Lo único que me preocupa de la muerte es convertirme en fantasma. Muerto no puedo usar mi teléfono, ni una computadora, ni nada. Eso vuelve locx a cualquiera. Ahora bien: cuando uno siente que está mal de la cabeza puede acudir a psicólogos o psiquiatras si tiene el privilegio de poder pagarles, pero en la muerte cada cual está abandonado a su suerte, no hay un consultorio al cual acudir. Entonces: si mi psiquis no estaba a punto de reventar antes de morir y si la muerte misma no me la reventó, la experiencia postmortem me terminará de enloquecer, al menos hasta la próxima reencarnación o peor: para siempre. Y ahí tampoco hay medicación que ayude. ¿Miedo a la muerte? No, miedo a seguir vivo después.
"Caminas por las calles sabiendo que estás loco, poseído, porque es más que evidente que esas caras frías, indiferentes, son los rostros de tus carceleros. Aquí todos los límites se desvanecen y el mundo se manifiesta como el matadero demencial que es. La noria se extiende hasta el infinito, las compuertas están cerradas herméticamente, la lógica corre desenfrenada con su cuchilla ensangrentada y fulgurante. El aire es frío y está paralizado, el lenguaje es apocalíptico." (Henry Miller; Trópico de Cáncer, 1934)
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