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Até o mundo acabar.
(…) —Dilo, de aquí a tener mi propio restaurante —fingió soberbia mientras echaba su cabello hacia atrás. Kenzie rodó sus ojos, a propósito y fue en busca de un par de cubiertos—. ¿Podemos comer de ahí mismo? Te ahorras lavar los platos luego —negoció porque no sabía si le gustaría la idea o no. — Podrías tener un país aparte si te lo propusieras -bromeó al decirlo y al ver los tenedores, puso sus ojos en blanco y sonrió tan ampliamente como le fue posible. — Kenzie, ángel, no te merezco -llegó a decir mientras tomaba el tenedor ciertamente animado- Una vez tuve una suerte de cita con una persona que se negaba a tocar la pizza con las manos. Se negaba -repitió casi indignado y terminó negando, sin poder creerlo. Finalmente, cargó su tenedor de papas y se llevó las mismas a la boca pero siempre esperando que ella diera el primer bocado. Como aquella vez que se juntaron por primera vez para comer la hamburguesa. — Ok, vaya. Ok, seriamente, Kenzie, casémonos -le pidió, en broma, preso del placer por probar la delicia de la papa recién hecha al horno. Ella recargó sus codos en la mesada mientras alcanzaba una de las papas, quedándose inclinada allí sintió que sus talones se despegaban del suelo. Sonrió con diversión y tras soplar dio un mordisco, teniendo que cubrirse la boca para reírse de lo que oía. —Te digo que —dijo con la boca llena y tuvo que detenerse al darse cuenta para esperar a tragar. Sonrió fugazmente antes de pinchar otra papa llena de cheddar—. Si cuando cumplo 30 sigo soltera y tú sigues soltero… —lo señaló con el tenedor a medio vociferar aquella broma—. ¿A tus 37? Podemos casarnos. —Mi madre se casó con mi padre a los 18 —explicó, siguiendo el hilo de sus pensamientos—. Me pregunta cada vez que hablamos si voy a casarme antes de que se le caiga el rostro por la flacidez. Enserió un momento su rostro al oírla decir aquella broma pero no tardó en transformar el gesto en algo parecido a orgullo. Asintió y tras hacer un gesto con su boca, se encogió de hombros. — Me parece un excelente trato -concluyó y tras escuchar lo que decía, mientras él masticaba, escondió su risa tras el dorso de su mano. Mano que aún no soltaba el tenedor. — Es... -hizo una pausa al hablar de nuevo- Es la primera vez que me hablas más en profundidad de tu madre. ¿Es exigente en verdad? -fue curioso y dejó el tenedor para tomar dos copas y tras buscar sin mucho esfuerzo, separó una botella de vino tinto. — Antes de responder -volteó para mirarla por encima de su hombro- ¿Te gustaría quedarte a dormir? Estaba a mitad de masticar al recibir la última pregunta por lo que decidió terminar y hablar con la boca libre para que no se le hiciera demasiada costumbre murmurarle mientras comía. Observó el tenedor mientras movía alguna que otra papa, realmente debatiéndose con su sentido de responsabilidad y con el lado de ella que necesitaba alejarse de todo. —No sé si debería —respondió sinceramente encogiendo sus hombros apenas para relajarlos con un suspiro—. Ya sabes. Lo observó antes de dar otro bocado, más pequeño que antes porque entonces recordó que debía estar exhausto y ella allí, dándole charla. Dejó el tenedor para dejar de comer. —Y sí, lo es —respondió al fin, sobre su madre—. Me mudé con mi padre porque de adolescente me llevaba fatal con ella. Es buena, sé que solo quiere lo mejor para mí. Se impulsó para separarse de la mesada y sonrió un poco al fijarse en el rostro masculino. Se acercó y frotó uno de sus brazos. —Termina de comer y ve a dormir, Milo. Yo limpiaré esto y cerraré bien la puerta antes de irme. Si quieres puedo cantarte una canción de cuna —bromeó sobre lo último mientras sonreía. Se inmovilizó al verla frente a él y sentir su mano acariciar su brazo. Ladeó el rostro y sonrió de a poco. — No limpiarás nada en mi casa. No antes de que seas mi esposa -bromeó y no pudo evitar bufar en lo que reía y besó nuevamente su frente y tomó su rostro con una de sus manos. — Quédate, no dormiremos juntos. Tengo la habitación de huéspedes para dormir, tú puedes tomar mi cama doble. Piénsalo -se lo planteó de manera seductora mientras acariciaba una de sus