Lucero Tornasol pretendía:
Un cráter enorme,
O una explosión de posibilidades fugaces.
El humo y la grava desplazando al mundo,
O un incendio
milímetros debajo de sí mismo.
Pero su caída apenas fue
una línea diminuta de ceruleo en el cosmos,
y las chispas de su impacto
parpadearon dentro de pantallas led
que se lamen los labios
omnipotentes.
No hubo auxilios, ni homenajes,
el fulgor disminuyó, hasta ser una astilla
incómoda e invisible, como el antiguo amor.










