Hoy me lleva… Decir adiós.
Señora bonita, mi amigo amo de casa. Hoy, por cuestiones de pobre calendarización o simplemente mala fortuna si usted no es afín a mi elocuente escritura y sentido del humor y echa en falta la voz de alguno de mis compañeros, me toca ser portavoz de la última entrada en éste, su tan estimado blog semanal; lo cual en cuanto a fortunas se habla, me ha quedado como anillo al dedo, pues el tema que buscaba presentarle esta semana, coincidiendo con que esta será nuestra última publicación, es el tema de decir adiós.
Cuando comencé a redactar una caricatura de este texto, inicié con un tema paralelo titulado “Hoy me llevan… los funerales”, pues la semana anterior acabé asistiendo a tres de estos de manera consecutiva, pero después de dos párrafos de humor mal llevado para aligerar la pesadez que siento por la situación, opté por borrarlos. El tema del funeral me parece un tanto desagradable de escribir y de leer –ahora imagine usted lo que opinará el difunto sobre la situación–; por lo que he optado por platicar de su hermano menor que se hace presente cuando decimos adiós.
He estado pensando mucho en lo que significa el adiós, ya que esta semana en particular me encuentro bastante nostálgico. Esto va más allá de los tres motivos evidentes nombrados FU-, -NE-, y -RAL, respectivamente, que señalo a tan solo un párrafo de distancia, ya que hoy en día paso más tiempo del que desearía pensando en algunos ayeres de los cuales no me he podido despedir. Reviso mis viejas libretas en las que solía dibujar durante clase, examino la cámara llena de amigos que de conocidos ahora tienen poco, y escucho las canciones que cantaba la radio cuando la edad de veintitreses era tan lejana que parecía imposible.
Supongo que este sentimiento se debe a que me encuentro en un momento extraño de mi vida. Verá, estimado lector, que estoy a tan solo de escasos ocho meses de acabar la licenciatura tras cuatro años de haberla comenzado, y esto me hace sentir de la manera más extraña. ¿Qué soy? ¿Estudiante? ¿Empleado? Veo mi camino fragmentarse de una manera que no había experimentado antes, pues los últimos veintitrés años con sus noches siempre había sabido qué iba a ser de mí el siguiente. Pero ahora que la escuela terminó, y empieza la dichosa “vida real”, veo hacia atrás a momentos más simples y me pregunto, qué hubiera hecho diferente.
Soy afortunado de tener pocos arrepentimientos en la vida, pero últimamente siento que debí de haber tocado algunas notas diferente. Extraño a gente que hace décadas no se paseaba por mi cabeza, deseo haber sido mejor amigo de mis amigos y el peor enemigo de quienes me trataron mal. Imagino que un día viajaré en el tiempo y volveré a vivirlo todo de nuevo, y que cuando lo haga, lo haré mejor.
Es por eso, estimado lector, que me he dado cuenta de que tenemos que decir adiós, ya que para mí desgracia y la suya, no existe tal máquina del tiempo. Por más que queramos despertarnos un día y que de nuevo sea hora de ir al colegio y de darle las buenas noches a quién se adelantó en el camino, no podremos volver, y haciendo este ejercicio de sana escritura noto que no es del todo malo.
Es bueno decir adiós, pues me atrevo a decir que lo que, si volviese a vivir lo que he vivido, probablemente cometa más errores que en la primera vuelta. He tratado de eludir el adiós reconectando con lo que se ha quedado atrás, pero resulta que todo eso ya no existe. Las personas que consideraba mías hace poco tiempo ya no son quienes recuerdo, los lugares que frecuentaba ya no me llaman, ¡Ni siquiera disfruto las mismas canciones que unas semanas atrás! Aunque uno trate de volver, es inevitable tener que decir adiós.
Todo lo bueno pasará, pero esto no tiene por qué ser malo. El correr del adiós no es nada nuevo, pues este mismo sentimiento me ha perseguido toda la vida, y créame cuando le digo que el adiós corre más que usted y que yo. Hace diez años seguramente estaba añorando tiempos más simples sin saber que los que estaban por venir serían los que extrañaría a la fecha de escribir este texto. Lo único constante en la vida es el cambio, y por experiencia propia puedo decir que siempre vendrán cosas mejores. Lo invito a disfrutar del momento presente y no preocuparse demasiado por lo que vendrá después; a pensar en qué es lo que está viviendo hoy en día que será lo que extrañará dentro de unos años para salir a vivirlo, pues deseo que en un tiempo vea hacia atrás y no tenga nada que extrañar.
Y ha llegado la hora de decir adiós. En nombre del equipo de “Hoy me lleva…” quiero agradecerle su amable atención durante los últimos meses, pues, atreviéndome a hablar por mis compañeros, esta publicación semanal nos ha traído mucho más que una calificación, ya que nos ha ayudado a sobrellevar el terrible día a día. Banqueros, motociclistas, migrañas, escasez de agua o vivir lejos, ningún problema es tan complicado como para no hacerlo más ligero al platicarlo. Lo invitamos a recordar que mejores tiempos siempre están por venir, y esperamos alegremente que usted no nos extrañe. Hasta luego y gracias por el pescado.
Un abrazo,
JM.















