Francisco Cantó
Mi crítica del concierto de Francisco Cantó y Ángela Moraza esta mañana en el Espacio Turina.
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Francisco Cantó
Mi crítica del concierto de Francisco Cantó y Ángela Moraza esta mañana en el Espacio Turina.
Un debut con alma
[Francisco J. Cantó y Ángela Moraza esta misma semana en una calle de Sevilla. / Juan Carlos Muñoz]
El clarinetista Francisco José Cantó y la pianista Ángela Moraza debutan en disco con un recital de estética neoclásica
Mientras en julio del año pasado Fran y Ángela se sumergían en el Conservatorio Superior de Sevilla en las sesiones de grabación de su primer disco, su hija Aitana, de 12 años, dibujaba lo que sería la base del diseño para el CD. Ese dibujo, que representa la parte superior de un traje de etiqueta con pajarita y un ramo de flores por cabeza, fue serigrafiado directamente en el disco y posteriormente utilizado por el fotógrafo Luis Castilla para desarrollar la portada final del álbum, que ha publicado Calle 440, el sello del saxofonista manchego Pedro Pablo Cámara.
Francisco José Cantó y Ángela Moraza son matrimonio, pareja artística desde hace muchos años y compañeros del Superior de Sevilla, donde él es catedrático de clarinete y ella de repertorio con piano para instrumentos. Aunque llevaban tiempo manejando la idea de dejar testimonio de su trabajo como dúo, la motivación para este álbum les llegó por el compositor Manuel Bernal “que nos dijo que quería escribir una obra para nosotros, y entonces decidimos que era una buena ocasión para el disco, porque él nos pedía hacer un vídeo con la obra o algo así”, me comentan en la mesa de una cafetería sevillana. El álbum “contendría alguna pieza ya muy difundida como Vibraciones del Alma de Miguel Yuste [que acabaría dando título a todo el CD] o la Sonata de Salvador Brotons junto a la versión para clarinete y piano de Orippo de Manuel Castillo, que no se había grabado nunca [la obra es original para clarinete y orquesta de cuerda], la obra de Bernal, novedad absoluta, y la Sonatina de Luis Barroso, un compositor madrileño que nos había remitido la obra hacía poco y era completamente nueva también”.
Manuel Bernal Nieto (San Fernando, 1980) es un músico militar, gaditano como Cantó, que escribió esta Granada-NY in Blue intentando “reflejar el mundo sonoro que envuelve a Federico García Lorca en su estancia americana durante la concepción de su Poeta en Nueva York”, y la partitura, en tres movimientos, destila gotas de jazz. “Conocíamos sus obras para banda, sabíamos que componía muy bien, y la verdad es que esta pieza nos encantó”.
Miguel Yuste Moreno (Alcalá del Valle, 1870 - Madrid, 1947), también gaditano, es una figura esencial del clarinete español, que presentó en España las últimas famosas obras de Brahms para el instrumento, fue miembro fundador de la Sinfónica de Madrid y Catedrático de su Conservatorio desde 1910. “Vibraciones del Alma es un superclásico para los clarinetistas –comenta Cantó–, una obra muy exigente, que se pone en los últimos cursos de Grado Superior, y algunos alumnos prefieren eludir”. “La tocamos por primera vez en 2010, en Cádiz, aunque tú la habías tocado ya antes”, tercia Ángela. “Sí, desde entonces la hemos tocado mucho, y Estudio melódico, otra obra suya, también”.
Los dos músicos andaluces el pasado martes en el centro de Sevilla / Juan Carlos Muñoz
Editada en 1945, Vibraciones del Alma es una obra de naturaleza tardorromántica, la más antigua de un álbum que se centra luego en el último medio siglo, pero eludiendo la música experimental y de vanguardia. La Sonata de Salvador Brotons es de 1988, Orippo fue escrita por Castillo para el Concurso de Dos Hermanas de 1991, la Sonatina de Luis Barroso (Madrid, 1960) es de 2021 y la pieza de Bernal fue estrenada en 2023. “A mí me gusta mucho la música más vanguardista, pero es verdad que en este caso queríamos hacer algo un poquito más tradicional; hay elementos modernistas, sobre todo en Castillo y Brotons, pero domina la melodía. Queríamos que ese elemento melódico estuviera presente en todo el disco”.
