Hay veces que destierro la mismísima realidad y yo también soy cómplice de subjetividad.
Pero ¿No habrá itinerario pactado? ¿Prédica marginada en el resguardo?
Cuarenta y tres vidas marcan una vuelta. Sí, vociferan planes TISA...
Ocde, entonces ¿de qué hablamos?
De envolturas de afrodisíacos caramelos, de esas que recubren la violación más sádica, perversa e injusta a la palabra.
Ni siquiera hay aire en la bolsa que se expande, que ya cubre tantos cuerpos.
Ahora se escucha, de la picadora, la futura saturación.
El envión que venía faltando al eterno masticar se va completando y está a punto de lanzar los gajos de mierda para que desborden la tierra.
Para irrigar esa sensación de pertenencia que motiva a desmembrar, que motiva a saquear de los rostro sin humanidad salpicados en sangre y pólvora el más salvaje y natural instinto.
Hacen creer lo que quieras creer.
Y se aseguran de verte florecer como el mejor alienado, el más exitoso en su carrera de ciegos.
Son chanchullos sus transas por el poder, medio pelo más bajo y la cadena golpea la vitrina.Medio pelo permitido y la cadena envuelve, despelleja y acongoja la piel.
¿Quiénes, partiendo porciones, Piran pregoneros?
El más motivado y apasionado que viva sólo pensando en estar vivo, tiene ventaja.
Es la miel del pe$o que trastorna, que tornea relampagueante el mirar.
Para que, casi psicóticos, babeen elixires sosegando infelices para que como mugen, caminen.
Queridos partícipes esquiven el escaparate que deja, modelando, el esfínter a la mano. Atinen el pie en el pecho y quiebren costillas contra el pavimento. Píntense las encías con sangre de cerdo. Incluso si hace falta, vacíenlo en pose ventrílocuo.
Hachando lo ilógico a través de lo que no pudimos acordar cómo cuerdo:
Rolemos y quememos unos bit-coines loco,
Jalemos el sistema monetario de Estados ungidos
ESTADOS hundidos en una macabra y pesada penetración constante a los demás.
Y en ese balanceo de las pelotas que hace el opresor cuando, hegemónico,
introduce su fuerza prepotente una y otra vez, y otra vez y otra vez
se pierde ciego, hipnotizado por el
pla...
pla...
pla...
pla...
ininterrumpido.
Pierde ciego los rostros propios y ajenos, que se mestizan en un solo músculo, músculo que se dilata y contrae.
Rostros que asqueados siguen tirando de las agujas del reloj para estirar el tiempo que empezó a correr al nacer.
Expirados, ya sonámbulos, marcamos la ficha esperando el silbido que nos puede salvar
Anhelando las estatuas divinizadas por deidades inventadas, como platónicos mundos inalcanzables.
Cargamos conquistados por el fracaso predestinado.
Andamos por los desfiladeros mejor adornados, decorados con guirnaldas, luces y faldas....
¿Buscando algo más? ¿o no?