(...) Alguien más grande que tú, por fin, me liberó Todas las miradas llorosas me persiguen Y esta debilidad contra la que no se puede luchar Huyo rápidamente hacia la maldad Hacia la fuerza que yergue sus puños como armas Sobre el monstruo que me arrancó de tu dulzura con sus garras Lejos de la opresión blanda y suave de tus brazos Me voy respirando a pleno pulmón A campo traviesa a bosque traviesa Hacia la ciudad milagrosa donde mi corazón palpita[.]
Dureza del corazón | Pierre Reverdy