mejillas, específicamente su lunar. Ese que no podía no admirar. — Ven -tomó su mano y la copa de vino al pasar para ir bebiendo en lo que la guiaba hacia su habitación. Sin embargo, se detuvo y giró. — No, tienes razón... estoy obviando tus deseos -concluyó un tanto apenado por su comportamiento y soltó su mano- Pero no limpies, déjame pedirte un taxi. No ejerció resistencia cuando él la guió aunque sí sonrió cuando la soltó, casi enternecida por la expresión en el rostro masculino. —No pasa nada —dijo con tranquilidad, sabiendo que ella misma se había debatido en aceptar o no, incluso aún lo hacía—. ¿Por qué no quieres…? Detesto que queden las cosas sucias de la noche anterior, ¿tú no? Kenzie frunció su entrecejo pero lo relajó junto a un suspiro al darse cuenta que no le correspondía meterse en lo que él decidía o hacía. Aún si se trataba de dejar la cena sobre la mesada. —Puedo conducir, está bien —aseguró, fijándose en los ojos azules por un momento. Le sonrió y se puso en puntas de pie para alcanzar una de sus mejillas para dejar un beso allí—. Descansa, Milo. Se giró sobre sí misma buscando su abrigo, y mientras se lo colocaba aprovechó para acariciar suavemente al perro antes de volver a la cocina por su bolso. Lo colgó en su hombro y buscó las llaves de su auto. —Te enviaré un mensaje cuando llegue —le avisó, por si acaso le preocupaba que condujera a esas horas, sola. Acarició su espalda al recibir el beso y la siguió en silencio en lo que la veía juntar sus cosas. No quería que se fuera, todas sus tripas le pedían que hiciera algo para detenerla. Suspiró pesadamente al oír lo último y asintió. — Si, por favor, avísame. No dormiré hasta que me confirmes -confirmó, hablando en serio y la siguió hasta la puerta. La tomó del brazo un momento y la hizo girar suavemente. La acorraló contra la puerta con suavidad y se sostuvo con una mano encima de su cabeza. Acercó su rostro al suyo. — Gracias por venir. Hagamos esto más seguido -le pidió con calidez y se acercó un poco más para besar la comisura de sus labios. Lentamente bajó la mirada un momento. Le tocaba dejarla ir, por lo que dio un paso hacia atrás. — Ve, antes de que me arrepienta -bromeó, abriendo la puerta con una sonrisa. Tragó saliva en aquella cercanía que la tomó desprevenida aún él había sido cuidadoso y sutil. Mantuvo sus ojos cerrados un momento tras el beso, suspirando al despegarse de la puerta. Volviendo a armarse, Kenzie carraspeó y echó su cabello hacia su espalda. —Nos vemos —respondió de aquella manera, expresando así que estaba de acuerdo con repetir una cena, o un almuerzo, o un paseo. Le dedicó una última sonrisa antes de girarse finalmente para salir del apartamento y marcharse.
ooc | Warner & Milo
OMG these two! I can see them being weird BFFs in another life but idk that they are gonna in this one??? b/c warner and gen dated for awhile (he was probably her most serious boyfriend -- which isn’t saying a lot for gen tbh haha -- but also probably the best as in the actual best person that she’s dated) and I know you said that milo has ever liked the guys that she’s been with ????
also, now both warner and milo are into alice so yay love rivals!!!! i don’t think warner hates milo but he’s def a little jealous of him and part of him wishes he could be more like him and he’s 100% convinced that milo has way more of a chance with alice than he does. that being said i don’t think anyone else knows that warner likes alice?? he’s kinda kept it to himself (unlike milo haha) but I can also see where maybe milo may have picked up on it, since even tho warner’s never made a move on alice, he is also particularly nice to her??
Milo: ¿Sabes qué? No voy a decirte que te veo perfecta porque no te veo así, y eso es lo que me gusta. Tu vulnerabilidad, lo real que eres. No necesito algo mejor, necesito y me gusta que seas así como eres. Justo del modo que eres. Eres mi mayor confidente y mi amiga más preciada. No necesitas ser mejor, no hay nada mejor.
Bruna: AYYY DEUS. Se me metió una basurita en el ojo. No podría sin ti, de verdad te lo digo.
Milo: Llegaste muy lejos sola. Con toda esa fuerza en el cuerpo miniatura. Podrías sin mi, y no me digas lo contrario.
