a vestirse, ella también le ayudó a lo mismo. Más por las alas, que eran como una piedra en el zapato cuando se intentaba poner su ropa.
Se pasaron lo que quedó de la tarde hablando del tema mientras Herneval comía los pastes que ella le había hecho. Se despidieron y fueron rumbo a sus hogares.
Cuando Francisca llegó a su cuarto y dejó su libro bajo su cama, se puso a celebrar en silencio. Ya desde hace mucho sentía esta atracción con él, una atracción algo incómoda, pero que él aceptara la ponía demasiado emocionada de cierto modo. Se cambió a su camisón mientras no podía evitar volver a pensar en lo que había sucedido en el cementerio justo hoy.
Herneval también volvió al reino con un muy buen humor. Un poco demasiado feliz, pero nadie sospechaba de la razón por la que se encontraba de tal modo.
Saltaba por los pasillos del castillo en el camino a su habitación. Sin notar la expresión molesta de Procustes, quien los había espiado. Aunque dejó de espiar en el segundo en el que se empezaron a besar, pues le daba asco la idea de que un susto estuviera en tal situación con una humana. Peor si era el príncipe de los sustos, el que debía ser el ejemplo.
Aunque él ya vería su error, ya lo verá.
y fueron felices para siempre fin blah blah blah listo
ok uhhmmmmmm……. si ajam…….
Taph Forsaken was named after 'epitaph', words written on the grave of a loved one.
Taph Luck better fits with 'cenotaph'.
hey wouldnt it be like INSANE if you talked about sisfree in ur au like thatd be CRAZ-
HEHE you know me…
This is a great time to use these silly gaybladers to explain the how the wings and stuff work-
Free being the fucking boss he is obviously connects with Fafnir instantly, as a matter of fact he could already sorta do it, Valt was just the first person to do it by accident and in front of an audience. So when ppl are like ‘how the fuck did Valt summon a whole mythical being???’ Free is just like ‘wow you losers don’t know about this yet?’
So yeah, Free being Free, is just good at everything, and at this point he’s super in control of his emotions and in touch with his spirituality so he and Fafnir are tight af.
SISCO ON THE OTHER HAND OH BOY-!
Sisco is an angry dude. Even though he’s a little more levelheaded in Surge when compared to evolution (character development lessgo) he’s still a natural angry person. He is not as in control of his emotions as he’d like to be, and Satan is NOT helping his case here, cause he’s SATAN- (and thank god he isn’t an attack type cause that would just make him worse)
Free can change forms at will with little effort because of how in tune he is with both himself and Fafnir.
Silas changes form unintentionally when his emotions peak. Which is often.
Free literally has to make this mf do breathing exercises istg
So on one hand Free is pretty effective in helping Sisco manage his emotions in a way that he doesn’t just go dragon boy 24/7, on the other, he is a master ragebaiter.
And funny enough, the fact that Free intentionally pisses Sisco off so often forces Sisco to eventually just have less extreme responses to avoid becoming a literal demon. He still gets pissed, but he gets over it quickly and is able to brush small things off with an eyeroll and a snide remark. Somehow the constant rage baiting is helping him manage his anger???
Another little drabble, Free isn’t very expressive (mood as fuck, being expressive is tiring), so micro expressions ftw >>>
And Sisco, who is constantly seeking this mfs validation, gets really good at reading these micro expressions, like it actually surprises Free a bit!
Anyways this is getting long and I went on prolly 3 different tangents but hehe, sisfree….
Masterpost
Se marchó bajo la lluvia, sin decir palabra alguna, sin mirarme... Y me cubrí la cara con las manos, y lloré...
Jacques Prévert
Si me ven feliz, déjenme en paz, ya llore mucho
"Entonces lloré por ella y por mí, y recé de todo corazón para no encontrarme con ella nunca más en mis días."
— Gabriel García Márquez
Nunca más... . . . . . . . . #llore #recedetodocorazon #corazón #pediralcielo #nuncamás #noencontrarle #gabrielgarcíamárquez #gabo #historiademisputastristes #ismenejasso (en San Luis Potosí Capital) https://www.instagram.com/p/CoH2ncqOdMV/?igshid=NGJjMDIxMWI=