Se nota que a la pianista sevillana no le motiva tanto la música de vanguardia: “La melodía es fundamental para mí, pero el ritmo también tiene mucha importancia en el disco: en Brotons o en la Rapsodia de Bernal [tercer movimiento de su obra], por ejemplo. Y es verdad que para estudiar y presentar las obras en concierto, que hay que echarle muchas horas, yo prefiero música con la que me sienta más cómoda y pueda disfrutar”.
La ocasión de trabajar directamente con los compositores es una oportunidad extraordinaria. “Hablamos con los tres que están vivos. Brotons fue muy claro. Nos dijo que había varias cosas que no quería que volvieran a pasar con su Sonata: primero, el motivo inicial es muy susceptible de ser interpretado demasiado romanticón, con mucho rubato, y nos dijo que eso era a tempo; segundo, que no quería el uso del vibrato en el clarinete en el segundo movimiento, y yo tampoco soy un clarinetista de mucho vibrato, por lo que por ahí no me costó trabajo; y tercero, que el Allegro final no debería empezar muy rápido, porque al final hay un più mosso que nunca se destaca si la velocidad es excesiva al principio. Lo grabamos. Se lo mandamos con un poquito de miedo y nos llamó entusiasmado, que le parecía perfecto. Para nosotros fue un piropazo, porque Salvador es una eminencia”.
La salida de esta música en concierto la sienten limitada por varias razones: “En España ser catedrático de conservatorio es un obstáculo. No sólo ya por la cuestión administrativa que te impone límites, sino porque te quita prestigio. Esto en Alemania no pasa, pero aquí, sí. Parece que como das clase en un conservatorio, no puedes ser buen concertista o al menos no de nivel top. Y ese es un prejuicio contra el que luchamos. Además, tampoco hay tantos ciclos en los que podamos tocar”, se lamentan a dúo. Esperan que el CD al menos les abra alguna puerta más: “Nuestro último concierto en Sevilla fue en las Noches del Alcázar de 2018. Luego hemos tocado por toda Andalucía, pero también nos gustaría poder movernos de Despeñaperros para arriba, que no es fácil”, comenta el clarinetista gaditano. Y la pianista termina: “Hicimos el disco por nosotros, por tener algo tangible, algo que quede de nuestro trabajo, porque ya sabemos cómo es la música, se va en cuanto se hace. El disco salió a finales de marzo y aún no sabemos qué efecto podrá tener en el futuro, pero si hace más fácil que nos conozcan los programadores, bienvenido será”. Mientras, reconocen que la experiencia les ha gustado: ya piensan en volver a grabar.
[Diario de Sevilla. 13-04-2025]
La ficha
VIBRACIONES DEL ALMA Miguel Yuste (1870-1947): Vibraciones del Alma Op.45 [1945] Manuel Castillo (1930-2005): Orippo [versión para clarinete y piano] [1991] Manuel Bernal (1980): Granada-NY in Blue [2023] Salvador Brotons (1959): Sonata para clarinete y piano Op.46 [1988] Luis Barroso (1960): Sonatina [2021] Francisco José Cantó, clarinete Ángela Moraza, piano Calle 440
EL CD EN SPOTIFY
Francisco José Cantó Carrillo · Album · 2025 · 11 songs
Castillo, una vida para la música
[El investigador Pedro José Sánchez Gómez / JUAN CARLOS VÁZQUEZ]
Pedro José Sánchez Gómez publica la primera biografía del compositor sevillano Manuel Castillo, fallecido en el otoño de 2005
Toda una vida de empleado de Emasesa, jubilado en 2021 y con dos pasiones: la música y la cultura sevillana. Casado, con dos hijos, su mujer bromea con él: "En casa somos siete, nosotros cuatro, Joaquín Turina, José María Izquierdo y Manuel Castillo". Pedro José Sánchez Gómez (Sevilla, 1956) se ha significado en efecto como un investigador incansable en torno a esas figuras cruciales de la Sevilla del siglo XX. Entre sus trabajos, el último, recién aparecido, es la primera biografía dedicada a Castillo, que se ha publicado bajo el paraguas del Ayuntamiento de Sevilla, en concreto gracias al Distrito de los Remedios, el barrio de residencia del compositor en las últimas décadas de su vida.
