Segundo plano [Nolcnorrol]
Nolcrelia
Inútil.
Completa y absolutamente inútil.
Hasta entonces.
¿Qué es la vida? ¿Trabajo sin fin? ¿Una rutina, que se repite una y otra vez? ¿Para qué? ¿Para poder seguir trabajando un día más y hacer exactamente lo mismo que el anterior?
Pero ahora no. Ahora todo era diferente.
Ahora había un destino, un objetivo, un plan.
¿Engañar? ¿Mentir? ¿Matar? Al fin y al cabo, ¿qué más daba? Un reflejo, eso era su vida, un reflejo. Nada. No era nada. Y un espejo es muy, muy frágil, por eso había que destrozarlo completamente. Y casi milagrosamente, sin esperarlo, acabó con un martillo en las manos. Ya casi podía oír el cristal rompiéndose.
Aquella oportunidad era única. Whitney le había dado todo lo que necesitaba. Todo encajaba. Un plan, un mundo nuevo. Allí ya no tendría que preocuparse.
Estaba completamente dispuesta a acatar sin dudarlo las órdenes de Whitney. Se puso completamente a su disposición, aunque eso conllevara arriesgar su vida. De todas formas, no podían quitarle algo que nunca había tenido.
Paseaba tranquilamente por la calle. Llevaba el mismo traje de siempre, pero encima también se había puesto un largo abrigo negro que le llegaba hasta los pies. Sus manos se ocultaban en los bolsillos del abrigo. Hacía frío.
¿Por qué la gente disfrutaba la Navidad? No tenía sentido. Era un día más de todos los que tiene el año. Y encima hacía frío. Y te obligaban a estar con gente. ¿Acaso todo eso tenía algo de bueno?
Claro, Corelia no tenía nadie con quien juntarse. ¿Por eso no comprendía la Navidad? ¿Por eso no le gustaba?
Regalos... Nunca había comprado ninguno. ¿Cómo saber qué le gustaría a cada persona? ¿Debía comprarle un regalo a Whitney? ¿Qué debía ser?
Absorta en sus pensamientos, se sentó en un banco. Andar por ahí no iba a ayudarla a pensar.
Tanteó su bolsillo con la mano. Las cápsulas, por supuesto, se habían quedado en casa. Solamente llevaba las llaves, una cartera pequeña y su teléfono móvil. Sacó el aparato electrónico.
Ah, claro. No tenía mensajes. Cómo iba a tenerlos, si había dejado su trabajo y cambiado de teléfono. Aunque, ¿por qué tenían que ocultarse? Casi parecía que la situación estaba peor que antes. Antes no tenían vida, pero al menos lo parecía. Ahora ella estaba allí, sin trabajo, dispuesta a enzarzarse en una pelea tan solo con una palabra por parte de su líder, ¿y para qué? ¿Para seguir escondiéndose? ¿Para seguir viviendo en un permanente segundo plano? ¿Para que tan solo una persona se quedara con el poder?
Sí.
Porque todo debe tener un orden. Todo debe tener un sentido. Una meta. Y su situación actual no era sostenible. Pero Whitney lo iba a cambiar. Les iba a dar un mundo nuevo, una vida. Esa vida que sus mitades habían estado acaparando. Whitney rompería el espejo.
Se levantó, guardó el teléfono en el bolsillo y siguió paseando. Pasó por delante de un gran edificio con paredes de cristal. Contempló su reflejo durante unos instantes, sintiendo como la rabia la invadía.
—Mucho mejor estar a la sombra de Whitney que a la de ella.—Sentenció.








