Antes de las mujeres indígenas fueron prohibidas en convertirse en monjas por lo que fueron criadas en los conventos.
Mapa de la Alameda. Paseo de la mui noble Ciudad de Mexico, XVIII century, Oil on Canvas, 82 11/16 in x 58 ¼ in
El primer convento para las mujeres indígenas se estableció en 1724, llamado Corpus Christi, en la Ciudad de México. Sin embargo, En 1733, debido a los conflictos raciales y éticas entre monjas españolas y monjas no españoles el Rey dio una ordena de la expulsión de monjas españolas de Corpus Christi.
Fuente de informacion:
Mapa De La Alameda. Paseo De La Mui Noble Ciudad De Mexico. XVIII Century. Palacio Real, Madrid. N.p.: n.p., n.d. N. pag. Artstor. Web. 19 May 2016.
Las últimas décadas del siglo XVII vieron nacer en la Nueva España un sistema económico con características nuevas que suplantó en gran medida el antiguo régimen de explotación indígena hasta entonces imperante en la colonia. Esta evolución en el sistema económico, sumada a las dificultades de la sucesión real en España, crearon para la colonia americana un ambiente de autonomía política y económica que probaría ser difícil de revertir para la dinastía borbónica.
Evolución económica
El cambio en las formas de producción se produjo en gran medida por el derrumbe en la población indígena. La desaparición de la población autóctona obligó a los americanos de origen español a participar activamente en la producción. La Nueva España adoptó formas españolas de tenencia de la tierra como ranchos y haciendas. Se desarrollaron propiedades agrícolas de grandes extensiones, a veces a costa de la usurpación de propiedades indígenas.
El segundo factor que impulsó el desarrollo económico en la propiedad fue la recuperación de la producción minera a finales del siglo XVII. La producción argentífera había decaído de forma importante a mediados del siglo debido a la falta de mercurio, necesario para liberar el mineral.
El auge minero provocó el desarrollo de centros poblacionales alrededor de los reales de minas que, a su vez, propiciaron la creación de un mercado de alimentos. El resultante impulso a la agricultura propició el desarrollo de vastos campos ganaderos en el norte. Poco a poco la regionalización del territorio en diferentes sectores productivos empezó a tomar forma.
Evolución política
El desarrollo económico no hubiese sido posible sin un burocracia que alentara los intereses locales. Nueva España vio el nacimiento de un poder local a raíz de la evolución de su aparato de gobierno.
Derivado de las grandes distancias y el tiempo que tomaban las comunicaciones entre la metrópoli y las colonias, los monarcas del siglo XVI y XVII optaron por delegar diversas funciones de la corona a la población de la colonia. De estas funciones, las más importantes que fueron la recaudación de impuestos y los cargos burocráticos, cuya venta alivió a la monarquía durante sus constantes dificultades económicas.
La consecuencia directa de la venta de cargos fue la dilución del poder real. Esta disminución de la presencia de la corona en el aparato de estado dio como resultado que las funciones de gobierno fueron asumidas por individuos con vínculos locales, que tendían a velar por sus negocios en vez de los intereses de la corona.
La considerable inversión para adquirir un cargo público implicó que en muchos casos su su adquisición era hecha mediante un inversionista o fiador, típicamente un comerciante con recursos. Este vínculo agregó un nuevo clientelismo a la función pública del burócrata quien, además de la corona y sus intereses, tenía un lazo con su benefactor.
La delegación en la cobranza de los impuestos disminuyó la recaudación bruta de la corona pero, más importante aún, dio como resultado el fortalecimiento de corporaciones locales que vieron el establecimiento de un gobierno por consenso entre el monarca y los círculos de poder locales. Un ejemplo de esto es el contrato de recolección de las alcabalas cuyo beneficiario, el Consulado de México, se constituyó en una de las influencias más poderosas de la política novohispana.
La actividad causada por estos factores dio como resultado la creación de un mercado continental, independiente de la metrópoli, cuya economía creció al grado que empezó a rebasar las fronteras del virreinato para entrar en contacto con otras colonias e, incluso, otras potencias comerciales. Este último intercambio en gran medida se dio de forma clandestina ya que la monarquía pretendió siempre mantener el monopolio comercial con la Nueva España. La implantación de las reformas borbónicas durante el siglo XVIII intentaría disolver esta autonomía económica y política para someter Nueva España al control absoluto de la corona.