No se trata en cualquier caso de su primer acercamiento al músico, ya que en 1999 había publicado Manuel Castillo. Su obra en la prensa escrita. 1949-1998 y en el año 2005 Manuel Castillo. Recopilación de escritos 1945-1998. "Hay un segundo volumen de escritos que ya está terminado y saldrá en breve, pero le di prioridad a la biografía, me pareció más importante, después de dos trabajos teóricos, un acercamiento a la persona, al ser humano, para evidenciar cuales habían sido las claves de su vida y de su obra. Y los pilares de este libro son desde luego esos otros tres. En el de la prensa hay recogidas más de mil referencias sobre la obra de Castillo. Y en sus escritos hay tantas referencias autobiográficas que me ha permitido usar su propia voz como hilo conductor de todo el libro. Luego he recorrido infinidad de archivos tanto en Sevilla como en Madrid o en el País Vasco, pues en el archivo Eresbil está la correspondencia con Norberto Almandoz". Más dificultades ha tenido para acercarse a la documentación personal del compositor: "En el Centro de Documentación Musical de Andalucía, en Granada, está su música, pero su legado personal lo compró el Ayuntamiento de Sevilla. El piano de su estudio está ahora en el Espacio Turina, pero el resto (sus discos, sus libros y demás) se llevó a la Hemeroteca Municipal, y allí está almacenado, pero aún no es accesible. La familia tuvo el detalle de permitirme acceder a su estudio en 2007. El archivo fotográfico lo tiene también el Ayuntamiento, pero ese al menos pude escanearlo y es el que utilizo para el libro. Me he sentido siempre muy apoyado por la familia". Aunque consiguió cierta familiaridad en el trato con el compositor, al que conoció en los conciertos de la ROSS, nunca le sugirió la posibilidad de emprender un trabajo biográfico sobre su figura: "Sí le comenté que había empezado a trabajar en el libro sobre la prensa, y le llevé un primer borrador, lo que le hizo mucha ilusión, aunque cuando se presentó él estaba ya en ese aislamiento de los últimos años de su vida, y no asistió, pero me lo agradeció mucho".
La fecha de 1949, la primera del libro sobre la prensa, no es casual. "1949 es el año en que muere Turina, y el año en que Castillo escribe su Sonatina para piano, su primera obra importante, con lo que puede considerarse simbólicamente el año del traspaso del testigo musical entre los dos compositores sevillanos más importantes del siglo XX. De hecho Castillo quiso ampliar estudios con Turina, pero Turina muere en 1949, que es justo cuando Castillo quería dar el salto a Madrid. Más adelante él reconoció que quizá aquello habría sido un error, porque Turina representaba el nacionalismo musical, pero Castillo tenía miras más amplias, gracias en buena medida a Norberto Almandoz, que fue su profesor de composición y que tenía contactos con grandes compositores europeos. Pienso de todos modos que ambos (Turina y Castillo) personifican musicalmente, en esta ciudad tan dada a las dualidades, las dos caras de Sevilla: Turina, la luminosa, alegre, extrovertida; y Castillo la íntima, introvertida, la menos evidente… pero no por ello menos cierta y verdadera".
Los inicios del compositor resultaron en cualquier caso poco alentadores: "Los primeros profesores de solfeo que le pusieron los padres no pensaban que el niño llegase a nada. Incluso una profesora llegó a decirles que 'para Manolito' la música iba a ser siempre un ladrillo, que se dedicara a otra cosa. Pero él sentía una gran afición desde el descubrimiento del piano que tenían en casa, con el que se divertía antes de conocer las notas, y se matriculó como alumno libre en el Conservatorio en el 44. Fue en el curso 1944-45 cuando ingresa en el Colegio San Francisco de Paula y entra en contacto con Antonio Pantión que todo cambió. Él siempre dijo que sin Pantión seguramente no habría sido músico. Y la música se convirtió en el sentido de su vida, él la definió como 'una necesidad interior de la que ni podía ni quería desembarazarse'. Sentía la música como algo espontáneo, intuitivo. Para él escribir música era como respirar”.
