Nada nuevo
He de confesar que me aterra la idea de ser reemplazable o -peor aún- no sentirme suficiente.
Me han tenido como segunda opción, también he sido víctima y victimario de la costumbre, han elegido viajes sobre mí, así como han compartido sábanas con alguien más donde yo dormía y han quedado en verse mientras nos estábamos viendo. Me han dejado sin siquiera haber comenzado a intentarlo y aún retumban en mi cabeza las palabras “no lo vales”. Me han maldecido por alejarme como acto de amor y todavía me he visto en la necesidad de disculparme por hacerles perder el tiempo.
La última vez que mamá me vio llorar dijo “no es que no seas suficiente, es que no te han amado lo suficiente.” Y aunque jamás la he cachado en una mentira, aún no consigo creérmelo y creo que algo está mal en mí, algo está falto y creo es fe.
Nada fuera del otro mundo, ¿quién no ha sufrido una o cinco decepciones amorosas? ¿Quién cuenta?
Nadie te enseña a ser fuerte pero te obligan y te piden des siempre una sonrisa cuando lo único importante es simplemente dar la cara y afrontar lo que venga. Y aprendes que afrontar lo que viene es relativamente fácil, lo jodido es afrontar lo que se va, lo que se llevan de ti, lo que sientes que te es arrebatado.
Hoy estoy rota, pero me gusto más así, así todo queda expuesto, hecha trizas puedo verme mejor, ya no queda lugar para mentiras, disfraces o falsas sonrisas, hoy no. Por eso me he animado a hacer esta confesión, y pedirles que ni intenten sentir lástima porque aquí no ha pasado nada o mejor dicho, aquí no ha pasado nada nuevo.
- Nada nuevo, Erika Boté