El largo siglo previo a la Independencia de México
Para entender la historia de la Nueva España durante el siglo XVIII y hasta la independencia debemos separar en dos mitades los años entre el ascenso de Felipe V al poder y la proclamación de independencia. La primera etapa fue personificada por el proceso de asentamiento de la dinastia borbónica en el poder. Proceso que implicó para la metrópoli guerras y concesiones comerciales y territoriales a potencias extranjeras mientras que para la colonia el desarrollo de una marcada autonomía política y económica de la península. La segunda etapa podríamos marcarla a partir de la visita de José de Gálvez en 1765. Esta última estuvo caracterizada por la implantación de un serie de medidas que tenían como objetivo consolidar la fuerza política de la corona mediante reajustes en los cotos de poder de las diferentes corporaciones novohispanas y el fortalecimiento económico mediante una mayor recaudación fiscal.
El asentamiento de la nueva dinastía
El ascenso de Felipe V a la corona de España fue un acontecimiento que sacudió al Imperio desde sus cimientos. El enfrentamiento entre la casa de Borbón y la casa de Habsburgo desencadenó la Guerra de Sucesión (1701-1713) que puso en peligro la unidad peninsular y enfrentó a España, junto a Francia, con las potencias europeas. Los años bélicos, que comprenden también la guerra de la Cuádruple Alianza en 1717-1721, permitieron en la Nueva España el desarrollo y consolidación de estructuras de poder político y económico.
La tradición de gobierno en Nueva España desde tiempo de los Habsburgo había sido la delegación de aspectos de soberanía a diferentes puestos y corporaciones en la colonia. Históricamente muchos aspectos de la vida colonial habían diluido la autoridad de la corona en Nueva España como l venta de cargos, la figura del virrey, la audiencia, la autonomía de las doctrinas. Al llegar el siglo XVIII, la situación de España como potencia de segundo orden estaba causando que la fuerza del mercado insertara a Nueva España en la economía mundial esquivando el control monopólico real.
Durante la Guerra de Sucesión, el contacto comercial legal de Francia con la colonia fue establecido empezando con la escolta de buques mercantes y el Asiento de Negros. Este intercambio se sumó al contrabando rampante que ya existía entre los territorios coloniales para establecer vínculos comerciales que no pasaban por los canales monopólicos de la corona. Posteriormente la transferencia del Asiento a Inglaterra y el Navío de Permisión levantaron aún más el volumen de intercambio y vieron el auge de la clase comerciante novohispana aglomerada en torno al poderoso Consulado de Comerciantes.
El Reformismo Borbónico
La segunda mitad del último “siglo largo” antes de la Independencia vio el intento de la corona por implantar medidas que tenían como objetivo fortalecer la monarquía mediante la consolidación de poder y el desarrollo económico del Imperio. Como mencionamos antes, la encarnación de estas reformas borbónicas fue personificado por José de Gálvez y Gallardo empezando por su visita en 1765.
Una de los primeros ataques frontales del despotismo ilustrado borbón fue en contra el poder de la iglesia novohispana. El avance contra el poder eclesiástico empezó conla aceleración de la secularización de las parroquias para sustituir a los frailes con integrantes del clero secular. Sacerdotes cuyas lealtades respondían a las catedrales y obispos a su vez alineados a los intereses reales. El golpe máximo contra la Iglesia fue la expulsión por Carlos III de la Compañía de Jesus en 1767 de todas las posesiones del Imperio. La expulsión llegó tras diversas maniobras legales de la orden de San Ignacio para evitar pagar el diezmo completo de la producción de sus haciendas.
En Nueva España, varias insurrecciones brotaron a raíz de la expulsión de los jesuitas, principalmente en Michoacán. Estas sublevaciones vieron la entrada en acción de un nuevo instrumento de poder de la monarquía: el ejército. Hasta entonces la colonia no había tenido un ejército formal y la nueva creación de este representó el nuevo carácter incuestionable del poder. Gálvez hizo un espectacular estreno de la fuerza bélica reprimiendo estos movimientos populares.
