Holaquetaaaaal?
Una de las frases que más he repetido en la vida es: “la educación en su mínima expresión es el arte de no incomodar a nadie, y en su máxima expresión es el arte de agradar a todos.” Me da un poco de vergüenza admitirlo ahora, pero este grito de guerra pasiva solía darme seguridad, porque la realidad es que aunque no parezca complacer a todos es un trabajo sencillo. Definitivamente agotador, pero es SENCILLO, mientras que lo más difícil para mí ha sido encontrar mi propia voz, y no tener tanto miedo de ya no verme más como una muñequita de porcelana que sonríe, aplaude y asiente. La batalla más grande de mi vida ha sido mi sobrepeso: a los 16 años oía salir una y otra vez de boca de los doctores el concepto de “obesidad mórbida”, pero esa es una historia para más tarde; lo que pasó en realidad es que entonces empecé a utilizar mi cuerpo como una manera agresiva de expresión. Hace diez años fue la última vez que tuve 16, pero hace muy poco analicé lo que en verdad quería respecto a mi imagen corporal, qué era mío, qué era de mi familia, qué era de la sociedad. Y durante este proceso acepte que será una batalla para todo la vida, y que eso también está bien. Les cuento que ayer compre por primera vez en la vida un bikini, lo encargué por internet, y tengo la misma cantidad de emoción que de miedo, como en todas las buenas decisiones de la vida. Quizás suena gracioso, pero es el primer ¡NO! que intento tumbar al suelo, y de eso es lo que quiero hablar, por primera vez tengo muchas preguntas, y estoy dispuesta a incomodar (un poquito) mientras intento conseguir las respuestas que me convenzan












