Si bien el pasado martes superé una prueba, ayer superé una todavía más difícil.
El día comenzó bien, me levanté temprano, me bañé... Y así hasta la hora de la comida, momento en el que mi mamá y yo acostumbramos escuchar un programa de radio llamado "La corneta". En dicho programa el conductor anunció que se celebraba el día mundial del Rock y proporcionó información histórica acerca de la efeméride, así mismo manifestó que el "playlist" de ese día correría a cargo de él contrario a la programación habitual. No recuerdo si fue la canción con la que abrió, pero en algún momento tocaron "Whiskey in the Jar" de "Metallica". Esa canción además de traerme muchos recueros (de muchas fiestas memorables) me "prende" y me pone en un buen estado de ánimo. De hecho, en el momento en el que el conductor mencionó que ese día tocarían Rock, subí el volumen del estéreo y mi mamá me hizo una señal de aprobación (pulgar arriba). Comenzamos a comer y el tema de conversación fueron anécdotas sobre el desperdicio de alimentos que se puede ver en algunos tiraderos de basura, y no tardaron en salir a la luz algunas referentes al anexo (a cuando yo estuve internado por mi hermano en contra de mi voluntad, esa es otra historia). En el anexo se hacía un abasto semanalmente, en el que se recolectaban los alimentos considerados desperdicios en la central de abasto de Pachuca y se limpiaban para aprovechar lo que estaba en mejores condiciones para comer. Mi mamá comentó acerca de la despensa que semanalmente llevaba mi hermano al anexo y que no nos hacían llegar, consecuentando su ingenuidad. Mi malestar detonó cuando hizo un reconocimiento de "cómo mi hermano tuvo que pagar los gastos del anexo a pesar de sus dificultades económicas", aún cuando en varias ocasiones le mencioné que vaciaron mis tarjetas del banco (mi hermano y su esposa) el mes que estuve encerrado por un monto de al menos $13,000.00 pesos, mientras que los gastos del anexo por ese mes fueron solamente de $1000.00 pesos que además mi hermano se comprometió a pagar de su bolsa. Independientemente de que me estaba privando de mi libertad de forma ilegal.
Ya a estas alturas la cuestión del dinero no me molesta, pues de hecho una parte la cobré meses después con vales que firmó mi mamá (después que le expliqué con detalle la canallada que de manera negligente había cometido mi hermano y su esposa). Lo que me molestó en esta ocasión fue el sesgo tan marcado que mi mamá sigue teniendo respecto a ese tema. Y que ahora entiendo seguirá teniendo. No es que quiera sentirme "vencedor" de alguna manera, sino me entristece reconocer que existe todavía esa fuerte barrera de comunicación entre ella y yo. Como cuando le dije acerca de mi orientación sexual (en una carta de varias páginas) y después su réplica era; "pero eres hombre". A lo que yo respondía "y me agrada ser hombre, así quiero seguir y me agrada comportarme como un hombre, solo que me gustan los hombres", y ella -"pero te criamos como un hombre y te vestimos como un hombre, después te vas a querer vestir como mujer, etc.", y yo -"¡que no!, no me interesa vestirme de mujer, eso es otra cosa y no soy así...", y ella -"yo sé que sí, te va a gustar pintarte como mujer...",- !y saquémosla de ahí!. No importaba cómo le explicara, ella seguía aferrada a sus ideas y miedos imaginarios. Tenía miedo de un asesino (imaginario) de gays. Y años después le tocó llevarme varias veces a un hospital por problemas en la calle, una vez navajeado por la espalda... y ninguna de esas fue por homosexual.
Ahora, yo me he convencido de que mi hermano cuando me anexó no lo hizo con la intención de perjudicarme. Sigo creyendo que lo hizo por pendejo (entre otras razones) y fuertemente influenciado por su esposa, una ignorante oportunista a quien le reconozco su habilidad para satisfacer sus propias necesidades y las de su progenie. Y gradualmente el tema del anexo va siendo un capítulo cerrado.
Cuando comencé a explicarle de nuevo (ya molesto) y comenzamos a discutir, ella se estaba alistando para salir. Se despidió y se fué.
En ese momento yo apagué el radio y por primera vez en los dos meses que llevo aquí, consideré salirme a consumir. La última vez que recuerdo fue cuando mi papá trajo la cama, pero en esta ocasión el deseo era bastante intenso. Comencé a buscar dinero, inmediatamente pensé en vender mi iPhone 6 y cuando me asomé a la ventana había un chico en la jardinera de enfrente fumando crack en una lata.