Sus ojos verdes pasearon por el rostro del bombero y suspiró profundamente cuando sus ojos se humedecieron. —Creo que me llevará tiempo procesar lo que sucedió, ¿sabes? —admitió tras bajar su mirada—. Imagino que me entiendes, aunque no sé cómo… te sientes, y no me refiero al dolor físico. Me gustaría que… hables conmigo. Soy tu compañera. ¿Por qué no me dijiste que lo de Jeremy había sido tan grave? —quiso saber, al buscar sus ojos. Frunció apenas sus labios, un tanto... desconcertado. Negó y miró el césped debajo de ellos. — Porque no sabía que era grave -explicó con sencillez y suspiró, aún sin mirarla. — Apenas me había ido a buscar a la estación, fue una situación atípica porque si, no recibo amenazas de ese tipo. Pero en sí, sólo dijo “ahora sé quién eres” -repitió, alzando su mirada azulina hacia el cielo, tratando de recordar. Volvió a negar- Nada que me hiciera pensar que podía ponerte en peligro, Kenzie. Lo siento mucho, mi amor -se disculpó con pesar, sin poder mirarla. De pronto, una culpa pesó en sus hombros. La veía afectada y le costaba creer que él pudo haber hecho algo para evitarlo, y lo ignoró. — Tienes... todo el derecho a estar un poco molesta -admitió, volviendo a observar el césped. Despacio soltó la mano del moreno, después de que él acabó de hablar. La razón de hacerlo fue porque con cuidado acunó el rostro de Milo, pidiendo así la mirada que él había rehusado mientras le hablaba. Ignoró el tirón en su hombro y mantuvo ambas manos, firmes pero suaves hasta que consiguió encontrarse con los ojos azules. —Nada de lo que sucedió es tu culpa, ¿me escuchas? —su voz aunque era baja, incluso algo ronca debido al cansancio que ella misma barajaba, fue segura; sus ojos verdes con un débil eco de humedad también comunicaba lo que decía—. Nada. No hiciste nada mal, sólo… recuerda que puedes contarme todo. Sé que no lo hiciste porque no querías preocuparme, ¿verdad? Por eso sólo me contaste que había aparecido un tipo amenazar, pero quitándole peso, lo sé —sonrió un poco, con cierta dulzura mientras frotaba sus pulgares en las mejillas de su esposo—. Aún si no sabías que podía… Kenzie respiró hondo y cerró sus ojos un momento pero sin moverse. —Te amo, y amo que me cuides pero… puedo soportarlo, es lo que quiero decir —volvió a mirarlo, con cierta dureza en sus facciones—. Aunque me veas siempre llorando, por cualquier cosa. Puedes contarme, puedes sostenerte en mí. No voy a desarmarme. Claro que la miró cuando ella se lo pidió con sus manos. Mantuvo el rostro estático hasta que sonrió, al final, cuando dijo que siempre la veía llorando. Negó y se acercó para rozar su nariz con parte del rostro femenino. — No te veo siempre llorando. Te veo mayormente cocinando, cantando, sonriendo... Sonriendo de placer -jugueteó al decir aquello y se acercó para depositar un beso lento sobre sus labios, para después acariciar con su pulgar el labio inferior de la rubia. — Trataré de no ser tan sobreprotector, lo entiendo -asintió un poco y se alejó para mirarla- ¿Qué te duele? Estás adolorida, se nota en tu respiración. La sonrisa que se acunó en sus labios tras el beso permaneció, aún cuando estuvo con sus ojos cerrados otros segundos más. Era más que la sensación de calma que él podía transmitirle apenas teniéndolo cerca, era el sentirse en casa, porque Milo era su definición de hogar. —Somos un equipo —recordó aquellas palabras, en un susurro apenas abrió sus ojos—. Me duele aquí —señaló sus propios labios, en broma, pero fue ella quien lo besó en esa ocasión. Le dejó una serie de roces pequeños antes de separarse y tomarse en serio su pregunta. Porque sería hipócrita de su parte restarle importancia con tal de no preocuparlo, era justo lo que ella había pedido. —El hombro —su mano izquierda apenas tocó lo que mencionaba y frunció sus labios—. Pero admito que… estuve moviendo bastante el brazo, puedes decirme “te lo dije” —soltó con un poco de humor antes de ponerse de pie y colocarse justo delante de él—. ¿Quieres comer algo? ¿Cuándo te toca el calmante? —acarició el cabello moreno con rastros de blancura. Kenzie frunció fugazmente su nariz cuando un pensamiento cruzó su mente. —En verdad quiero que hagamos planes —se atrevió a hablar antes de que él lo hiciera—. No soporto la idea de que existió la posibilidad de que todo saliera mal. Quiero que hagamos… cosas, muchas cosas. Cosas —repitió recordando el significado que ella solía darle y rió cortamente, casi sintiéndose extraña con el sonido de su risa—. Eso aún no, eso en cuanto puedas respirar sin sufrir. Alzó su mirada cuando se puso de pie frente a él. Aún estaba pensando en cómo poder evitarle el dolor a su esposa, ¿calmantes? ¿Reposo? Las palabras de Kenzie lo sacaron de su hipnosis