En 1959 Castillo escribe Preludio, Diferencias y Toccata, a partir de El Puerto de Albéniz y con ella gana el Premio Nacional de Música. "Es un punto de inflexión en su carrera, supone un giro estilístico en su producción, curiosamente, usando como motivo generador una de las obras cumbres del pianismo nacionalista español. Este nuevo Castillo se aleja de esa influencia nacionalista de la que había bebido su primera década como compositor, y empieza a mostrar la asimilación de los estudios en Madrid y París. Su piano cambió radicalmente, aunque él nunca quiso romper con nada. Castillo fue siempre un ecléctico: él usa el serialismo por ejemplo, pero de una forma muy personal. Nunca fue dado a modas ni a corrientes. Si usó determinados recursos fue como medio de expresión: usaba aquello que le servía para expresar lo que sentía como músico. Su música no sale del entorno, sino desde su interior, desde su evolución musical y personal. Dejó escrito: 'Me gustaría ser recordado como un músico que no quiso ni romper con el pasado ni cerrar los ojos al futuro'. Y de hecho él mostró siempre su rechazo a que lo adscribieran a la Generación del 51 junto a Halffter, Bernaola, García Abril, Luis de Pablo o Barce, porque pensaba que no se parecían en nada entre sí".
[Al piano en su estudio / ARCHIVO FAMILIAR]
Hay una segunda vocación en la vida de Castillo: la religiosa. "Desde que descubrió la música, Castillo no tuvo otro norte, hasta que se le despertó la vocación religiosa, que le llegó con la misma fuerza que la musical. En 1956, siendo ya catedrático de piano, entra en el Seminario. Y siendo ya sacerdote se dirige al cardenal Bueno Monreal para decirle que iba a abandonar su carrera musical para dedicarse de lleno al sacerdocio. Y Bueno Monreal le respondió: 'Desde la música también se sirve a Dios'. Y de hecho obras fundamentales en su carrera como su Concierto para piano nº1 o su Sonata para violín y piano las compuso en San Telmo, en el seminario." En el abandono del sacerdocio "quizás pesaron los tiempos, era la época de la transición, y las cosas empezaban a verse de otra forma. Vio que esa fuerza vocacional se había reducido y se salió. En una entrevista en Canal Sur le dijeron que salirse del sacerdocio tenía que haber sido una decisión muy dura, y él contestó: 'Duro es estar en lo que no se siente'. Con la misma fuerza y el mismo convencimiento que entró, salió."
Cuando en 1991 se funda la Orquesta Sinfónica de Sevilla, la figura de Castillo parece cobrar nuevo valor, y gracias a la orquesta estrena dos sinfonías, su Obertura festiva y el Concierto Sacro Hispalense... "Fue un plus para su carrera musical. Él le tenía mucho cariño a la Orquesta Bética, debutó con ella y con Manuel Navarro en el Teatro Lope de Vega. Pero la Sinfónica de Sevilla era otra cosa, era un salto de calidad que a él lo entusiasmó. La 1ª sinfonía era del año 69. Y en poco más de un año, entre febrero del 93 y mayo del 94, estrena otras dos. Él confesó que sin la Sinfónica seguramente no habría vuelto a componer una sinfonía".
[Con la Sinfónica de Sevilla dirigida por Vjekoslav Sutej después del estreno de su '2ª sinfonía' en febrero de 1993 / GUILLERMO MENDO / ROSS]
Los últimos años están marcados por la depresión y el progresivo aislamiento de toda vida musical y social. "Eso empezó con su jubilación en 1995, de la que se quejó amargamente, y luego se agrava con la muerte de su hermana Isabel, que era casi una segunda madre para él, en el otoño de 1996. Ahí empezó un proceso de aislamiento y de retiro de la vida pública que fue muy dramático. Todavía en 1997 recibe el nombramiento de Hijo Predilecto de Sevilla y estrena su Concierto Sacro Hispalense, pero poco a poco se va desconectando de todo". Ni siquiera se sabe con seguridad la fecha de su muerte. "Oficialmente es el 30 de octubre de 2005. La hija de su hermana Isabel, que era la que estaba encima de él, lo llamó por teléfono justo ese día, no respondió, también al siguiente y tampoco, lo atribuyó a casualidades de que lo hubiera cogido fuera por algo, pero ya al siguiente se presentó en su casa y se lo encontró muerto. Por eso en algunos sitios figura el 1 de noviembre."
