Patógeno infernal.
[▼] A story not to sleep.
1962, Salem.
"Me separé de mis amigas. Solo quería encontrar a aquella muchacha que se había mudado recientemente a Salem. No quería que nada malo pasase, pero todo se descontroló. Salí corriendo cuando una voz me llamaba, pero cuando llegué, no era ella. Era un monstruo. Es lo único que recuerdo cuando he abierto los ojos con las extremidades inmóviles al estar sujetas por una gruesa cinta de cuero marrón, sobre una camilla de metal. — Está consciente, su respiración es normal. — Bien. En el informe tienes que poner que está muerta, no queremos que nadie la busque, ¿entendido? Confusión. Un tic-tac del reloj colocado en la esquina superior derecha, era viejo y estaba lleno de polvo. Escuchaba cada palabra, pero mi cuerpo no podía reaccionar, solo noté como mis labios susurraban un "socorro" que provocó que me pusieran más morfina y volver al mundo de los sueños." — Isselt, ¿Cómo estás hoy? — voz masculina, no con demasiada autoridad sino con una muestra de afecto tras un año en aquel sitio encerrada. — Sigues sin hablar... Bueno, será un efecto secundario de las dosis... — Era un experimento para aquellas personas que aún desconocía pues ni siquiera un año me había bastado para saber qué querían de mi y porque para el mundo exterior estaba muerta. Salí en las noticias, vi a personas que me resultaban conocidas llorando por mí, pero eso que sea que me estuvieran inyectando haciéndome después pruebas hacía que perdiera los recuerdos. — Soy William y he venido para pasar contigo las próximas horas. En las pruebas está todo bien... Solo falta saber como te comportas ante los objetos. "Objetos" Denominó así a un par de cadáveres recientes, todavía podía detectar como sus corazones seguían latiendo, aunque ya débiles. Me dejaron en una especie de sala y sabía que detrás de ese cristal estaban los demás para observarme. Aquello era nuevo, pero de repente, mi cuello se retorcía, todo mi cuerpo lo hacía. Gritos de dolor, euforia, rabia, venganza. Sentimientos nuevos, pero a la vez instintos que me llevaron a despedazar sin ninguna piedad a esos cuerpos como si fuera una salvaje. El camisón blanco fue manchado de sangre ajena, mi boca, mi cara y mis dedos. No era yo, sentía hambre por la carne humana y los maté. ¿En qué me estaba convirtiendo? ¿Quiénes eran esos tipos y por qué me hacían esto? Sentí que me caí de golpe por un terrible dolor de cabeza al volver a despertarme en mi habitación, limpia, sin pruebas de lo que había sucedido. Tenía que descubrir qué me estaban haciendo y el motivo. Aquel doctor William tenía algo que ver y esa noche lo iba a averiguar todo.