y lo regresaron a la realidad, logrando que sonriera. — ¿Cosas? Sí, es como si todo el tiempo estuviera imposibilitado físicamente. Con lo que amo todo esto que veo -sus manos se posaron sobre la cadera femenina y la atrajo con suavidad hacia él, besando su abdomen por encima de la ropa. — Los planes... sí. Deberíamos hacer planes. Viajar, es un buen plan, y uno pendiente. ¿No? -volvió a alzar los ojos para poder mirarla desde abajo- ¿O tienes algo más en mente? Que no sea sexual -la molestó pero una mano se posó en el trasero de Kenzie, sólo porque podía y porque tenían esa confianza. — ¿Qué tal si hablamos de ese viaje en moto que dijimos que haríamos? Estuve pensando y California es peligrosa con el tema osos, ¿y si vamos en motorhome? Con el eco de la risa por sus comentarios, incluso por el destino de la mano de su esposo, Kenzie mantuvo la sonrisa en sus labios mientras lo observaba de aquella altura que pocas veces encontraba. Asintió una vez y deslizó ambas manos a los hombros de Milo. —Como dijimos que viajaríamos antes de comenzar a salir —cierta ilusión se escuchó en su voz y se inclinó para besar el rostro del moreno en varios roces—. Bueno, cuando volvimos a hablar luego de nuestra dramática separación y que te preocupaba el tema dormir porque creías que no quería dormir contigo —contuvo una risa frunciendo su nariz. —Sí, me gusta California en motorhome. Hagámoslo... al viaje —se corrigió a propósito con una sonrisa cansada pero genuina—. Y tener sexo también, así que vamos a recuperarnos rápido —tras bromear acarició los brazos de Milo, con calma—. Te amo, y mucho. Todo estará bien.
Viernes 25 de septiembre de 2020. Boise, Idaho.
Ni en un millón de años hubiera podido imaginar lo que sus ojos estaban captando en ese momento. Era la mujer más hermosa que había visto en su vida, llevando un vestido que, aunque simple, resplandecía bajo el manto de luz solar que parecía abrazarla con el único fin de favorecerla. Sus ojos, pensó, ¿Cómo podían ser aún más verde que otras veces? Oh, y aunque quisiera mirar al resto de las personas presentes... No, sus ojos no respondían a ese deseo. Sólo a ella y su sonrisa algo nerviosa, esa que él bien conocía, a sus mejillas apenas marcadas por los rastros de lágrimas furtivas que caían por su piel. Quizás cuando notó las lágrimas de su futura mujer, notó la que recorrió su propio rostro. Simplemente no pudo sostener la emoción que lo desbordaba. Fue entonces cuando recordó ese simple pensamiento cuando al comienzo de todo, su cabeza repetía sin parar: “Está fuera de tu alcance” Si tan sólo se hubiera creído eso, si tan sólo hubiera decidido no luchar por aquella mujer, si hubiese sido tan estúpido... Milo sonría como un tonto cuando ella por fin lo alcanzó en el altar. El bombero terminó por relamer sus labios algo ansioso, entre todo lo que podía llegar a sentir en ese momento. Si bien sabía que debía esperar el “permiso”, no se pudo contener. Tuvo que acoger el rostro de su novia para acariciar sus mejillas, liberándola de lágrimas y mimarla, calmarla, y también ¿por qué no? corroborar que fuese real. Sí, los invitados -integrados por la familia paterna de su amada- rieron cuando decidió también besarla... Antes del permiso. Sí, se disculpó y luego de un par de sonrisas, la celebración continuó tradicionalmente. [...] Irónico o no, el momento más íntimo que encontró con su esposa, fue durante la apertura del baile. La sostenía desde la cintura con sus manos, pero también con sus ojos, que estaba seguro se encontraban ciertamente hipnotizados. Cuando pudo apegar su frente con la suya, encontró una intimidad que no necesitaba de paredes o de silencio, ellos tenían eso a favor. Una conexión que los había llevado a estar allí en un tiempo que muchos considerarían corto, pero que para ellos había sido una eternidad. - Mis votos apestaron, ¿no crees? -Bromeó, esperando que ella sonriera para seguir- Por eso quiero decirte esto ahora: la boda en New York quizá me de más perspectiva para estar menos nervioso y apostar por mis dotes poéticos -continuó y robó un beso, casi descaradamente. Fue entonces cuando su semblante se enserió. - De entre todas las personas que pueden habitar este mundo, fui lo suficientemente afortunado de encontrarte. Estoy seguro que no existe otra mujer en el mundo que me complete tanto como tú lo haces. No existe otra mujer que me resulta tan hermosa, ni me haga tan feliz -Le sonrió tan honestamente como alguien puede sonreír, y continuó- No puedo esperar a enfrentar lo que sea que venga, contigo, lado a lado -Repitió en parte lo dicho por su suegro, y agregó rápidamente- Y... tampoco podría esperar mucho para tener sexo en los arbustos, ¿crees que notarán nuestra ausencia?