Pasados esos años finales del siglo en que pareció crecer el aprecio por su música, la figura de Castillo va oscureciéndose, aunque recientemente algunas iniciativas editoriales, discográficas y de concierto, casi siempre encabezadas por sus antiguos alumnos, lo recuerdan de cuando en cuando. "En la presentación del libro en el Alcázar, Juan Luis Pérez dijo algo con lo que estoy muy de acuerdo: mientras un compositor está vivo, en España parece que hay una obligación de ofrecer su música, pero una vez que fallece es como si esa obligación se terminara. Y eso ha pasado con Castillo. De todas formas, el mismo Juan Luis, que está de asesor en la ROSS, me ha dicho que para el curso próximo piensan volver a incluir alguna obra suya en la temporada. Reivindicar a Manuel Castillo es una obligación de los músicos y aficionados sevillanos. En 2025 se cumplen los 20 años de su muerte, y yo quiero hacer una exposición, independientemente de que en 2030 se celebre el centenario de su nacimiento. Manuel Castillo podría haber hecho carrera fuera: la Sonatina había ganado un premio en Italia, en el 56 era catedrático de piano, en el 59, Premio Nacional de Música, en el 61 era Académico de Santa Isabel de Hungría, pero decidió quedarse en Sevilla, porque quería hacer de la ciudad un foco musical en España. Mi libro sólo es un acto de justicia".
[Diario de Sevilla. 28-01-2024]
Manuel Castillo. La necesidad vital de la música. Pedro José Sánchez Gómez Sevilla: Ayuntamiento (Distrito de Los Remedios), 2023. 479 páginas. Edición no venal.
La ficha Murió hace poco más de quince años, el Conservatorio Superior de la ciudad lleva su nombre y sus alumnos de composición no lo olvid
Mi crítica del concierto de Ignacio Torner, esta noche en el Espacio Turina.
Aquella noche del 10 de enero de 1991 en el Teatro Lope de Vega de Sevilla...
[El director croata Vjekoslav Šutej (1951-2009), primer titular de la ROSS]
Conseguir las localidades fue fácil. Estábamos habituados a las colas para los raros eventos especiales de una época en la que la actividad musical sevillana era casi ridícula. Juventudes Musicales llevaba décadas de labor abnegada y esencial. La Orquesta Bética Filarmónica resistía, batiéndose contra sus propios demonios. La Muestra de Música Antigua aportaba nervio, pero era aún un certamen pequeño.
La expectación aquella noche del jueves 10 de enero era grande ante el Teatro Lope de Vega. Me crucé con corrillos de escépticos. Algunos pensaban que ese dispendio de contrataciones de músicos llegados de medio mundo se podía haber evitado potenciando precisamente a la Bética. Muchos dudábamos. Pero las dudas se disolvieron pronto. Cuando el maestro croata Vjekoslav Šutej levantó su batuta y empezó a sonar La procesión del Rocío de Turina todos nos dimos cuenta de que aquello era algo completamente nuevo. Con la Sinfonía sevillana, la emoción subió varios grados, y en el descanso se palpaba la excitación de muchos viejos aficionados que parecían llevar toda la vida esperando algo así. Cuando en la segunda parte se escucharon unos Cuadros de una exposición de Mússorgski por completo excepcionales, el entusiasmo se desbordó.
"¡Ya tenemos orquesta!", le escuché a un eufórico maestro Castillo a la salida. Sí, Sevilla tenía al fin una orquesta equiparable a la de otras grandes ciudades europeas. Con la inauguración en mayo del Teatro de la Maestranza y la Exposición Universal del año siguiente, la ciudad se transformó culturalmente. Tres décadas después, y en medio del caos epidémico, quizá haga falta un nuevo impulso.
