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¡Hola, mis mitrománticos amigos! Ahora sí, el último personaje a ser presentado antes de subir el poema "Transmutación". La idea de que nos quedamos petrificados ante la mirada ineludible de una mujer bella quizás tenga sus raíces en un mito "descabelladamente" exótico.
Es momento de introducir a aquella preciosa joven cuyos cabellos eran un nido de cobras, su cuerpo una cola de lagarto escamada y su rostro terriblemente hermoso a la vez que letal. Cuentan los ancianos eternos que por cada sierpe había una herida mortal en el cuerpo de quien osase enfrentarla. Por eso es que, tal vez, haya herido el corazón de tantos artistas a lo largo del tiempo (Caravaggio, Rubens, Thirion) volviendo sus obras unos monumentos gloriosos que vencen el ciclo del tiempo. ¡Colóquense su casco de invisibilidad y usen el reflejo de su escudo para entrar a la cavernosa morada de la divina gorgona!
CONOCIENDO A: "MEDUSA"
En la mitología griega, Medusa (en griego antiguo Médousa, ‘guardiana’, ‘protectora’) era un monstruo ctónico -es decir,"de la tierra"- femenino, que convertía en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos. Fue decapitada por Perseo, quien después usó su cabeza como arma hasta que se la dio a la diosa Atenea para que la pusiera en su escudo, la égida. Desde la antigüedad clásica, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que aleja el mal conocido como Gorgoneion (amuleto apotropaico que inducía horror al mostrar la cabeza de la Gorgona).
Las tres hermanas gorgonas —Medusa, Esteno y Euríale— eran hijas de Forcis y Ceto, o a veces de Tifón y Equidna, en ambos casos monstruos ctónicos del mundo arcaico. Esta genealogía la comparten sus otras hermanas, las Greas, como en el Prometeo liberado de Esquilo, quien ubica ambas trinidades muy lejos, en la «espantosa llanura de Cistene»:
"No lejos, las alígeras hermanas con serpientes por cabellos; las gorgonas, enemigas del hombre."
Aunque los pintores de vasijas y talladores de relieves griegos antiguos imaginaban a Medusa y sus hermanas como seres nacidos con forma monstruosa, los escultores y pintores del siglo V empezaron a imaginarla como hermosa a la par que terrorífica. En una oda escrita en el 490 a. C. por Píndaro ya se habla de la «Medusa de bellas mejillas». En una versión posterior del mito, narrada por el poeta romano Ovidio, Medusa era originalmente una hermosa doncella, «la celosa aspiración de muchos pretendientes» y sacerdotisa del templo de Atenea, pero cuando fue violada por el «Señor del Mar», Poseidón, en el mismo templo, la enfurecida diosa transformó el hermoso cabello de la joven en serpientes.
En la mayoría de las versiones de la historia, Medusa estaba embarazada de Poseidón cuando fue decapitada mientras dormía por el héroe Perseo, que había sido enviado a buscar su cabeza por el rey Polidectes de Sérifos. Con la ayuda de Atenea y Hermes, que le dio las sandalias aladas, el casco de invisibilidad de Hades, una espada y un escudo espejado, el héroe fue a visitar las Grayas para que le dijeran donde se encontraba la cueva de las gorgonas. Finalmente Perseo cumplió su misión. El héroe mató a Medusa acercándose a ella sin mirarla directamente sino observando el reflejo de la gorgona en el escudo para evitar quedar petrificado. Su mano iba siendo guiada por Atenea y así cortó su cabeza. Del cuello brotó su descendencia: el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor.
Según Ovidio, Perseo pasó por el noroeste de África junto al Titán Atlas, que estaba allí sujetando el cielo, y lo transformó en piedra. De forma parecida, se decía que los corales del Mar Rojo se habían formado de la sangre de Medusa que salpicó las algas cuando Perseo dejó la cabeza petrificadora junto a la playa durante su breve estancia en Etiopía, donde salvó y se casó con la hermosa princesa Andrómeda. Incluso se decía que las víboras venenosas del Sáhara habían brotado de las gotas caídas de su sangre.
