Este es un trabajo que presenté en el año 2010 para un concurso que se lleva a cabo en México y se llama “Caminos de la Libertad”. Ese año comencé mi Maestría en Tecnología Avanzada. El chico que aparece como protagonista (Angel) fue mi novio durante más o menos 15 años. Aunque ya no somos pareja seguimos en contacto. Una de las principales razones porque terminamos fue mi consumo de alcohol, crack y solventes, pues se volvió bastante problemático. Al momento de crear el video no había probado ni el crack ni los solventes. Inicié con el crack en 2012 y con los solventes en 2015. A finales del 2017 en el “Cuarto congreso unversitario sobre sustancias psicoactivas de la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM-México)” escuché por primera vez la palabra enteógeno. Hasta donde sé, ni el crack ni los solventes se consideran enteógenos, pero como usuario de esas sustancias llegué a tener experiencias que encajan con esta clasificación.
Además de las sustancias, durante su consumo llegué a privarme de sueño y alimento por periodos prolongados. Pienso que tal vez esa práctica (y no solo las sustancias) me llevaron a esas experiencias que identifico como enteogénicas. Debo puntualizar aquí que si bien dichas experiencias no fueron agradables, las clasifico como enteogénicas porque involucraron entidades, situaciones y aprendizajes que me rebasaban. Como si se tratara de un poder superior pero en “malo”. Era algo así como “descender al infierno”.
Ahorita me siento convencido (aunque no tengo argumentos lógicos) de que ese “infierno” está en mi interior, en el interior de todos. Y que ese “infierno” forma parte de un continuo con las experiencias enteógenicas “bonitas y paradisiacas” como las del Yagé, el Sapo, la Changa... Que sí he probado y me han brindado experiencias enteogénicas “ de las chidas”.
Veo este “cielo e infierno” como los polos de un imán; puedes romper un imán en pedazos pequeñitos y siempre tendrá un polo positivo y uno negativo (hasta donde sé los “monopolos magnéticos” siguen siendo hipotéticos). Uso los términos “cielo e infierno” porque me crie en la religión judeo-cristiana y es parte de mi cultura. Pero me gusta más pensar en los polos de un imán porque no hay bien ni mal, simplemente son opuestos (y complementarios) uno del otro.