[Diario de Sevilla. 3-01-2021]
“Castillo destaca por su admirable libertad creativa”
[El guitarrista Jesús Pineda]
El próximo miércoles 16 de enero se presenta en Sevilla la edición y grabación de la obra para guitarra de Manuel Castillo que Jesús Pineda ha hecho para la editorial Libargo
Sobre el legado de Manuel Castillo (Sevilla, 1930-2005) pesan aún algunas losas que lo hacen menos accesible de lo que sería deseable para quien fuera el gran compositor sevillano de la segunda mitad del siglo XX. Aún se sigue esperando que el Ayuntamiento de Sevilla cumpla con la promesa de crear en el Espacio Santa Clara un museo con el archivo y la colección de objetos que compró a sus herederos en 2009.
Tampoco parece que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía haya llevado demasiado lejos su explícita intención de fomentar a través del Centro de Documentación Musical de Andalucía el estudio, producción y comercialización de la obra del compositor, a lo que se comprometió con motivo de aquella adquisición, en la que también participó. Curiosamente, la mayor atención del CDMA a la figura y obra de Castillo es anterior a aquel compromiso.
Quedan las iniciativas privadas. Como la del guitarrista Jesús Pineda Arjona (Las Palmas de Gran Canaria, 1975), profesor del Conservatorio Superior de Sevilla, que lleva el nombre del compositor, a cuya música para guitarra dedicó su tesis doctoral, que leyó en 2016. "La edición de la música y la grabación de este disco puede considerarse la parte práctica de mi tesis", comenta. La editorial granadina Libargo publica, en efecto, con la colaboración del CDMA, un álbum con la edición de seis obras de guitarra de Castillo, que además Pineda ha registrado para un CD.
–¿Cuál es el legado de la música para guitarra de Castillo y en qué estado editorial se encontraba? –Quitando un par de obritas muy tempranas, la mayor parte del legado de guitarra de Castillo, que se compone de nueve obras, es tardío. Sólo había tres editadas, la Sonata de 1986, que editó Gabriel Estarellas con Unión Musical, los Tres preludios de 1987, que se editaron en la revista sevillana Ocho sonoro y también hizo el Festival de la Guitarra de Córdoba, y Vientecillo de primavera, obra de 1996 que Castillo escribió por encargo de Cecilia Colien Honegger, famosa mecenas afincada en Barcelona, para el Álbum de Colien, para el que escribieron muchos compositores españoles y portugueses. A esas tres obras, yo he añadido otras tres que estaban en estado de manuscrito, el Quinteto con guitarra, de 1975, las Kasidas del Alcázar, para dos guitarras, de 1984, y la Canción de cuna de 1954.
–Quedan tres obras sin editar, ¿por qué? –Dos de ellas, Al nacimiento de Nuestro Señor, de 1961, y Glosas del círculo mágico, una obra para ensemble que incluye guitarra, de 1976, me parecieron obras poco interesantes para el instrumento, cuyas capacidades técnicas y expresivas están tratadas de forma muy superficial, con una escritura casi monódica y sin matices apreciables. En cuanto al Concierto para guitarra y orquesta es sin duda la obra de mayor envergadura de todo este legado y superaba las intenciones de este trabajo. Espero afrontarlo en el futuro.
–¿Por qué consideró necesario reeditar las obras que ya estaban disponibles? –Creí que podía aportar digitaciones nuevas y adecuadas a las intenciones estilísticas de cada obra, esclarecer la textura polifónica de algunas piezas, oculta a veces por la escritura un tanto apresurada del compositor, que puso todas las plicas en el mismo sentido, y corregir algunas erratas y errores manifiestos.