Perseo voló entonces a la isla donde su madre estaba a punto de ser casada por la fuerza con el rey. Gritó «Madre, protege tus ojos», y todos menos ella fueron convertidos en piedra por la vista de la cabeza de Medusa. Entonces le dio la cabeza a Atenea, quien la colocó en su escudo, la égida. Según algunas fuentes, la diosa le dio la sangre mágica de Medusa al médico Asclepio , pues la que manaba del lado izquierdo del cuello era un veneno mortal, y la del lado derecho tenía el poder de resucitar a los muertos. De aquí surge el símbolo llamado "vara de Asclepio" que usan las ambulancias, mostrando un báculo con la serpiente enrollada.
Aunque algunas referencias clásicas aluden a las tres gorgonas, Harrison considera que la multiplicación de Medusa en un trío de hermanas era un rasgo secundario del mito:
La forma triple no es primitiva, sino simplemente un ejemplo de una tendencia general que hace de cada diosa una trinidad, lo que nos ha dado a las Horas, las Cárites, las Erinias y una multitud de tríos más. Es inmediatamente obvio que las gorgonas no eran realmente tres sino una más dos. Las dos hermanas supervivientes son meros apéndices debidos a la costumbre: la auténtica gorgona es Medusa.
¿Estaban sedientos de más mitología? Aquí les traigo una enorme ánfora rebosante de elixir. Tomen su cílicas y sírvanse a gusto, Dionisio se pondrá contento de que en sus bacanales hayan muchos invitados.
Como ya he dicho en las anteriores publicaciones, el poema “Transmutación” incluye a varios personajes de la mitología aquea. Hemos conocido a Tánatos (dios de la muerte pacífica) y a Tántalo (avaro mortal que fue castigado con la sed y el hambre por la eternidad). Ahora es momento de introducir a un rey que tuvo tanto oro que, finalmente, terminó por aborrecerlo.
CONOCIENDO A: “MIDAS.”
Midas (en griego Μίδας, llamado Mita en fuentes asirias) fue un rey de Frigia que gobernó en el período entre el 740 a. C. y el 696 a. C., aproximadamente.
Casado con una griega, fue el primer rey extranjero que mandó un regalo al santuario de Delfos. Probablemente, fue durante su reinado cuando Frigia adoptó el alfabeto griego.
El reinado de Midas supone la mayor época de esplendor de Frigia, que se expandió al este, hasta la frontera con Urartu, ocupando una extensa zona de Asia Menor. Mantuvo relaciones comerciales con Asiria y Urartu, alcanzando el rey una riqueza extraordinaria, que llamó la atención de los griegos, quienes le dedicaron un espacio en la mitología:
Tras la muerte de Orfeo, Dioniso dejó Tracia. Su viejo guardián Sileno, bebido como siempre, «ebrio de vino y años» (Ovidio) se perdió por el camino y fue recogido por los agricultores frigios, que le llevaron ante Midas. El rey, que ya había sido iniciado en el culto que se le rendía a Dioniso, reconoció de inmediato al anciano y organizó un banquete con diez platos en su honor. Después le llevó hasta el dios de nuevo y éste, encantado de tener de nuevo a su viejo maestro a su lado, quiso agradecer el gesto de Midas y le concedió tres deseos. Midas deseó que todo lo que tocase se convirtiese en oro. El deseo se cumplió y, aunque al principio estaba encantado con la novedad, muy pronto se vio rodeado de lujo y brillo y hasta lo que intentaba comer se endurecía al convertirse en metal. Incluso el vino, un don de Dioniso, se convertía en oro líquido al tocar sus labios.
Al darse cuenta de que así estaba condenado a morir de hambre y sed, Midas le rogó al dios que le liberase de sus «manos de oro». Así lo hizo Dioniso, que le ordenó lavarse las manos en el río Pactólo, donde siempre se ha encontrado oro desde entonces.