La escena del chico fumando crack era bastante curiosa pues no es común ver a alguien utilizando una lata en la calle (por lo general usan pipas de vidrio) pues son muy vistosas. Este chico llevaba una bocinita, una botella con activo, una cajetilla de cigarros, y colgó su sudadera en un arbolito. A parte de que estaba "bien equipado" se "instaló" cómodamente para "paniquearse a gusto". Realmente deseaba bajar y decirle que me fuera a comprar unos puntos (para ese entonces ya había encontrado dinero), o incluso invitarlo a fumar a mi cuarto (no sería la primera vez que meto un extraño a mi casa, además no tengo cosas de valor y cuando sí las tenía me valía verga). ¿Qué podía salir mal?. Respuesta: Prácticamente todo. Pues enfrentaba el preámbulo de una historia que ya conocía, si bien los detalles siempre eran diferentes (lo que hace la experiencia atractiva) en términos globales la trama es bastante predecible. No sería una sola piedra. Al querer más, haría uso de todos los recursos a mi disposición y de todas mis capacidades para obtener más. Al final, si seguía con vida, haría una evaluación de los costos (daños) contra los beneficios (el placer que para ese momento ya habría pasado) y el balance sería negativo, por mucho. Además al identificar "el evento" que detonó ese desastre, no encontraría una justificación racional y tendría ese fuerte deseo de regresar el tiempo hasta el momento en donde pude tomar una desición para elegir quedarme en casa y no salir a drogarme.
Entonces solo me imaginé que ya había regresado el tiempo y podía cambiar todo.
No fue fácil definitivamente.
Llamé a Angel y estuve como una hora al teléfono. Después puse un CD, "Year Zero" de "Nine Inch Nails", me metí a bañar de nuevo. Y cuando salí, mi amigo el fumador de crack seguía ahí. Recuerdo que le dije a Angel que me sentía como en un zoológico invertido en el que a pesar de yo estar encerrado, el espécimen era el organismo que se encontraba afuera. Él fumando crack era el prisionero, yo encerrado en mi hogar pero en abstinencia era libre. Angel me dijo que me quitara de la ventana, pero me sucedía algo curioso. Cuando me sentaba en la sala, se incrementaban mis deseos de consumir, pero al ver a este chico mis deseos disminuían. Era como ver a alguien engullir un manjar pero de forma grotesca, de forma que no hace que se te antoje. Yo le decía a Angel, "¡Cómo exprime su lata!" pues la quemaba y le jalaba con mucha fuerza además que no sé cuantas piedras le puso.
En un momento volteó a ver la ventana donde yo estaba, el sol dió directo en sus ojos cafés iluminándolos. El chico era guapo, pero a estas alturas su rostro ya dibujaba la expresión característica de alguien que consume crack. No me dio lástima ese chico, tampoco envidia, simplemente me pregunté cuál sería su infierno, ese al que él voluntariamente decidió ingresar al consumir esas piedras que compró con el fruto de su esfuerzo. Pensé si quizá también yo en alguna ocasión había sido protagonista de un show de este tipo, para un espectador que se haya visto en el dilema de unirse conmigo o mantenerse al margen y preguntarse si Dios me envió para ponerle alguna clase de prueba.
Me fui a recostar y escuché como la música de la bocina se alejaba (reguetón), al asomarme el chico ya no estaba. Miré hacia la izquierda ví a Josué, un excelente amigo y quien antes fuera mi vecino. Estaba cargando a su hija. Se veía feliz, iluminado por el atardecer. Quería hablarle pero no lo hice en ese momento. Solo después de dudarlo un poco le marqué, su "ringtone" es la canción "despacito" lo que me sacó una sonrisa. Me contestó y en pocos minutos llegó con su chica y su bebé. Pasaron a mi casa, les invité un chocolate y platicamos. Fue una noche muy bonita. Antes de eso llovió -recuerdo- y con la lluvia decidí definitivamente que no saldría a drogarme. Fue después de la lluvia que decidí llamarle a Josué. Y es la primer interacción que tengo con un amigo en este tiempo (después de Adriana a quien vi cuando fui por mis documentos). Creo que Adriana y Josué son mis más grandes amigos actualmente. Javier 1 es el mejor amigo que tuve en la primaria, Javier 2 el de la vocacional y Javier 3 el del doctorado.
A la hija de Josué le regalé un muñeco de Plantas contra Zombies y Josué me regaló sus audífonos (no fue un intercambio pero se fue dando en la conversación). Al final le envié a mi mamá un mensaje positivo por whatsapp. Y creo que e día transcurrió bien. Me acosté temprano y si bien no estaba dormido cuando mi mamá llegó fingí estarlo. No sé porqué. Lloré. Mientras lloraba me daba cuenta que lo hacía porque me dolía reconocer las dificultades para comunicarme con mi mamá. En ese momento casi como si fuera una resignación entendí que no la voy a cambiar y que si espero hacerlo voy a sufrir, o la voy a hacer sufrir.