Sobrevivir
A veces me siento patética por cómo estoy llevando mi vida.
Y todo por un ensayo, bueno, dos. Más un proyecto de fotografía.
Siento que las cosas que suceden en mi cabeza son mejores que las que ocurren afuera. Todo en mi cabeza siempre es mejor y peor.
En mi cabeza puedo dibujar hermoso, puedo hablar frente a un grupo de personas sobre un tema tan lindo que provoco admiración, puedo correr sin cansarme y bailar ágilmente.
Y en mi cabeza también todo mundo me observa, me juzga. Siento que a lo lejos todos pueden descubrirme, que se llevan mi imagen y piensan lo que se les antoja sobre mí. Me da miedo que la gente me vea.
En mi cabeza también me leo, me descubro como alguien sumamente egoísta que usa una fachada de niña alegre y dulce para que me den atención. Me leo y soy Leo, el sol y el brillo soberbio.
Durante una clase puedo comprender, parecer concentrada. Y mis ideas se tejen durante ese tiempo, pero en cuanto se acaba no logro recordar nada. Ahora no recuerdo las bases del pensamiento platónico, ni la fecha en que Malinowski se fue a las islas. Tampoco recuerdo qué cosas van del lado derecho de esa T de contabilidad, ni cuántas sílabas hay en un soneto.
Parece que mi cabeza sólo funciona en el momento, y después se pone a vagar por quién sabe donde. No sé que tanto tengo que aprender bien para ser una lingüista decente, ni siquiera sé si podré hacer una buena tesis. Me asusta.
Parece que sólo vivo en un momento, y luego ya no. Y tengo ganas de llorar y me siento patética por no poder planear algo tan sencillo como un ensayo de cinco cuartillas. Quiero decir tantas cosas pero el hecho de pensar que son muy obvias y que todos lo saben me detiene de escribirlas.
¿Por qué no puedo? ¿Por qué no me motiva nada?
No sé por quién escribir, si por mí y mi formación o sólo para cumplir el rol. ¿Para que mi mamá sienta que su hija es inteligente, para que mi papá deje de molestarme con ir a la reunión del día del padre, para que mis amigos me admiren, para que Fernando sepa que las ciencias sociales son tan importantes como las exactas, para que mi profesor crea que tiene una alumna astuta, para que mis primos sientan envidia de mí?
Yo no figuro ahí, no sé qué pensar de mí misma.
Me des-sitúo, me observo por fuera y me juzgo como alguien incompetente, altamente voluble, peligrosamente sensible.
Pero aún así no tengo fuerzas para deshacerme de mí misma.
Tengo miedo de suicidarme, no quiero. No podría, no puedo.
Ni siquiera este escrito tiene orden, sólo son montones de ideas que se me van ocurriendo, no sé si eso importe ya para este punto.
Sólo, sólo quisiera poder hacer algo bien, algo de lo que me sienta orgullosa sin pensar inmediatamente que fue mediocre. Sólo quiero amarme.
Me cuesta muchísimo trabajo amarme, no me siento una persona digna de ello. Pero aquí estoy, siempre esperando al peor momento para llorar y para hacer que los demás sientan lástima por mí.
Por eso digo que estoy sobreviviendo, porque no disfruto la mayor parte de mi vida. Ayer estaba feliz platicando hasta la 1 a.m. sobre chocolates con un amigo muy querido, y ahora estoy deshecha y reducida a estrés y dolor.
Duele, duelo.