Midas ya no necesitaba riquezas ilimitadas, pero su experiencia hizo que perdiera un poco de cordura. A menudo pasaba los días al aire libre, convirtiéndose en un devoto seguidor de Pan, dios de la naturaleza que había conseguido tal virtuosismo con la flauta que llegó un momento en que se atrevió a retar a un concurso nada menos que a Apolo, para demostrar quién era mejor, tal y como ya había ocurrido con el infortunado sátiro Marsias. Tmolus, el dios de la montaña, sería el juez de la competición. Midas estuvo presente en el concurso y se mostró incondicionalmente entusiasmado ante la actuación de Pan. Pero a continuación Apolo interpretó una pieza magistral que convenció a Tmolus para darle el premio. Todos estuvieron de acuerdo con la decisión menos Midas, que incluso llegó a protestar. Apolo se puso tan furioso ante tanta estupidez y desconocimiento sobre el talento musical, que convirtió sus orejas en las de un burro.
Midas, cuyo carácter no era divino sino muy humano, estaba, por otro lado, avergonzado de esta circunstancia y decidió desde entonces cubrirse la cabeza con el tocado tradicional en Frigia. Sólo su barbero conocía su deformidad y estaba obligado a guardar el secreto, pero el peso de la promesa era tal que no pudo resistirlo e hizo un agujero en la tierra en el que susurró que Midas tenía orejas de burro. Después de quitarse ese peso de encima, tapó el agujero y regresó a casa. En el punto en el que había susurrado brotaron unos juncos que proclamaban sus palabras cada vez que soplaba el viento y así todo el mundo pudo saber que el rey tenía orejas de burro.
El siguiente poema a publicar se titula “Transmutación”, y la narración poética gira en torno al traspaso de un alma atribulada por los cuerpos de diversos seres mitológicos, hasta el momento crucial en que finalmente logra calmar su ansiedad y encontrar su objetivo: el amor puro ofrecido por otra alma.
Ya he presentado a uno de dichos seres mitológicos, Tántalo, y ahora es momento de seguir escudriñando el abanico polifacético de la mitología griega. ¡Adelante!
CONOCIENDO A: “TÁNATOS”.
En la mitología griega, Tánato o Tánatos (en griego antiguo Θάνατος Thánatos, ‘muerte’) era la personificación de la muerte sin violencia. Su toque era suave, como el de su gemelo Hipnos, el sueño. La muerte violenta era el dominio de sus hermanas amantes de la sangre: las Keres, asiduas al campo de batalla. Su equivalente en la mitología romana era Mors o Letus / Letum.
Era una criatura de una oscuridad escalofriante, usualmente representada como un joven alado con una tea (antorcha) encendida en la mano que se le apaga o se le cae. Homero y Hesíodo le hacían hijo de Nix, la noche, y gemelo de Hipnos, insinuando que ambos hermanos discutían cada noche quién se llevaría a cada hombre, o que el Sueño anulaba cada noche a los mortales en un intento de imitar a su hermano mayor. Desempeña un papel pequeño en los mitos, pues quedó muy a la sombra de Hades, el señor de los muertos.
Los dos hermanos, famosos por la rapidez de sus actos, recibieron el encargo de Zeus de transportar el cuerpo de su hijo Sarpedón hasta Licia, para que pudiera recibir de sus familiares la sepultura que merecía. El rey de los dioses había concedido a su hijo una vida que abarcaba tres generaciones, y que terminó cuando Sarpedón acudió a la guerra de Troya al frente de los licios, donde fue muerto por Patroclo. Entonces Zeus pidió a Apolo que purificara su sangre en un río, untara su cuerpo con ambrosía, le vistieran como un inmortal y fuera llevado rápidamente a su tierra, mandato que cumplieron Tánatos e Hipnos. (Esto lo leí en la Ilíada).