–De Castillo se ha destacado siempre su carácter de gran ecléctico, ¿eso se aprecia en su obra para guitarra? –Castillo tiene un lenguaje formal muy claro, aunque no es fácil de escuchar para todo el mundo, porque en muchas ocasiones enfatiza los elementos cromáticos y eso puede resultar chocante para algunos oyentes. Desde el punto de vista armónico se basa en pequeñas estructuras melódicas que le sirven como armonía. Hablé con Tomás Marco, que ha analizado y escrito sobre el compositor, y coincidía conmigo en todo esto. Castillo se basa muchas veces en tetracordos que dispone tanto en vertical como en horizontal. Lo que hace es sumar y recombinar, creando muchas veces la armonía a partir del sentido horizontal de la música. De todos modos, es una obra muy diversa desde el punto de vista estilístico, aunque con dos tendencias esenciales: esa escritura cromática de la que le hablaba, que quizás tomó de su profesora Nadia Boulanger, y trazas muy claras de neoclasicismo.Pero por encima de todo yo destacaría su enorme y admirable libertad creativa. Sus maneras son siempre muy personales.
–Eso se aprecia por ejemplo... –Pues en la obra más ambiciosa de las que recojo aquí, el Quinteto, que es una composición serial; pero la forma de tratar el dodecafonismo de Castillo es muy particular. Él nunca lo usó con rigor dogmático, de forma que la serie se combina con otros elementos de manera muy libre.
–Las Kasidas del Alcázar son seis piezas que nacieron por encargo de la Bienal de Flamenco. ¿Se nota eso en la música? –Aquí se mueve en un ambiente muy cercano a la música impresionista. Es una obra muy colorista, que dedicó a Joaquín Romero Murube. Castillo escribió unas notas para el estreno en el Alcázar de Sevilla en las que dice explícitamente que no quería hacer una música descriptiva ni programática. Son piezas sugerentes, evocadoras, de típico lenguaje impresionista, con armonías abiertas, muchas tensiones en los acordes (novenas, onceavas), acordes paralelos, acordes sin resolver, escalas modales... Castillo es siempre muy claro escribiendo el ritmo. Usa metros muy estables. Pero aun así, la Kasida de los Perfumes está en 5/8, y hay partes en las que cambia a 3, a 4. Juega con la métrica tratando de evocar sensaciones e imágenes. En eso se parece al Vientecillo de primavera, una obrita que, pese a estar escrita completamente en corcheas, tiene notables inflexiones y detalles de ritmo. Todas sus escalas son igualmente modales. El Concierto también fue un encargo de la Bienal y ahí sí que rinde un homenaje al mundo del flamenco en el último movimiento, que es un zapateado.
–¿Ese cromatismo aparece también en la Sonata y en los Preludios? –Sí. La Sonata es formalmente muy clásica, pero también recurre mucho al cromatismo. En cuanto a los Preludios, el 1º y el 3º se parecen. El 3º es de una escritura absolutamente cromática. El intervalo más amplio es de una tercera menor. Hay incluso quien lo considera un estudio. El 2º tiene en cambio una escritura mucho más modal, aunque la sección central es muy contrapuntística; yo diría que es casi un homenaje a Bach.
–Me habló de que tenía previsto editar el Concierto en el futuro, ¿lo grabará también? –Lo toqué hace unos años con la Orquesta Sinfónica Conjunta. Y por supuesto estoy abierto a ello, es perfectamente factible, pero no lo sé. Existe ya una grabación de la obra, que hizo José María Gallardo del Rey con la Orquesta de Córdoba.
–¿Le han salido ya conciertos? –De momento tenemos la presentación en el Conservatorio Superior de Sevilla el próximo día 16, y otra en Granada, que en principio está programada para el 22 de febrero, aunque la fecha podría cambiar. Confío en que haya más ocasiones de presentar este trabajo en otros sitios.
[Diario de Sevilla. 14-01-19]
EL CD EN SPOTIFY
La Sonata para Guitarra di Manuel Castillo
La Sonata para Guitarra di Manuel Castillo
La Sonata para Guitarra di Manuel Castillo (Sevilla 1930 – 2005) venne composta su commissione del “II Encuentro Internacional de Guitarra”, una serie concertistica che fu celebrata nei Reales Alcázares di Sevilla nell’autunno del 1986. La prima esecuzione dell’opera venne eseguita da Baltasar Benítez il 13 Ottobre dello stesso anno. La formazione di Castillo come compositore è avvenuta…
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