En el lado político, fueron dictadas las ordenanzas de intendentes que pretendía recortar el poder local de los alcaldes, así como la instrumentación de un funcionario intermedio entre las autoridades locales y el virrey.Para acotar el poder del virrey mismo, los intendentes fueron puestos bajo la tutela de la Junta Superior de Hacienda.
Un poder fáctico muy importante hasta entonces fue el Consulado de Comerciantes. Las reformas borbónicas en materia económica recortar buscaron, además de aumentar la recaudación fiscal, limitar la influencia política de este gremio.
En cuanto a la economía, los borbones buscaron en primer lugar incrementar la recaudación fiscal para fortalecer el aparato de estado. La reforma fiscal vio en primer lugar la confiscación de los antiguos contratos de recolección y cobro de impuestos de manos de particulares para pasarlos a manos de oficiales reales. Esta medida impactó directamente al Consulado de Comerciantes que hasta entonces se había encargado del cobro de las alcabalas.
La debilitación del consulado de México fue lograda mediante acciones directas de la corona como la confiscación del cobro de alcabalas y el establecimiento de ferias comerciales. Pero, por otro lado, también se dio por fuerzas económicas que hicieron estallar el volumen comercial poniendo fin al sistema de flotas y causando la liberalización del comercio.
Las reformas borbónicas buscaron incrementar la producción minera. Mientras que el absolutismo ilustrado intentó recortar los privilegios de muchos grupos, las acciones dejaron en claro que los sectores de interés para la corona seguirían teniendo ciertos beneficios. Un ejemplo de esto fue la creación del Tribunal de Minería en 1777.
Todas estas reformas estuvieron a su vez enmarcadas en una alienación de la población criolla de los cargos públicos. Los españoles nacidos en la colonia fueron incrementalmente privados de la posibilidad de participar en el gobierno. Muchas veces a pesar de tradiciones de siglos en la sucesión a los cargos. Para infortunio de la corona, esta acción dio como resultado una consolidación de la población en torno al malestar de las reformas.
A pesar de las fuertes medidas implantadas por la casa de Borbón, al comenzar el siglo XIX la evolución de la Nueva España era ya demasiado grande para lograr controlarla centralmente con efectividad. La fuerza del mercado interno que se desarrolló en el territorio americano para abastecer a los reales de minas y a las ciudades formaron un ente con una independencia económica que ya era imposible reducir a un enclave económico característico de las primeras etapas de la era moderna.
Mira, extranjero, un milagro es una cosa imposible, y el creerlo ofende la sabiduría y el poder de ese mismo Dios que tú llamas infinitamente sabio y poderoso. Todo lo que nuestra inteligencia alcanza a conocer en este mundo está ordenado por leyes inmutables y con una relación tan íntima, que cualquiera de estas que se infringiera faltaría enteramente el orden de las cosas. Por otra parte, ninguna necesidad hay de esas excepciones, pues que ese Ser Gobernador del mundo ha sabido poner dentro de nosotros los conocimientos que ha tenido por conveniente, sin necesidad de quebrantar estas mismas leyes.
¿Y qué necesidad hay para eso de unos misterios contradictorios y absurdos cuando tengo mi juicio, que continuamente está midiendo mi flaqueza, y una voz que me dice aquí, en el corazón, que debo ser reconocido y obediente al Autor de todo bien? Mis deberes están bien claros, y, cuando la miseria de mi naturaleza intenta extraviarme de su senda, tengo en mí un instinto, una cosa que me los recuerda y que tú llamas razón. ¿Y quieres que yo renuncie a este gobernante para agradar a Dios? ¿Para qué me lo habría dado en este caso? Pero al fin, si en tu religión todo es violencia y ciega sumisión, dime cuáles son las pruebas en que se funda.
¡Dioses sacrosantos! Esos comentas y esos fenómenos del aire son admirables, pues no conocemos ni su causa ni las leyes de su mecanismo; pero si tienen algún fin moral, es solamente el de darnos a conocer la grandeza del poder que gobierna el mundo y la pequeñez e ignorancia de nuestra naturaleza. Jamás han significado ni significarán otra cosa. El pedir o dar explicaciones morales de estos fenómenos, o es el exceso de la necedad o el último grado de la bribonería.