Tánatos actuaba cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. En una ocasión Admeto obtuvo de Apolo la gracia de que las Moiras pudieran aceptar que cuando él estuviera a punto de morir, pudiera reemplazarle en su destino cualquier persona que lo aceptara voluntariamente. Cuando esto ocurrió, y tras recibir Admeto la negativa de sus padres, sólo su esposa Alcestis se ofreció a morir por él. Sin embargo Heracles retuvo a Tánatos por la fuerza, intentando persuadirle de que esperase a que a la joven le llegase su hora de forma natural. Tánatos repudiaba estas triquiñuelas de los dioses (especialmente Apolo) que interferían sus funciones, y tras esta pequeña derrota, reclamó el respeto debido y fue incluso capaz de llevarse al mismo Heracles cuando le llegó su turno.
Se casó con Macaria, hija de Heracles y Deyanira, señora de la Isla de los Bienaventurados
En el arte, Tánatos era representado como un hombre joven con barba llevando una mariposa, una corona o una antorcha invertida en sus manos. A veces tiene dos alas y una espada sujeta a su cinturón.
En psicoanálisis, Tánatos es la pulsión de muerte, que se opone a Eros, la pulsión de vida. La pulsión de muerte, identificada por Sigmund Freud, señala un deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la quiescencia y la tumba. No debe confundirse con el impulso parecido del destrudo.
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¡Continuemos descubriendo de qué se trata el fantasioso universo “mitromántico”! El siguiente poema es un variopinto andamiaje de varios personajes mitológicos: Tántalo, Tánatos (¿parecido, no?), Midas, Pigmalión y, finalmente, su venerada Galatea. Si están de acuerdo, vamos a comenzar por el primero de todos.
CONOCIENDO A: “TÁNTALO”.
En la mitología griega Tántalo era hijo de la oceánide Pluto (ninfa hija de Océano y Tetis) y del propio Zeus (aunque muchos otros piensan que su padre era Tmolo, el dios con corona de roble que gobernaba el reino de Lidia). Lo cierto es que a pesar de su ubicación exacta (la cual como siempre difiere entre autores) Tántalo tenía muy buena relación con Zeus. El dios lo apreciaba tanto que continuamente lo invitaba a los banquetes que celebraba en el Olimpo. Tántalo acudía agradecido por la invitación, codeándose por tanto con los dioses más importantes de la mitología griega.
Existen varias versiones sobre los acontecimientos que desencadenarían el trágico destino de Tántalo. Unos dicen que simplemente se trastorno y comenzó a actuar indebidamente, otros tantos aseguran que su relación con los dioses hizo que comenzara a jactarse de ello con los mortales presentándose como alguien totalmente superior. Lo cierto es que todos coinciden en que fueron varias las acciones que propiciaron el cruel castigo de los dioses sobre su persona.
Al parecer fue revelando los secretos que había escuchado en la mesa a todos los mortales de su alrededor, además robó néctar y ambrosía que posteriormente repartió entre sus amigos. Sin duda alguna estos acontecimientos no gustaron nada a los dioses, y en concreto a Zeus. No obstante, la mayor ofensa que cometió fue descubierta antes de conocer estos hechos.
Tántalo invitó a los olímpicos a un banquete organizado en el monte Sípilo (algunos autores dicen que Corinto) descubriendo que no tenía alimentos suficientes para todos. A continuación, ya fuera por poner a prueba a los dioses o simplemente por el trastorno que presentaba, decidió servir un plato especial de su propia cosecha para poder alimentar a todas las deidades. Descuartizó a su hijo Pélope cociendo sus miembros y sirviéndoselos a sus invitados.
Cuando sirvió el guisado de Pélope, los dioses se dieron cuenta de lo que había en el plato y lo rechazaron horrorizados. Todos menos uno, Deméter, que estaba trastocada por la pérdida reciente de su hija Perséfone y sin darse cuenta se comió el hombro del pobre hijo de Tántalo.
Zeus entró en cólera y pidió a Hermes que volviera a cocer el cuerpo de Pélope colocándole un forjado de marfil de delfín en lugar del hombro y dotándole de vida a través de las moiras.
