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¡Buen día nena, que bien te ves sin el disfraz!
Dejaré de mirarte, dejaré de pensar en vos.
#LosGardelitos #LaMusicaNoMata #CallejerosInosentes #CJS 🎵🎶
La sonrisa de Gardel...🎵🎶 #LosGardelitos
Los Gardelitos en Groove: La eterna sonrisa de Gardel
Los Gardelitos volvieron a copar Groove y lo hicieron a pura actitud y rocanrol. En el primero de sus dos recitales consecutivos en el recinto palermitano, la banda liderada por Eli Suárez hizo un extenso e intenso repaso por su discografía y demostró que, entre tantos colegas que le venden su alma al diablo, quedan aún artistas con un profundo respeto por sus raíces y por lo verdaderamente popular.
Las puertas de Groove se abrieron a las siete de la tarde del pasado sábado 28 de julio, pero la previa en las calles aledañas y hasta en la puerta del lugar había comenzado muchas horas antes. Con el sold out garantizado, quedando muy pocas entradas en boletería, los minutos corrieron con mucha velocidad y sumieron a todos en la ansiedad absoluta.
El musicalizador hizo lo propio para agitar el ambiente y también calmar los ánimos, pasando mucho rock nacional y haciendo explotar el lugar con Callejeros y La Renga – a tan solo minutos de su primer banquete en la Capital Federal tras 10 años de prohibición-, recordando tiempos de felicidad absoluta.
A las 21:30, el bajo de Diego Martín Rodríguez comenzó a sonar y el telón se corrió para develar la imagen fileteada de Carlos Gardel. Como no podía ser de otra manera, de la guitarra de Eli salieron los primeros acordes de “Gardeliando” y las banderas flamearon bien alto hasta el final al grito de “Ahora es nuestra la ciudad, nuestra y de nadie más”.
Fue imposible no contagiarse del excelente clima, que tuvo en “No Puedo Parar Mi Moto” otro momento de alta intensidad pero con la mirada puesta sobre todo en el romance y la nostalgia. Mientras el púbico agitaba sin parar, Suárez lanzó el primer solo de la noche, destacándose el acompañamiento del bajista sosteniendo la melodía sin dificultad alguna.
Sin que mediase nada entre tema y tema, llegaron “Los Querandíes” – que generó un pico de locura- y “Al Pie De La Letra” para mantener la temperatura elevada al máximo, sin mostrar intención alguna de siquiera regularla.
El primer respiro de la noche llegó antes de “Dueños Del Poder”, con Paulo Bellagamba musicalizando desde la batería en clásico cántico de la barra de Los Gardelitos. Con la ayuda de los restantes miembros de la banda, ese grito de amor y lealtad se convirtió en canción, terminando de golpe con una ovación espontánea por parte de todos los presentes.
La tranquilidad de “Hojas Del Otoño”, con un estribillo potente pero muy melódico y dulce en su raíz, contrastó con el delirio de “Cobarde Para Amar”, donde la línea de bajo se quedó con el premio mayor a puro groove, dentro de una estructura nuevamente romántica con un sonido verdaderamente magnífico.
En un nuevo descanso, la gente volvió a cantar, entonando el grito de guerra: “Vamo’ copando las villas argentinas, de la mano de Corneta y su familia”, generando el profundo agradecimiento de Eli por el amor y el apoyo durante tantos años. Tras mencionar a todas las localidades y barrios presentes (leyó todas las banderas y escuchó a todos los que le gritaban a pocos metros de la valla), dedicó la siguiente canción “a Corneta, Pappo y los pibes de Cromañon”.
La versión de “Lo Que Vendrá”, con el recuerdo latente de los que ya no están, encontró a la banda muy cercana al punk de la mano de la velocidad en el punteo de Eli y un solo fenomenal antes del impulso final.
“Caras De Limón” y “El Reloj” le dieron rienda suelta al rocanrol más puro, algo que la multitud celebró a puro salto y baile. La mención “al cambio que nunca llegó” dejó todo listo para ese tren a dos mil kilómetros sobre la hora que es “Calles Calientes”, una de esas canciones en la que Los Gardelitos demuestran que nunca se olvidaron ni se olvidarán de sus orígenes ni de quienes los siguen desde el principio.
Ya cerca del final, pero aún con un trecho importante por recorrer, la faceta más relajada del trío se hizo canción en “La Ciudad Que Se Oculta” y “Una Estrella En El Mar”, tal vez intentando acomodar todo a la perfección antes de un nuevo estallido.
Antes de seguir adelante, Eli se tomó unos segundos para dejar en claro algo muy importante: “Pareciera que vamos a contramano de todo, pero no es así, La Renga y Los Gardelitos vamos para el mismo lado. Aguante La Renga, Callejeros y libertad para Pato Fontanet”, recibiendo una interminable ovación por parte de todos los presentes.
Claramente la canción que seguía no iba a ser otra que “Amor De Contramano”, ese notable coqueteo entre el rock barrial y la bossa nova que termina uniendo a ambos géneros en un estribillo lleno de poder.
Gardel copó una vez más la pantalla gigante, preludio perfecto para “Amando Mi Guitarra”, confirmación de que Los Gardelitos poseen un sinfín de estribillos y riffs tan notorios como explosivos.
Le siguieron “Pájaro y Campana”, con la memoria de Corneta en la piel, y el viaje por la ruta del apocalipsis que es “Envuelto En Llamas”, analogía ideal para entender que es lo que se había visto hasta ese momento en un Groove invadido por la felicidad y el aguante absolutos.
Con “Crimen Del Autocine”, Eli y sus muchachos se mostraron muy metaleros, para volver a disminuir la velocidad en la triste “Un Taxi” que incluyó un excelente solo de Bellagamba que le permitió a sus compañeros tomar un poco de aire antes de retirarse intempestivamente del escenario.
Después de unos minutos, regresaron completamente recargados para entregar un final a la altura de su nombre. Nuevamente el fin de los tiempos se insinuó en “Puño Y Letra”, matizando un poco el ambiente con la más calma “Nadie Cree En Mi Canción”.
Las agujas del reloj comenzaron a acercarse a las doce de la noche, por lo que la banda aceleró a fondo y cerró la noche con la tríada “Comandante Marcos”, “Anabel” y “Mezclas Raras” para luego quedarse unos minutos saludando y agradeciendo por tanta locura a lo largo de los años.
Dueños y herederos al mismo tiempo de una larga tradición de rock y barrio puros, Eli Suárez, Diego Martín Rodríguez y Paulo Bellagamba no dejan de probar su vigencia. El Corneta Suárez nunca ha sido una sombra para ellos, sino más bien una guía que les permite avanzar por la selva de la hipocresía y seguir rompiendo cadenas, a pesar de que la colonización cultural suele hacer estragos y dificultando su elogiable misión.
Crónica: Rodrigo López Vázquez
Fotografía: Pablo Nakasone
Hay tanto fuego en tu alma, puedes quemarte
No necesito las luces ni los lujos de la ciudad
Los Gardelitos