j, minúscula
No sé como empezar esta carta. En realidad desde que te fuiste no sé como empezar nada. Te llevaste un poquito de mi en tus manos. Recuerdo lo mucho que me gustaba mirarte mientras conducías, la fantástica sensación en el estómago cuando de la nada te girabas hacia mí y sonreías. Nada se compara a tu sonrisa. Ni a tu aroma, nadie podrá igualar tu aroma, a hogar y a abrazos dulces como la miel. Qué bonitos abrazos. Ojalá hubieran sido más. Ojalá nos hubiera durado más. Te extraño, y ni siquiera sé por qué. Quizá por tu manera de subir los vidrios del auto cuando comenzaba a toser como loca mientras te decía que me dabas alergia, con la esperanza de que jamás te fueras de mi lado. Y te has ido, y que tristeza tan grande siento ahora en el pecho, porque cada tarde cuando me quedo sola, sólo espero recibir un mensaje que diga ‘En 20 llego a tu casa’ seguido de un saltito al corazón. Regresame el corazón. Lo necesito para vivir y, hoy me siento muy muerta. Mi muerte la traías arrastrando contigo desde aquella tarde de pizza. Debí ver la señales, y saber que ibas a ser pura destrucción, pureza divina. Extraño tus manos y decirte que fácil podrías encender un cerillo con ellas. Extraño mucho tus manos. Tus dientes Tus ojos Te extraño Me extraño Nos extraño. Vuelve y traeme de vuelta.