Zeus mato a Tántalo y fue colgado por orden del mismo en un árbol en el Tártaro. A partir de ese momento su condena sería pasar la eternidad colgado de ese árbol frutal sin poder beber agua ni comer nada. A pesar de estar sobre un lago, cada vez que intenta juntar agua con sus manos solo accede a mojarse los labios secos y costrosos, propiciándole mayor sensación de sequedad y sed. Además, su árbol cuenta con un gran número de frutos deliciosos, pero cada vez que intenta agarrar uno con las manos una ráfaga de viento termina tirándolos al agua.
Como colofón a este castigo eterno, Zeus colocó una enorme piedra encima del árbol que amenaza constantemente con aplastar su cráneo. Ésto respondía a uno de los últimos crímenes en el que, además de robar el mastín de oro de Zeus, posteriormente juró por el dios que no había escuchado nunca nada acerca de tal criatura. Algo que solo sirvió para incrementar la descomunal ira del dios de dioses.
Hemos aprendido un poco de ambos personajes: el Gondolero (barquero mortal) y Caronte (barquero fantasma).
Espero hayan leído la interesantísima información que subí hace poco respecto de ellos, puesto que es tan apasionante como imprescindible para comprender el siguiente poema.
Pretendo con mi poemario no solo entretener, sino instruir y alterar conciencias. En palabras de Alan Moore: “Los escritores somos MAGOS”. Siendo mi meta la de alterar su visión del mundo, es natural y acertado que intente estimular tanto entusiasmo como captación analítica. Por lo tanto, mis queridos lectores, sin más preámbulos ni circunloquios les presento:
“NAVICELLA” por D. A. Vasquez Rivero.
Los ojos del gondolero parecen trémulos y distantes en la Venecia atrapante de enmascarados y barcarolas; oscilan como la pértiga que dirige al amor flotante, oscilan igual que un remo cuando enmaráñase en la forcola.
En cambio los del Barquero son como tajos de machetazo que no le espejan el río del inframundo por el que bogan. Un par de abismales pozos que quienes llegan a ver se ahogan, dos patas de lobo negras que te desgarran en un zarpazo.
Los ojos del gondolero son de montaña unos azulejos que se acurrucan y ocultan bajo el viril canotier de paja, hundiéndose en el recuerdo de carnavales y de cortejos, en tanto que una pareja de su alargado bajel se baja.
Del mismo modo que bajan (tarde o temprano) al funesto puerto, al pestilente Aqueronte con una paga para su viaje: El óbolo, cuya falta se considera el mayor ultraje a vista del juez barquero que a errar cien años condena al muerto.
Los ojos del gondolero tienen la hondura propia en canales que suelen salar las anchas escalinatas de los palacios. ¿Acaso cuando se pierde su azul mirada en tantos vitrales o entre balcones reales se piensa dueño de aquel espacio?
¡Que piense si así lo quiere, de nada sirve, la sombra es sombra! ¿El hecho que se proyecte sobre las cosas la vuelve “dueña”? El hombre es barro de dioses, humo y ceniza, ego que sueña la ansiada inmortalidad hasta que el temible Carón lo nombra.
Los ojos del gondolero guardan la véneta niebla adentro por miedo a que se entrelace con el suspiro de un vaporetti. “Questa è una bella giornata per passeggiare.”*- Piensa al encuentro y muestra su rostro alegre cuando del buque arrojan confeti.
Paseo que no disfruta su desdichado colega en Hades. ¡Resúltale tan tedioso remar, flotar en olvido a tientas! Murciélagos esqueléticos aletean sus osamentas y en su volar selectivo le enseñan rutas y cavidades.
Los ojos del gondolero van reflejando su recorrido sobre el regazo tendido de aquel Adriático desgarrado, pasando por edificios que con el tiempo se han convertido en un gigantesco friso, cumbre de todo el arte creado.
Y en ésto sí están de acuerdo tanto el humano como el espectro: El arte es el instrumento mediante el cual se les dió la vida; al gondolero los óleos de los pintores romanticidas y al viejo Caronte el verso de los poetas con lira y plectro.
* Questa è una bella giornata per passeggiare: “Este es un bello día para pasear.”